La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
Capítulo final🥀 - agárrense y no olviden que los amo 🤍 a pesar de las dificultades técnicas que encontrarán en cada uno de los párrafos escritos. (Los últimos son los mejores👍🏼) habrá epílogo, pero lo subiré hasta mañana porque este es un capítulo muy largo. Y GRACIAS a mi Frida por la frase del gran Benedetti. -Ana
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Canciones: Stone walls- We the kings I'll never love again - Lady Gaga
•Valió la pena• Capri
"No tuvieron final feliz, pero sonrieron todas las horas que pasaron juntos. Solo por eso, valió la pena" ~Mario Benedetti
Estaba sumergida en una depresión insoportable. Todo había golpeado mi alma en un solo día y ya no sabía qué era lo correcto ni hacia dónde debía avanzar. Cargaba con el peso de aquel secreto que todavía no me había atrevido a revelar y, ahora, también con el dolor de descubrir que, durante un breve instante, mi cuerpo había albergado vida sin que yo siquiera lo supiera. Ese, sin duda, había sido el golpe más brutal que había recibido jamás.
Aleksanteri no se despegó de mi lado en ningún momento, y yo se lo agradecía con todo el corazón. Me sentía mal física y emocionalmente; el apetito había desaparecido desde hacía días y resultaba casi milagroso que aún pudiera mantenerme en pie.
—¿Cómo te fue en la carrera?
Un bufido divertido escapó de sus labios. Intentaba aparentar normalidad, pero yo conocía demasiado bien aquellos hermosos ojos azules como para dejarme engañar. Su brillo había desaparecido, y descubrir que yo era la causa de ello me partía el alma.
—Fue buena.
Una tenue sonrisa apareció en mi rostro. No necesitaba preguntarle nada más. Había ganado. Lo supe de inmediato y, aunque solo fue por un instante, aquella certeza consiguió regalarme un pequeño respiro entre tanto dolor.
—Lo siento tanto... —murmuré, apretando los labios antes de suspirar—. Arruiné tu noche.
Aquellas palabras bastaron para que abandonara los cojines del ventanal y se sentara inmediatamente a mi lado sobre la cama.
—No vuelvas a decir eso, Caprichos. —Sus brazos me envolvieron con cuidado y, por primera vez desde que desperté, sentí un poco de paz—. Si alguien arruinó esa noche fui yo. Debí haberte cuidado mejor.
—No... —me aferré a él con fuerza, escondiendo el rostro en su pecho—. Tú no, tú no hiciste nada mal.
—Vamos, Capri. Eso es una mentira enorme y absurda.
Sentí el roce de un beso sobre mi coronilla mientras sus manos acariciaban lentamente mi espalda, como si pretendieran reunir cada uno de los pedazos rotos que quedaban dentro de mí.