Mini extra

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¡Sorpresa!

•Charlas•Capri

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Charlas
Capri

—Alek, ¿alguna vez has imaginado cómo eran estas vías, este tren, en sus años mozos?

Aleksanteri bajó pacientemente hacia mí una tranquila mirada que no hizo más que relajar cada músculo de mi cuerpo mientras éste se recostaba sobre el suyo.

—Para serte honesto, no. —Sonrió apenas—. Me gusta más verlo como lo que es, una ruina que confirma que hubo un pasado.

—Yo sí lo imagino —confesé y regresé la mirada hacia los fierros viejos y la naturaleza que ya se había adueñado del lugar—. Todas las personas emocionadas por su viaje en los rieles, niños brincando de asiento en asiento mientras sus padres los regañan para que se comporten —reí un poco—. Seguramente yo sería una de ellos.

—Creo que no, tú serías la única niña sentada y bien portada que sigue las reglas —me retó y al mirarle identifiqué esos ojos juguetones con su lengua de fuera añadiéndole un toque más burlesco.

—¿Piensas que no puedo romper reglas? —cuestioné acomodando mis manos sobre su pecho para impulsarme hacia atrás y así poder separarme un poco más de él.

—Capri, eres la niña más correcta y perfecta que he conocido en toda mi vida.

—No lo soy.

—Sí lo eres —aseguró sin titubear, inclinándose respetuosamente hacia adelante, acortando la distancia que nos separaba mientras sus manos rodeaban mi cintura—. Correcta para hablar con clase, correcta para respetar cada cosa que existe en el universo, correcta para seguir las recetas de cocina al pie de la letra, correcta para bailar, correcta para arreglar mundos y corazones rotos, perfecta para disfrutar de la vida. Eres correcta y perfecta para mí. —terminó en susurro, apretando sus labios mientras sus ojos se perdían en los míos.

Mi respiración se cortó.

Y es que, ¿cómo debía sentirme?

Sus preciosos ojos azules ahuyentaban todo el miedo que sentía. Su voz tranquilizaba hasta mis más oscuras pesadillas y sus labios... sus labios eran el motivo por el que más me aferraba a la tierra.

Yo no quería dejar de sentir esos labios presionar los míos... jamás.

Mis ojos comenzaron a cristalizarse mientras el pequeño beso que emergió, llegaba a su fin.

Su frente se arrugó y sus cejas se inclinaron hacia abajo porque claramente pudo notarlo en el instante uno.

—¿Qué sucede? —preguntó con algo de preocupación.

Tragué un poco de saliva para agarrar valor, el valor que necesitaba para mentirle, pues aunque él asegurara que yo era "correcta" o "perfecta", realmente no lo era.

¿Cómo podría serlo?

—Nada, es... es que soy muy feliz en este preciso momento.

Él alzó una ceja, dudando de mis palabras.

—Sé que existen las lágrimas de felicidad, pero las tuyas no lo parecen —soltó inspeccionando mi rostro como si a eso se dedicara y fuera todo un profesional.

Yo sonreí lo más alegre que pude mostrarme en ese momento.

—Si de repente apareciera un genio de la lámpara como en Aladdin y pudieras pedir un deseo, ¿qué pedirías?—le pregunté para cambiar el tema.

—¿Justo ahora? —inquirió y yo asentí. Sus ojos se fueron un solo segundo hacia el techo y pronto me interceptaron una vez más—. Que te quite cualquiera que se el motivo por el que estás triste.

Arrugué el gesto con molestia. Sinceramente, me molestaba que desperdiciara su hipotético deseo en eso.

—¡Vamos, Aleksanteri! Es un genio de la lámpara, pide algo coherente.

Él me miró siendo lo más serio, pero también lo más tierno, y acarició mi mejilla antes de mirarme directamente a los ojos.

—No podría pedir algo más coherente, Capri. Justo ahora, lo que más me interesa es tu felicidad, y como ya me hiciste ver que de ninguna manera me dirás por qué estás triste, entonces se lo pediré al genio azulito. —Sonrió alegre y sus ojos se enchinaron tanto que se me dificultó ver el azul que los coloreaba.

—Es absurdo —bufé.

Su alegre sonrisa se desvaneció por completo y ahora me miraba como si fuera una completa descerebrada.

—¿Por qué es absurdo que quiera que seas feliz? Explícamelo —exigió.

—Porque puedes pedir lo que sea, Aleksanteri. No puedes desperdiciarlo en mí.

—Si lo quiero usar en ti, lo usaré en ti. Y no es un desperdicio porque eso me hace feliz a mí también.

—Es ridículo. No quiero, no lo permito. ¿Qué otra cosa pedirías?

—Tu capricho no me detendrá, entiende, lo único que pediría es que tú seas feliz.

Nuestra pelea ficticia se terminó para mí en ese momento. Eché un suspiro y me encorvé sobre él, demostrando mi derrota.

—Quiero que pienses primero en ti, antes que en mí.

—¿Por qué? Eso no suena bien.

Porque yo estoy pensando en mí, antes que en ti...

—Es lo que se supone que debemos hacer, se llama supervivencia.

—Capri —Sonrió divertido—. Los genios no existen y los deseos no se hacen realidad solo porque los tengas, así que olvídate de esto y mejor dime, ¿qué cenaremos al llegar a casa? Muero de hambre.

Mi mente no podía pausar esa conversación, la seguí teniendo en secreto mientras caminábamos tomados de la mano de vuelta a casa.

Me sentí como una escoria.

—Tus ojos están muy tristes —dijo en voz baja al apagar el motor de su Porsche en el garaje de la casona—. ¿Debo preocuparme?

—Solo... no quiero alejarme de ti —confesé.

—Y no lo harás —sujetó mi mano sobre mi pierna y no dudé en alzar la mirada hacia él, quien me terminó de enterrar un puñal en el corazón con esa frase y esa sincera sonrisa que solo él poseía—. Estaremos juntos hasta el último aliento, Capri, te lo prometo.

Sin importarme las mentiras y los secretos, sujeté sus mejillas con fuerza y nos uní en un beso, un beso que pactaba una promesa que él no conocía, pero que yo me encargaría de cumplir.

—Te amo, Aleksanteri.

—Te amo, Caprichos.




Espero les guste esta pequeña escena, la hice con mucho cariño.
🤍 Bonita vida para cada uno de ustedes 🤍

LA PRIMERA VEZDonde viven las historias. Descúbrelo ahora