La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
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•Confusión• Alek
Un desagradable cosquilleo en el pecho me obligó a despertar.
Abrí los ojos con dificultad. El sol me cegaba, pero aun así logré distinguir al pájaro que había osado interrumpir mi descanso. Bufé y ese simple gesto bastó para que el ingrato animal alzara el vuelo mientras yo observaba los alrededores, intentando descubrir dónde carajos me encontraba.
La cabeza me dolía.
Me levanté hasta quedar sentado y a mi lado encontré el flacucho cuerpo de Capri. En un instante, la absurda noche anterior regresó a mi mente: alcohol, risas, música... caos.
Solté un bufido divertido.
Esa niña era simple, ridícula... e increíblemente entretenida
Me incliné un poco hacia ella, dispuesto a despertarla, pero algo llamó mi atención a lo lejos. Alcé la mirada y encontré a mi madre. Nos observaba con los ojos abiertos de par en par y la boca ligeramente entreabierta. La conocía mejor que a la palma de mi mano. Sabía exactamente lo que venía. Rodé los ojos y me levanté de un impulso, caminando hacia ella.
— ¡¿Qué haces con Capri?!
Me encogí de hombros, lanzando una breve mirada hacia la niña.
—Dormimos.
El golpe no tardó en llegar. Las llaves impactaron contra mí fuertemente
Clásico.
Su deporte favorito era golpearme con cualquier cosa que tuviera a la mano.
—¡¿Qué le estás haciendo?!
Fruncí el ceño.
—Yo no hice nada.
—¿Pasaron la noche juntos? ¿Juntos, juntos como...?
Había terror en su voz.
Real.
Y eso sí que era nuevo.
—Sí, ¿quieres que te cuente con lujo de detalle? —respondí con burla.
Otro golpe.
—¡Aleksanteri Fiol!
—Solo bebimos y nos quedamos dormidos ahí —señalé con desgana—. Es todo, doña exageración.
—Promételo.
Suspiré.
—Madre, estoy con Amber.
—Tener novia no detiene a ningún hombre —replicó con firmeza—. Dime la verdad.