La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
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•Secretos y deseos• Capri
Pasé la noche en mi habitación, llorando por horas mientras observaba la hermosa sortija en mi dedo. Ese bello regalo que ahora significaba la vida entera para mí, y por ello, me refería a Aleksanteri. La veía y era como si lo llevase a él conmigo. Lo amaba incondicionalmente y no lograba concebir cómo es que las cosas habían llegado a tanto en tan poco tiempo. Me dolía. Me partía el alma saber que pronto no podríamos estar juntos.
A veces el destino se comportaba como una verdadera bazofia y, oficialmente, mi existencia se convirtió en un martirio. Yo solo había querido escapar unos meses de la vida perfecta que otros habían construido para mí. Quería respirar. Vivir sin horarios, sin expectativas, sin responsabilidades impuestas. Quería descubrir quién era cuando nadie esperaba nada de mí...
Entonces apareció Aleksanteri. Y desde ese instante, mi vida dejó de pertenecerme solo a mí.
En ocasiones me preguntaba si conocerlo había sido un premio o un castigo.
Quizá ambas cosas.
Quizá solo venía para quitar la venda de mis ojos y permitirme hacer lo correcto. Es decir, se había convertido en lo más preciado y especial que poseía y solo me restaba preguntarme: ¿por qué la vida era tan injusta?... tan cruel. Muchas veces me cuestioné si me arrepentía de haber venido al pueblo. La respuesta siempre era la misma. No. Jamás. Porque aquí encontré el tesoro más grande que podría haber descubierto.
Encontré al amor de mi vida.
Uno de un metro noventa, cabello rubio, ojos azul océano y una manera muy particular de decir groserías mientras hacía sentir querida a una persona. Un océano del que me enamoré sin remedio y en el que, de poder elegir, me perdería una, dos, tres y mil veces.
Mis noches se habían convertido en eso. En un campo de batalla entre mi corazón y mi conciencia.
La carrera de Alek ya era al siguiente día y yo me debatía entre hacer lo correcto... o permitir que el tiempo hiciera por mí el trabajo sucio. Quizá sería más sencillo dejar que mi partida hablara por ambos. Pero él no merecía eso. Aleksanteri siempre había sido brutalmente honesto conmigo y yo también debía serlo.
Nos encontrábamos en la casa del árbol. Él insistió en que necesitaba estar conmigo y así poder relajarse para su gran noche. Sentados sobre los puff, hacía bromas como de costumbre, buscando arrancarme una sonrisa, sin saber que desde la noche en la feria, yo ya no era la misma. El miedo se había instalado en mi pecho como un huésped permanente. Me sentía como una infeliz mezquina después de su hermosa confesión.