17. Quiero que todos se vayan.

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UN AMOR DISPAREJO

Capítulo 17; quiero que todos se vayan.

—Nicolás Steel—

—Dos días después—

Han pasado dos días y todavía mi Kiara sigue hospitalizada, le han hecho análisis y no le aparece nada, yo estoy seguro de que algo tiene, me he dado cuenta cómo le dan mareos, cómo los dolores de cabeza le nublan la vista y en algunas ocasiones ha vomitado en los baños de la universidad porque las chicas me lo han contado, algo en su cuerpo no está bien y me duele verla postrada en una camilla sin saber qué pasa a su alrededor.

El mismo día que se desmayó en mis brazos le avisé a la señora Marcela (mamá de Kiara), para mi sorpresa llegó con el señor Rubén que es el que le compra las colecciones a mi mamá, me ha dicho Milagros que es su padre y claro que quedé sorprendido porque no me habían dicho nada.

Los chicos también están esperando noticias sobre la salud de Kiara, la quieren y eso se debe a que a pesar de ser un tanto estresante se hace querer. Nunca imaginé que llegaría a sentir cosas por alguien que no tuviera mi misma posición social porque llegué a ser de esos chicos que humillan a los demás por no tener dinero, pero no sé qué me pasó con Kiara que a pesar de que me hizo enfadar desde que nos conocimos me di cuenta lo hermosa que es y que es capaz de luchar por lo que quiere y me demostró que tiene carácter el día que quería que se disculpara delante de todos y terminé por pensar que lo haría, pero luego me terminó por insultar y desde allí empezó todo lo que hemos construido juntos.

He visto a Milagros que no ha dejado de llorar un segundo, ama a su hermana y esto debe ser difícil para ella, he visto que siempre están juntas y la manera en la que se tratan, es como si la una dependiera de la otra para ser feliz. La señora Marcela está igual que ella, desde que le avisé que Kiara se había puesto mal no ha dejado de llorar y eso me hace ver lo importante que es Kiara en sus vidas, por otra parte, está el señor Rubén con la mirada perdida y una cara de tristeza que no puede evitar, y de último estamos todos nosotros que no hemos dejado de pedirle a Dios por la salud de mi niña, no soportaría perderla y menos en este momento donde siento que mi vida se está complicando.

Sacha está viendo a Kiara, ya casi todos hemos pasado y el turno era de ella, se nota que la quiere y es que cómo no hacerlo cuando son amigas desde que son unas niñas.

Me voy a la capilla sin decir nada y me arrodillo frente a la imagen de nuestro señor Jesucristo.

—Quizás no soy el indicado para estar aquí de rodillas ante ti porque cuando tuve mi accidente dije que no servías de nada y, sin embargo, tú me pusiste de pie nuevamente. Quiero que me cuides a mi pequeña Kiara, no sé qué tiene y por eso te pido que la levantes de esa camilla y que todo vuelva hacer como antes —hablo en voz baja, es una conversación entre él y yo—. Levántala y te juro que la amaré hasta que tú quieras.

Sigo hablando entre lágrimas, me afecta todo esto que está pasando, Kiara hace parte de mi vida y perderla ahora sería algo muy duro para mí y para todos. Lloro sin consuelo alguno y siento una suave mano en mi pierna que me hace levantar la cabeza para encontrarme con una chica de piel morena, no tengo idea quién es, pero ella, sin embargo, tiene una sonrisa en sus labios.

Sin que yo lo espere me abraza tan fuerte que siento que puedo sacar todo el miedo que tengo guardado y lloro como si no hubiera un mañana, no sé quién es, pero esta chica sin conocerme me hace sentir paz y tranquilidad que es todo lo que necesito sentir ahora que tengo que estar fuerte para cuando Kiara despierte.

—Perdón por abrazarte, creo que lo necesitabas —sonríe con timidez y seca mis lágrimas—. No sé por lo que estás pasando, pero todo estará bien, solo debes tener fe y verás que todo saldrá bien.

—La chica que quiero está hospitalizada hace dos días, no encuentran qué tiene y no ha despertado —me desahogo—. Tengo miedo de perderla porque gracias a ella estoy aquí.

—Confía y todo saldrá bien. Quizás no soy la persona indicada para estar aquí contigo porque no tengo idea de quién seas, pero te puedo decir que esa chica por la que hoy estás así se levantará y estará contigo.

—Gracias por decirme estas cosas, no sabes cómo necesitaba escuchar estas palabras —murmuro, mirándola—. Soy Nicolás.

—Y yo soy Brenda. ¿Cómo se llama esa chica que te tiene sufriendo?

—Kiara —sonrío al decir su nombre—. Kiara Sang Jacksyn.

—Espera, ¿no es hermana de Josiah? —se levanta de golpe—. Yo me enteré por él que ella estaba aquí, vamos a la misma universidad. Me negué acompañarlo cuando me dijo que viniera con él, pero hoy vine y lo vi con varios chicos y fue cuando decidí venirme a este lugar.

—No sabía que lo conocías, y sí es la hermana de Josiah. Qué pequeño es este mundo.

—Me voy dando cuenta. No le digas que estuve aquí, bueno, no quiero que lo sepa.

—¿Por qué no? Se nota que lo quieres.

—Ese es el problema, no quiero que lo sepa —la miro sin entender—. Solo no le digas nada y ya, y antes de irme que no se te olvide lo que te dije; ten fe y todo saldrá bien.

—Gracias.

Le doy una última sonrisa y desaparece, parece que está enamorada de Josiah y no quiere que nadie lo sepa, pero se le nota con solo mencionar su nombre. Salgo de la camilla y llego donde los chicos, todo está en silencio y no me agrada estar así porque me hace recordar mi accidente. Sacha ya ha regresado de ver a Kiara y es mi turno, me dan el número del cuarto donde está y camino hasta allá, abro la puerta y la miro con sus ojos levemente cerrados, su rostro pálido, sus labios con poco color y su mirada perdida, ha despertado y parece lejana al mundo.

Me acerco y cuando me ve me da una sonrisa de boca cerrada, le doy un tierno beso en los labios y otro en la frente para después sentarme a un lado de la camilla y estar más cerca de ella.

—Viniste.

Su voz es tan baja que apenas y logro escucharla.

—Claro, no me he ido a la casa desde que estás aquí —acaricio su frente hasta su cabello y me sorprende ver que con eso su cabello se le ha salido, decido no decirle nada para no preocuparla—. ¿Cómo es que haces para verte así de guapa cuando estás hospitalizada?

—Mi belleza es natural —trata de sonreír—. No sabía que llevaba dos días aquí, Sacha me lo dijo.

—Pues te dijo la verdad, estábamos hablando cuando de repente te desplomaste en mis brazos y ve dónde viniste a parar —la abrazo—. Te dije que debíamos venir al hospital y te negaste, Kiara, sabes que si estás aquí es por algo.

—Porque no me he alimentado muy bien —se acomoda quedando metida en mis costillas—. No me regañes, mi amor, mira que estamos en el hospital.

—Te sonó muy bonito eso de mi amor, pero no me vas a convencer, debes de alimentarte mejor y ahora mismo voy por comida —me voy a levantar y me detiene.

—Me encanta ver cuando te enojas —le doy un beso—. Te ves hasta sexy.

—Y yo odio verte aquí por tu pesadez de no querer comer nada —le doy otro beso—. Regreso en unos minutos, no hagas nada que te ponga en riesgo.

—Ok, papá —lo dice con sarcasmo y me da una sonrisa mientras que salgo, está muy pálida y no me gusta verla así, no tiene el brillo de sus ojos que me gusta y tampoco su sonrisa tan natural con la que mantiene cada vez que la miro cuando está con las chicas riendo y yo me le quedo viendo sin que se dé cuenta.

Llego a la cafetería y pido una porción de arroz, ensalada, carne y jugo de mora, Kiara debe alimentarse porque por no comer está hospitalizada y no quiero que su salud se vea afectada por no alimentarse bien.

—Kiara Jacksyn—

Miro a Nicolás salir del cuarto y a los segundos entra el doctor con mis papás que tienen los ojos bastante rojos, no sé por qué tienen esas caras si apenas tengo días aquí y no creo que sea nada de gravedad. Los dos me dan un beso en la frente y mamá me abraza, se va en llanto y me entristece verla así, es muy fuerte y verla llorar me hace sentir culpable.

—Hola, Kiara, soy el doctor Morrison, te haré algunas preguntas de rutina para ver cómo estás, ¿ok? —asiento a lo que dice—. ¿En los últimos meses has sentido algún malestar como dolores de cabeza u otro malestar?

—Aparte del dolor de cabeza he estado viendo borroso en algunas ocasiones, dolor muscular y algunas veces me dan unos mareos horribles.

—Veo que eres una jovencita muy inteligente y sé que tomarás esto con calma. Los exámenes que te hemos realizado no salieron nada bien, pero en ocasiones puede que se equivoquen, así que te los vamos a repetir y descartar todo caso de tumor cerebral.

—¿Es una broma acaso? —digo con voz ronca—. Yo no puedo estar enferma.

—Hija, la resonancia magnética que te hicieron mostró que tienes una masa en el cerebro que probablemente puede ser un tumor cerebral —papá me mira con seriedad—. Si te decimos esto es porque tienen que volver a realizarte otros exámenes.

—Quiero que todos se vayan.

Lo digo en voz baja y todos me miran.

—¡Que se larguen!

Comienzo a llorar y trato de quitarme el suero, pero el doctor lo evita tomando mis manos, yo no puedo estar enferma, tengo una vida por delante y lo peor que me puede pasar es no lograr mis sueños, cabe la posibilidad que tenga ese tumor cerebral, pero también que no lo tenga y me da miedo pensar que sí lo puedo tener, no sé qué pasaría si los resultados no se equivocaron y si tengo ese tumor cerebral que me ha dicho el doctor. Siento unos brazos rodearme y veo que es mamá, ya sé que trata de ser fuerte para que yo no la vea llorando, pero sé que está tan desbastada y llena de dolor como lo estoy yo por lo que me está pasando.

—Te calmas —mi padre me habla con voz firme—. Si te contamos lo que está pasando es porque pensamos que lo tomarías con calma.

—Verás que todo va a estar bien, mi niña —mamá me mira con sus ojos rojos—. Eres fuerte y sé que saldrás de esta, quizás esos exámenes sí se equivocaron y tienes otra cosa que no es grave.

—Me voy a morir —susurro entre sollozos—. No podré estar contigo y con Milagros como te prometí, mamita.

—No digas eso mi pequeña, Kira —papá me da un beso en la frente y recuerdo cuando de niña me llamaba así y yo corría a sus brazos, era tan feliz, en ese momento de mi vida nada me preocupaba—. Cálmate y verás que esto pasará, las nubes negras siempre estarán allí, pero el sol resplandece con más fuerza.

—Por favor, no quiero que le digan nada a los chicos ni a Milagros, mucho menos a Nicolás, no pueden saber nada de esto. No quiero que me tengan lástima.

—Pero hija…

—No diremos nada —la interrumpe mi padre—. Pero solo será hasta que nos entreguen los resultados de la resonancia magnética.

—Gracias por estar aquí conmigo, los dos son muy importantes para mí y verlos ahora en este momento me hace feliz —trato de sonreír—. No les pido que vuelvan a estar juntos porque el amor entre ustedes ya se acabó, pero por favor los quiero ver así sea como dos padres que quieren ver felices a sus hijas.

—Somos adultos y sabemos comportarnos.

Mi madre me da un beso en la frente.

—Gracias por hacerme parte de tu vida —papá seca mis lágrimas con sus dedos—. Sonríe, eres hermosa cuando lo haces.

Estoy por hablar cuando la puerta se abre y entra mi hermana con una enorme sonrisa y dos rosas rojas en su mano, me abraza y correspondo evitando las ganas de llorar que tengo atoradas, esto no es fácil para mí y no quiero que nadie sufra por mi culpa, Milagros es tan importante para mí que si la veo sufrir por mí no lo soportaría porque la amo.

—Hermanita —me susurra en medio del abrazo—. Té extrañé.

—Y yo a ti, nena. ¿Vienes sola?

—De hecho, las chicas están allá afuera, pero no nos dejaron entrar a todos juntos —mira a mamá y le da un abrazo, creo que han arreglado las cosas en estos dos días que estuve dormida—. Hola, papi.

—Princesa —la abraza—. Si quieren puedo dejar que pasen todas, nosotros podemos dejarlas solas.

—¿En serio? —asiente—. Gracias por hacer esto por nosotras.

—Nos vemos más tarde, mis niñas —mamá nos da un beso en la mejilla y salen para dejarme sola con mi hermana.

—Qué bueno que ya arreglaste las cosas con mamá, hablé con ella antes de estar aquí y me contó todo.

—Papá me dijo que hablara con ella, así que arreglamos las cosas y ya ves —me vuelve abrazar—. Ya quería verte, nadie nos ha dicho nada de los resultados, ¿acaso nos ocultan algo?

—¡Kiara! —Melisa entra con las chicas y me abrazan—. Te hemos extrañado.

—No nos habían dejado entrar, el señor Rubén pidió que nos dejarán entrar a verte, no sabía que eras hija de él —comenta Sofía.

—Nosotras lo sabemos hace poco —le dice Milagros.

—Bueno, eso no importa, me alegra que ya estés bien, tu madre nos ha dicho que todo salió bien en los exámenes y que ya casi puedes regresar a casa —Sacha se me sienta al lado—. No sabes cómo nos hemos sentido desde que estás aquí, nada es igual sin ti.

—Ya sé que soy la alegría del grupo —trato de actuar como si nada—. ¿Y los chicos?

—Se quedaron en la cafetería con Nicolás, ya deben de venir —responde Melisa.

Nos quedamos hablando y trato en todo momento de parecer normal, no quiero que sepan nada de lo que está pasando, Nicolás aparece con los chicos quienes no tardan en llenarme de besos, me obligan a comer y a no dejar nada en el plato, se quedan conmigo hasta tarde y le pido que se vayan a descansar, Nicolás no se ha ido a su casa por estar cuidándome y lo menos que quiero es que se enferme, me dejan sola con él y me da un beso en los labios.

—¿Estás segura de que quieres quedarte sola? —su frente y la mía están juntas, nuestras miradas se han vuelto una sola y sin más mi corazón se ha acelerado.

—Sí, no quiero que te me enfermes por estar aquí, ya vistes que todo está bien con mi salud —lo abrazo y el olor de su perfume invade mis fosas nasales—. Te quiero, Nicolás.

—Y yo te adoro —aprieta mis mejillas—. Mañana vengo temprano.

—No es necesario, debes ir a la universidad —tomo sus manos—. Mira que no queremos que te vaya mal.

—Como tú digas —tira de mi labio sin lastimarme y me da un corto beso—. Que tengas una linda noche.

—Igual para ti —se vuelve a despedir y me deja sola, automáticamente, dejo salir las lágrimas porque de solo pensar que no lo veré más me duele, me he acostumbrado tanto a su compañía que no verlo me hace sentir mal.

Trato de dormir y no puedo, tengo miedo de lo que pueda decirme el doctor, miedo de no ver a las personas que quiero. Hace tiempo mi hermana me preguntó que a qué le temía más y hoy puedo responder que a la muerte, porque sé que no regresaré más porque es un viaje sin regreso donde pueden olvidarte o quedarte solo como un lindo recuerdo de las personas que sí te querían, no es fácil saber que pueden llegar unos exámenes que te confirmen que tienes un tumor cerebral y que tu vida puede depender de unas quimioterapias, no quiero una vida que dependa de algún tratamiento porque no soportaría depender de algo que solo me dará pocas posibilidades de vida, y ver a las personas que quiero sufrir por verme mal a mí me dolería tanto como saber que la vida se me puede ir cuando menos lo espere.

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