35. Cena navideña.

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UN AMOR DISPAREJO

Capítulo 35; Cena navideña

—Kiara Jacksyn—

Estoy por entrar a mi casa, pero escucho voces que me hacen quedar inmóvil, mis papás están hablando sobre Nicolás, cierro la puerta un poco para que no me vean y así poder escuchar lo que están diciendo.

—Rubén, a mí no me parece que sigas con la idea de querer tener alejada a Kiara de Nicolás, ellos se quieren —le dice mi madre—. El día que se quedaron juntos, sí se pasaron, pero ya han pasado los meses, Kiara lo quiere y yo sé que sufre sin él, aunque trate de actuar como si nada.

—Es lo mejor, Marcela, no fue fácil para mí hablar con ese chico y decirle que la dejara. Él no es para nuestra hija —escucho la voz de mi padre y no puedo creer lo que hizo—. Kiara piensa que Nicolás no la quiere y con el tiempo se va a olvidar de él.

—¿Qué tú hiciste qué, papá?

Termino de entrar y ambos se sorprenden al verme.

—¿Te atreviste a pedirle a Nicolás que me dejara? Y tú, mamá, lo sabías todo y te callaste.

—Hija, no pienses que lo hice por hacerte daño, solo quiero lo mejor para ti y ese chico no te cuidó como tenía que ser —me mira y se mete las manos en sus bolsillos del pantalón—. Y no juzgues a tu madre, ella nunca estuvo de acuerdo.

—¿Lo mejor para mí? ¡Me jodiste la vida, papá! —le grito con mis ojos repletos de lágrimas—. No tienes idea cómo he llorado pensando que Nicolás no me quería, cuando fuiste tú quien le dijo que se alejara de mí.

—Kiara, tu padre únicamente quería protegerte.

—Linda manera de protegerme. A los dos les voy aclarando que no voy a estar lejos de Nicolás, lo quiero y estar sin él solo me causa daño.

—Ese chico juega con tu salud, no puedes volver a lo mismo, hija —mi papá se me acerca—. Hay más chicos, ahí está Thomas que no te ha dejado sola, me parece que es un buen partido para ti.

—Pero el que a mí me interesa se llama Nicolás, ya entiende que me da exactamente igual otro chico que no sea él. Gracias a los dos por joderme la vida —seco mis lágrimas—. Lo hicieron muy bien.

—Kiara…

—¡Kiara nada, mamá! Por tu culpa yo he sufrido —termino por decir y me voy a mi habitación.

Pensé todo este tiempo que yo no era lo suficiente para Nicolás, que él nunca me quiso, cuando la verdad era que mi papá había hablado con él para que se mantuviera lejos de mí, eso no se hace. Mi mamá sabía todo y nunca mencionó una palabra sobre esto, me encontró llorando un par de veces y su corazón de madre nunca le dolió al verme tan devastada como para decirme toda la verdad, me han lastimado los dos, sus mentiras han hecho que la «familia perfecta» que pensé que tenía se fuera al carajo. Los dos están mal si piensan que voy a seguir lejos de Nicolás, él ha estado sufriendo por mí y yo inocente de todo lo que estaba pasando mientras mis papás ya pensaban en que yo le buscara reemplazo a Nicolás.

Termino de secarme las lágrimas y saco mi ropa para la cena en casa de Nicolás, me invitó y no dejaré pasar más tiempo sin él, hoy es la cena navideña y me hará bien estar con personas que no me mienten, a diferencia de mis papás. Hace días compré un vestido de color zapote que va hasta mi muslo, tiene un escote en la parte de los senos y va completamente pegado con una corredera en la espalda, y tacones negros medio altos para evitar una caída, me lo pondré hoy porque quiero verme bonita y quiero que la reconciliación valga la pena.

Miro mi móvil en la cama y lo tomo para avisarle a Nicolás que sí voy a ir, pero luego lo dejo donde estaba y creo que es mejor darle la sorpresa, me voy a dar una ducha y suena mi móvil, es un mensaje de un número desconocido, así que abro la bandeja de mensajes.

—Hola, Kiara, estoy en la esquina de tu casa, ven un momento. Soy Dulce.

Pienso en dejar el mensaje en visto, pero al final le respondo.

—No tenemos nada de qué hablar, ¿o si?

Lo envío y espero su respuesta.

—Solo debo decirte algo y ya no los molesto más.

Lo pienso por unos minutos y decido ir, cuando dijo «no los molesto más» no sé a lo que se refería. Camino hasta la esquina y la veo sentada en el andén, voy hasta ella y creo que ha sentido mi presencia porque levanta la mirada, noto que tiene los ojos rojos y seguro estuvo tomando o consumiendo.

—Habla rápido, y de una vez te digo que no estoy de ánimos para aguantar tus estupideces.

—No vengo a buscar problemas, solo vengo a decirte que me voy a alejar de Nicolás, me di cuenta de que él te ama y que no es justo que estén separados —se sopla la nariz con un pañuelo de seda—. No debí regresar nunca y creo que nada más les causé más daño a los dos.

—¿Y por qué regresaste si sabías que ibas a causar daño?

—Porque pensé que tenía oportunidad con Nicolás, pensé que me iba a perdonar la estupidez de haberlo dejado cuando me necesitaba, pero no fue así, regresé y él ya estaba contigo, tenía su vida hecha y yo ya no hacía parte de ella —miro sus ojos buscando una respuesta a todo esto y veo que es sincera—. Nicolás te ama, yo me di cuenta desde el primer momento que en vez de llamarme por mi nombre lo hizo por el tuyo, quise matarte, créeme, pero luego comprendí que el amor no se obliga. Conocí a un chico en las vacaciones pasadas, igual a mí, pero con un pensamiento un poco distinto, ¿y sabes que me dijo? —niego con mi cabeza— Que el amor nunca debe rogarse, y quien lo siente es privilegiado. ¿Tú lo sigues queriendo?

—Sí, nunca he dejado de quererlo, Nicolás se convirtió en una de las personas más importantes en mi vida.

—Entonces no lo dejes ir como lo hice yo, no cometas el mismo error. Búscalo, no te quedes a esperar que el tiempo pase.

—Créeme que lo buscaré. Ahora debo regresar a casa para arreglarme, una cena navideña me espera.

—Suerte con eso.

—Gracias —le doy una última sonrisa antes de seguir, pero me detengo—. ¡Debo conocer ese chico que te hizo cambiar de manera de pensar!

—¡Tenlo por seguro! —me grita con una sonrisa en su rostro y sigo mi camino.

No sé qué tan cierto sea todo lo que me dijo, aunque nada pierdo con creerle esta vez, Dulce no es que haya sido tan buena conmigo, pero veamos qué tanto la hizo cambiar ese dichoso chico. Regreso a casa y voy entrando a mi habitación, la voz de mi hermano me detiene.

—Flaca.

—Josiah —me le acerco—. Tienes cara de preocupación, ¿pasa algo?

—Brenda está embarazada —me suelta de repente y mis ojos se abren, no me esperaba esto—. No sé cómo decirle a mis papás.

—¿Por qué carajos no se cuidaron? Sabían que algo como eso podía suceder —le digo entre dientes—. Mi padre te matará, eres un jodido imbécil.

—Es mentira —suelta una carcajada y le doy un puñetazo porque en serio pensé que era verdad—. Hubieras visto tu cara.

—No juegues con eso —me pongo la mano en el pecho—. Por poco me da algo.

—Lo siento, quería bromear un rato —me abraza y lo aparto—. Necesito que me digas ¿qué te gustaría que te diera un chico de regalo? No sé qué darle a Brenda y tú eres chica, debes saber.

—Pues no sé, flores o chocolates —hace mala cara—. No tengo idea, yo soy pésima para eso, pero dale algo que ella siempre mencione, algo que ella diga ¡oh, por Dios, me encanta!

—¡Lo tengo! —grita, asustándome—. Eres la mejor hermana de este mundo, te amo, y gracias.

Me da un beso en la mejilla y se va corriendo, está medio loco. Entro a mi habitación y me quito la ropa que traigo puesta, creo que es hora de arreglarme, duro en el baño más de media hora y salgo para ponerme mi ropa interior, bueno, solo las bragas porque el vestido que me pondré es sin sostén, me acerco al espejo y comienzo a maquillarme como me enseñó mi hermana, mi rostro queda un poco más perfilado de lo normal y muy adorable. Tiro la toalla a un lado y me coloco el vestido color Zapote que compré hace días, me lo acomodo y luego me pongo los tacones negros, dejo mi cabello natural y se me ve muy bien, me gustaría tenerlo tan largo como antes, pero no se puede. Me doy unos últimos retoques y sonrío feliz con mis resultados.

Busco a mi hermana por toda la casa, pero me dice mi madre que se ha ido a casa de Oscar, ella no sabe que yo iré porque obvio me hubiera esperado. Mis papás intentan hablar conmigo y los ignoro, le pido al chófer que me lleve a casa de Nicolás, él sabe perfectamente dónde es. Tardamos en llegar por el tráfico y miro la casa antes de bajarme, me pregunta a qué hora quiere que me recoja y le digo que yo llego sola a casa.

Toco la puerta y me abre una de las muchachas, me da una sonrisa y hago lo mismo, se hace a un lado dejándome entrar y todos están en la sala, me miran un poco sorprendidos y Nicolás se levanta, mi corazón automáticamente quiere salirse, se ve tan guapo, tiene unos jeans negros, una camisa mangas largas de color blanco y está arremangada hasta sus codos, zapatos del mismo color y su cabello peinado.

—Hola —susurra cerca de mí—. Guardaba la esperanza de que vinieras y veo que no me fallaste.

—No te fallé —balbuceo sin saber qué decir—. Lo pensé mucho para venir, pero aquí estoy.

—Te ves hermosa —muerde su labio y sonrío un poco apenada porque todos nos están viendo—. ¿Por qué decidiste venir?

—Porque te quiero, por eso vine —me aparto para ir a saludar a los demás quienes no tardan en hacerme preguntas—. Señores Steel.

—Cariño —la señora Steel me regala una sonrisa y se ve tan radiante como siempre—. Qué bueno que estás aquí.

—¿Regresaron? —pregunta el señor Steel con cierta curiosidad.

—No, pero puede pasar —respondo mirando a Nicolás—. Oscar, te ves muy guapo, claro, tú también, hermana.

—Gracias, tú igual, cuñada —Oscar se levanta para darme un beso en la frente.

—No sabía que venías —Milagros se me acerca—. Pero me alegra que estés aquí, te ves hermosa.

—Kiara siempre ha sido hermosa —comenta Nicolás haciendo que todos lo miren—. Nada más digo lo que pienso.

—Te perdimos, hijo, te enamoraste —su padre lo abraza y a mí no me queda de otra que hacer silencio porque muero de la pena—. Deberían de estar juntos ya.

—Amor, ya deja a los chicos quietos —la señora Steel lo toma de la mano—. Pasemos a la mesa a comer, ya luego vienen los regalos.

Nos vamos a la mesa y nos sentamos, intento sentarme un poco alejada de Nicolás porque no sé qué decirle, pero él, sin embargo, le dice algo a Oscar en el oído y él suelta una risita, pero se levanta de su asiento dejando que su hermano quede a mi lado, lo miro con mis ojos tan grandes como platos cuando siento su mano sobre mi pierna desnuda, habla con todos como si nada pasara y yo trato de actuar como si nada. Los señores Steel comienzan hacernos preguntas a todos y nosotros a ellos, es divertido estar todos aquí, decido relajarme porque la verdad estoy en confianza con todos ellos.

La mesa está repleta de comida, en mi vida había visto tanta comida junta, siempre pasaba esta fecha con mi madre y mi hermana, pero creo que es justo que esté con el chico que amo. Como de todo lo que hay en la mesa, igual que todos, mi hermana se ve tan feliz, tiene una sonrisa radiante y amo verla así, entre risas todos cuentan alguna anécdota y yo solo me encargo de escucharlas. Siento un leve mareo y trato de actuar como si no me estuviera pasando nada.

—¿Te sientes bien? Te ves pálida —el susurro de Nicolás me hace mirarlo.

—Sí —le doy una sonrisa—. Son ideas tuyas.

—Vayamos a ver los regalos, miren que ya son las doce —sugiere Oscar levantándose de la mesa.

Me acuerdo que yo traía un regalo que había comprado días antes, ya sé que les parece tonto, pero pensaba mandárselo a Nicolás con mi hermana, el timbre de la puerta suena y segundos después aparece el chófer, lo miro y camino hacia él, sonríe con el regalo en sus manos y me lo pasa, lo abrazo y le deseo feliz navidad, regreso a donde todos y se ríen de mí por lo distraída que soy, nos colocamos frente al árbol de navidad y comienzan a dar los regalos, la señora Steel le ha dado a su marido una corbata muy linda, y él un par de aretes que por lo que logro ver son de oro, Oscar le regaló a mi hermana una pulsera que lleva sus nombres y ella una idéntica a él. «Obvio se pusieron de acuerdo». Es tan hermosa la entrega de regalos que se hace en navidad, por supuesto le tengo un regalo a Sacha porque se lo merece.

—Solo faltan ustedes dos —dice mi hermana llena de emoción—. ¿Qué le has comprado a Kiara? Aquí todos sabemos que tú guardabas la esperanza de que ella viniera.

—Te compré esto —me pasa un estuche de color rojo que se saca del jeans—. Espero que te guste.

—A Kiara le gusta todo de ti, hijo —su madre le da un pequeño empujón y todos se ríen—. Ándale, mira qué te dieron.

Abro el estuche y sonrío al ver la cadena que hay en el, la saco y es de oro, el dije es tan único, se nota que lo mandó hacer porque dice en letra cursiva mi fisiatra favorita, es hermoso y se nota que lo ha mandado hacer porque sencillamente es algo único.

—Está divina —le doy un abrazo, hemos quedado muy juntos—. Gracias por el detalle, yo también te tengo uno.

Le entrego la pequeña caja de color verde y la abre, le he comprado un reloj con mis ahorros de todo el año, no quise pedirle plata a mis papás y pues creo que no estuvo mal comprar este reloj porque por su cara se nota que le ha gustado, antes de que reaccione me abraza y me da un beso en la mejilla.

—No me lo quitaré nunca —me pide que se lo coloque y lo hago—. Es el mejor regalo que me han dado.

—Ya bésense —ambos miramos a Milagros—. No me miren con esas caras, los dos tienen ganas.

—¿Quieres besarla? —pregunta el señor Steel.

—Claro que sí —responde Nicolás sin pensarlo.

—¿Y tú quieres besarlo, Kiara? —mis mejillas se ponen rojas por la pregunta de Oscar—. Responde sin pena, aquí todos sabemos que sí, pero queremos escucharlo de tus labios.

—Sí —susurro un poco apenada—. Sí quiero bes…

Antes de terminar de hablar me toma del cuello y me pega a sus labios, son tan suaves y tibios como los recordaba, necesitaba esto, lo rodeo con mis brazos y hunde sus manos en mi cabello, tira de mi labio y sigue besándome, deseaba esto, su manera de besar es tan jodidamente buena que literalmente me mata, gimo en su boca cuando chupa mi labio, quiero seguir besándolo, pero la señora Steel comienza a toser haciendo que nos apartemos.

—Vaya, se notaron las ganas que se tenían —comenta mi hermana.

—Deberían regresar ya, chicos. Hermano, tú sabes que la quieres y Kiara a ti, no es justo que estén separados.

—Tienes razón, pero cállate —Nicolás me toma de la mano—. Familia fue un placer estar con ustedes todas estas horas, pero esta chica debe ver algo que le he preparado.

Miro sin entender y él camina conmigo de la mano, ya me hacía falta todo esto, pasar navidad con la persona que queremos no tiene precio, me toma de la cintura y entramos a su habitación, quedo embobada cuando veo la decoración que tiene, en el techo hay especie de un cielo, tiene unas estrellas que brillan con intensidad y una enorme luna en una de las esquinas, el cuarto se ve de color azul claro, se ve tan bello, me paseo por la habitación y me encanta cómo se me ve la piel debajo de las luces.

—¿Cómo sabías que iba a venir?

—Instinto masculino —me sonríe—. Kiara, yo quería pedirte disculpa por ser tan imbécil, yo hice todo esto porque te amo, y sigo pensando que no soy para ti porque no te cuido como debe ser, pero estar lejos de ti no tiene sentido —me toma las manos—. No tienes idea lo feliz que me haces que estés pasando navidad conmigo, pudiste estar en otra parte, pero estás aquí conmigo, que te he lastimado muchas veces.

—Nicolás, ya sé que mi padre te pidió que te alejaras de mí, y quiero decirte que fuiste un imbécil por hacerle caso —le doy una cachetada y luego un beso—. La cachetada es por hacerme sufrir estando lejos de mí y el beso por todo el tiempo que te extrañé.

—Esto es por todas las veces que te soñé —me da muchos besos que me hacen reír—. Mi Kiara.

—Te extrañé —le digo mirando sus ojos—. Es la mejor navidad que he pasado.

—Y tú eres lo mejor que me ha pasado.

Me estruja en sus brazos y sonrío sintiendo cómo el olor de su perfume entra por mis fosas nasales, me encanta estar así, quizás no seamos perfectos, pero nos amamos. Nicolás es todo lo contrario a mí y más de una persona pensará que somos disparejos, pero eso es lo que nos hizo ver que no importa lo diferente que seamos porque lo que cuenta es lo que sentimos, el amor se debe vivir en el momento que sea y no cuando nosotros queramos, Dios me dio una enfermedad que quizás puede acabar con mi vida, pero también me dio la dicha de sentir amor por alguien que me ama como si no hubiera un mañana y que fue capaz de estar lejos de mí solo por no lastimarme como él pensaba, pero lo que él no sabía era que mi corazón siempre le iba a pertenecer sin importar el tiempo que haya pasado.

Un amor disparejo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora