La vida está hecha de primeras veces.
Algunas te cambian para siempre.
Otras... te rompen un poco.
Capri lo sabe, y aun así decide enfrentarlas todas.
Tiene seis meses para cumplir una lista de catorce cosas que podrían cambiar su vida por completo...
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•Venganza• Capri
Alek y yo nos encontrábamos sentados sobre los sillones puff que encargué por internet para la nueva casa del árbol. Observábamos las paredes de madera ya terminadas mientras, cerrando uno de nuestros ojos, intentábamos encontrar el lugar perfecto para colocar la pequeña colección de novelas románticas que compré semanas atrás.
La casa olía a pintura fresca, madera nueva y un poco a nosotros. A nuestras tardes ahí arriba, a las discusiones absurdas y a los besos robados entre martillos, clavos y malas ideas de decoración por parte de Aleksanteri.
—Ahí es perfecto —señaló él desde su puff negro.
Negué lentamente.
—Ahí no lucirán tanto.
—Y eso es precisamente perfecto. Nadie debería entrar aquí y encontrarse veinte novelas románticas mirándolo fijamente.
Solté una risa pequeña.
—Discúlpame, pero estabas muy emocionado con amor eterno. Tanto, que rogabas capítulos extras.
—No vuelvas a mencionar ese libro —refunfuñó, haciéndose el indignado mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás—. Leíste cuatro capítulos sin mí. Me traicionaste y aún sigo dolido.
—Bueno, si me quieres hacer hablar, al menos yo leía un libro mientras tú besabas a tu ex.
El efecto fue inmediato.
Alek soltó todo el aire de sus pulmones y cerró ambos ojos como si acabaran de dispararle.
—Caprichos...
—¿Qué? —me encogí de hombros—. Sigo molesta.
—No tienes por qué sacar eso cada cinco minutos.
—Claro que sí. Planeo hacerlo al menos unos seis meses más.
—Eso parece una amenaza legal.
—No lo es, Alek.
—¿Por qué me llamas Alek? —recriminó.
—Porque así te llamas. —Me encogí de hombros con basta tranquilidad, continuando la búsqueda perfecta del estante.
—Me llamo Aleksanteri, y tú prefieres llamarme así.
Ignorándolo deliberadamente, me levanté del puff blanco y caminé hacia una de las esquinas. Entrecerré la mirada mientras imaginaba el lugar decorado.
—Aquí irán los libros —dictaminé señalando la pared—. Y la alfombra probablemente frente a la ventana. —Sonreí emocionada antes de dar un par de aplausos suaves—. No puedo creer que ya casi terminamos la casa.