Veinte

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•12:33•Capri

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Capri

Mi cabeza dolía, mi cuerpo se sentía pesado y realmente cansado, además, el dolor punzante en mi cuello claramente hacía alusión a la horrible posición en la que dormí, arg. Fui abriendo mis ojos poco a poco, y un aterrador salto se apoderó de mí.

—Alek... ¡Aleksanteri! —Moví bruscamente su cuerpo para que despertara—. ¡¡Aleksanteri, despierta!!

Pero el agraciado solamente murmuró entre quejidos un par de palabras que no comprendí, removiéndose sobre el viejo asiento del vagón. Bufé y observé la hora en mi celular, daban las ocho y media de la mañana.

—¡Dios! ¡Arriba! —Sacudí su cuerpo con tanta brusquedad que cayó al suelo... y no me importó—. ¡Vámonos ya!

—Carajo, niña, ¿que te pasa?... —farfulló, levantándose lentamente mientras tallaba su rostro. Sus ojos adormilados se postraron sobre los míos que le fulminaban de vuelta.

—Son las ocho de la mañana, Alek. Si Tara le llama a mi padre ¡será mi crucifixión! ¡Vendrá por mí y me encerrará en el sótano hasta que los gusanos se coman mi cuerpo muerto y aun más allá! ¡Hará carnitas conmigo, me matará! Voy a morirme y no habré tenido mi sesión de fotos en pijama, ¡rayos, quiero vestirme de unicornio y tener mi sesión!, ¡ya tengo mi tatuaje pero también quiero pintar mi cabello de colores, quiero usar mi casa del árbol!... e ir a un concierto ficiticio de Elvis porque en verdad es mi artista favorito, tengo tantas cosas por hacer aún... ¡aaah, la vida me odi...!

La mano de Alek interrumpió mi brote psicótico al situarse sobre mis labios para sellarlos. Sus ojos ensanchados me veían con espanto.

—Cállate y cálmate, niña.

Quité su mano de mi boca.

— ¿Calmarme? ¡No puedo hacer eso! ¡¡Vámonos!! —Me levanté con toda la intención de correr hacia su auto como si fuera una profesional en un maratón, pero el tirón que sentí en el brazo me detuvo—. ¡Alek!

Él me miró con seriedad solo un segundo antes de echarse a reír en carcajadas mientras soltaba un: «oh, Dios».

— ¡Basta! —chillé.

—Querida... —pronunció suave y sostuvo mi mejilla, aún entre divertidas sonrisas—. No va a suceder nada. Iremos a casa con tranquilidad, no querrás tener un accidente y morir antes de que tu padre te asesine de mil maneras por no llegar a casa una simple noche.

—¿Una simple noche? No sé de qué manera vivas normalmente, pero no dormir en casa una noche significa suicidio en mi lenguaje.

LA PRIMERA VEZDonde viven las historias. Descúbrelo ahora