La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
¿Será que hay esperanza? Descúbranlo en el próximo capítulo *voz de locutor* 🥀
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•Error• Alek
Saber que mi madre estuvo a nada de debatirse entre la vida y la muerte me golpeó más fuerte de lo que imaginé. Por un instante, todas las peores posibilidades atravesaron mi cabeza y yo... simplemente no supe cómo lidiar con ello.
Entraría a cirugía de emergencia y, según los doctores, después de eso podría vivir muchos años más sin mayores problemas. Pero el simple hecho de pensar que pude perderla... me destruyó.
Y entonces lo entendí.
Ella era lo más importante de mi vida... y estuvo a punto de irse.
Perder algo que amas es una mierda.
Lo viví con mi madre cuando tenía cuatro años. Estuve a punto de vivirlo otra vez con Tara y, tarde o temprano, también lo viviría con Capri porque, carajo... estaba enamorado de ella como un completo imbécil. Perdidamente enamorado. Y sabía que terminaría estrellándome contra la cruel realidad de su partida, justo como Tara me lo advirtió semanas atrás.
Capri se iría.
Y yo no quería sufrir de esa manera.
La cobardía del momento, mi inmadurez y el egoísmo más estúpido terminaron por convertirme en prisionero de mis propios pensamientos. Desde que mi madre entró a quirófano, decidí trazar una línea que no volvería a cruzar.
Alejarme de Capri parecía la única forma de protegerme.
Aunque cada vez que ella se acercaba con el desayuno entre las manos, me abrazaba o intentaba consolarme, sentía el pecho hacerse mierda dentro de mí. Era consciente del patán en el que me estaba convirtiendo y me odiaba por ello.
Quería separarnos... pero no podía.
¿Cómo se suponía que debía hacerlo?
Ella tenía la voz más dulce que había escuchado jamás. Su sonrisa era la mejor medicina del maldito mundo, aunque últimamente apenas aparecía por mi culpa. Y sus ojos cafés... joder, esos ojos me suplicaban que no la apartara mientras yo hacía justamente eso.
Era tan difícil alejarme de ella que terminé deseando que fuera Capri quien se rindiera primero.
Pero esa niña era absurdamente insistente y me complicaba todo.
Así que me volví cruel.
Con ella. Conmigo mismo.
Porque la verdad era otra: lo único que quería era estar a su lado. Abrazarla. Besarla. Hacerla mía otra vez, una vez más...
Esa maldita y preciosa noche.
Capri era mi pedazo de cielo... y poco a poco se estaba convirtiendo en todo él. ¿Cómo no iba a doler perderla? Claro que iba a doler. Iba a destrozarme por completo.