La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
Agárrense un poquis de sus teléfonos o computadoras. Bye. No olviden que los quiero❤️
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•Urgencias• Alek
«Podemos saber cómo empezará el día, pero jamás la manera en que terminará».
Viernes.
El día que terminó por acunar mil y un momentos distintos, emociones opuestas y decisiones capaces de cambiar una vida entera.
Todavía hoy me cuesta comprender la facilidad con la que el destino mueve sus piezas. Cómo, en cuestión de segundos, puede desbaratar el futuro que dabas por hecho, arrancarte los sueños de las manos y obligarte a mirar una realidad completamente diferente. A veces basta un instante para que todo aquello que imaginabas eterno deje de existir.
Mi celular no dejaba de sonar.
Drax se convertía en un auténtico fastidio cada vez que había carrera. Gruñí al escuchar el tono por quinta ocasión consecutiva y, a mi lado, Capri soltó una risa antes de llevarse a la boca otra cucharada del cereal que le había preparado con especial esmero.
—Respóndele. El pobre debe estar arrancándose los cabellos.
Negué con el ceño fruncido mientras atacaba mi desayuno con cucharadas mucho menos delicadas de las que el cereal merecía.
—No. Si contesto, seguirá llamando cada cinco minutos y voy a terminar soportándolo todo el maldito día.
Ella volvió a reír.
—Solo quiere asegurarse de que todo esté en orden. Es tu gran día y también significa mucho para él.
—Eso no le da derecho a fregar cada segundo. ¿Qué se cree? —refunfuñé.
—Tu mejor amigo... y tu ayudante de carreras —respondió divertida.
Terminamos el desayuno entre pequeñas bromas y silencios cómodos. Después tomé su mano y la conduje hasta su habitación, donde apenas cerramos la puerta nuestros labios volvieron a encontrarse como si hubieran pasado días sin hacerlo.
Capri era mi calma.
Sus besos tenían la absurda capacidad de reorganizar todo dentro de mí. Bastaban unos segundos para que los nervios desaparecieran y mi cabeza volviera a enfocarse en lo importante. Eran mi medicina antes de cada carrera... aunque, siendo completamente sincero, también eran el simple resultado de las inmensas ganas que siempre tenía de besarla.
—Ve, anda. Yo le llamaré a Dany para que pasen por mí. No tienes absolutamente nada de qué preocuparte.
—No quiero irme —murmuré haciendo un exagerado puchero antes de inclinarme para besar el ancla de la pulsera.
Tal como imaginaba, una elegante risa escapó de sus labios.
—Nunca dudes de la veracidad de esa pulsera —advirtió con esa dulzura que solo ella tenía antes de regalarme otro beso. Fue corto, cálido, delicado... pero suficiente para hacerme sentir invencible—. Te irá de maravilla, mi ganador estrella.