La vida está llena de primeras veces. Algunas maravillosas, otras buenas, y unas quizá no tanto. Capri lo sabe muy bien, y a pesar de ello se mantiene firme en su decisión. Son catorce cosas que debe hacer en seis meses, y aunque no lo contemplaba...
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•El cambio• Capri
El cansancio en mi cuerpo era titánico, pero no más que la emoción que me abordaba. Abrí los ojos cuando mi reloj biológico hizo su trabajo, para bajar y preparar un poco de desayuno. Las clases de cocina habían brindado grandes frutos y quizá también tenía el don culinario.
Canté It's now or never de Elvis durante el camino hacia la cocina mientras fingía tocar una guitarra de aire. Inicié ese pequeño desayuno que irradiaría felicidad en mi estómago. Cocinaba hotcakes con tocino y preparaba un licuado de plátano con deliciosas almendras. Por supuesto, ya tomaba de mi licuado mientras los hotcakes y el tocino visitaban la sartén. Esperando el resultado final, decidí merodear en la pizarra de corcho que Tara tenía sobre la barra. Había muchas notas, pero aquella que leí mientras mi lengua se deshacía del exceso de espuma en la comisura de mis labios, me dejó helada.
En dos días más sería el cumpleaños de Alek.
Salí corriendo hacia mi habitación pero, cuando iba en el tercer escalón, tuve que regresar para evitar quemar la casa con mis hotcakes olvidados. En consecuencia, necesité tirar a la basura mis negros círculos de harina achicharrada.
Y yo que tanto presumía de mi talento. En fin, en realidad no había sido falta de, sino más bien, emoción por hacer algo increíble para alguien fantástico. Si bien, estuve alejada de él una semana y cuando por fin le hablé, él desapareció por días y reapareció con una actitud apagada, al menos me quedaba claro que su cumpleaños era la fecha perfecta para reconciliar nuestra pequeña amistad por completo. Necesitaba conseguir algo para él: El regalo perfecto.
Un momento me tomó encontrarlo y un día tardó en llegar. Todo justo a tiempo. Estábamos a solo 24 horas de que Alek cumpliese veintitrés; Tara preparaba una deliciosa tarta de tres leches porque, al parecer, a él le encantaban, y yo estaba en la entrada de la cocina vigilando que él no llegara.
—Buenos días, almas bellas —nos saludó Arnaldo con alegría.
—Buenos días, cariño. ¿Has visto a Alek? Preparo su pastel y no me gustaría que viniera. Tengo a la pobre Capri vigilando.
Reí, observando el pasillo; hacía bien mi trabajo.
—Me parece que está en el garaje, le ha estado poniendo empeño al auto.
— ¿Por eso no se ha dejado ver? —pregunté curiosa.
—Vaya, no somos los únicos de los que se esconde —soltó su padre, sonriente—. No lo sé, Capri. Han sido tres días en los que solo me ha saludado, después, simplemente desaparece sin decir un solo pio.
La alerta de Tara se activó, miró a su marido con perocupación.
—Alek tiene muchos días comportándose extraño. He intentado descubrir qué le sucede pero no dice nada. Llegué a pensar que Amber estaba embarazada, pero lo negó.