Cinco

979 116 56
                                        

•¿Mmm?•Capri

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

•¿Mmm?•
Capri

Si alguna vez alguien escuchaba el nombre de «Capri Montalbán», bueno... esa era yo. Y yo albergaba en mi interior un titánico sentimiento de felicidad. ¡Por fin! Había logrado localizar los tan ansiados caracoles después de un arduo día, en una de las tiendas más escondidas del pequeño y tranquilo pueblo mágico en el que caí por decisión propia. 

Caminaba a casa sin poder evitar formar una enorme sonrisa en mi rostro, atravesando las calles llenas de faroles viejos y los arbustos de buganvilias que abundaban al costado de la acera, mientras los animales, próximos a ser cocinados, reposaban en su red. Sentía cómo sus gelatinosos cuerpos se movían; una situación que algunas personas podrían categorizar como asquerosa, pero que a mí realmente me tenía sin cuidado.

Las nubes grises cubrieron el sol, y los rayos de luz que se desprendían de él quedaron atrapados entre ellas, opacados, sin poder alumbrar del todo el camino por el que mis pies me conducían.

Mi celular sonó en ese momento.

Y al ver el identificador... el último nombre del que creí recibir una llamada, estaba ahí.

Una mueca de desagrado se dibujó en mi rostro: cejas arrugadas, boca fruncida. 

Suspiré con pesadez, debatiéndome entre responder o fingir que no sucedía nada.

— ¿Sí?

La estúpida yo, esa que vivía muy latente en mi interior, respondió

—¿Capri? ¡Por fin! Capri... me alegra tanto que respondas. Acabo de hablar con tu padre y me dijo que...

—¿Qué necesitas? —lo interrumpí, usando esa voz cortante que se apoderaba de mí cada vez que cruzaba palabras con él.

—Quiero verte, por favor. Permíteme verte.

—No, Santiago. Ahora estoy lejos de casa, y es exactamente porque quiero cambiar de ambiente.

—Por favor, Capri...

—Agradecería que no me busques más.

Solté un suspiro, con una molestia atorada en la garganta, y terminé la llamada.

Santiago.

El novio que hizo el papel del hijo que mi padre jamás tuvo; el que juega golf a su lado y proviene de una gran familia; el que puede hablar durante horas de todo lo que mi padre desea escuchar. Y lo menciono en presente porque sé que aún lo hace.

Suena perfecto, ¿no?

Pero también fue ese bastardo al que no le importó acostarse con mi prima, solo porque yo no lo hice antes.

Me rompió el corazón sin una pizca de compasión.

O al menos, esa fue mi perspectiva.

Con él experimenté mi primer corazón roto, y aunque a estas alturas ya estaba un poco superado... seguía molestándome.

LA PRIMERA VEZHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora