3. En la misma universidad.

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UN AMOR DISPAREJO

Capítulo 3: En la misma universidad.

-Nicolás Steel-

Estamos acostumbrados a tener todo a manos llenas y a exigirle cosas a otras personas que quizás no nos pueden dar, yo era una de esas personas que quería comerse el mundo. No pensaba que la vida me podía cambiar en segundos dejándome en una silla de ruedas. Pensé que tenía amigos, pero eso nunca fue así porque todos se alejaron de mí cuando tuve el accidente. Mi familia ha estado conmigo siempre, igual que mi mejor amigo Diego que nunca se apartó de mí sin importar mi mal humor.

Todo cambió en segundos, y escuchar que no volvería a caminar fue un golpe muy duro para mí. Muchas veces intenté acabar con mi vida porque creía que ya no tenía sentido seguir viviendo cuando había quedado postrado en una silla de ruedas para siempre, pero luego me di cuenta de que Dios tenía planes para mi vida y por eso regresé a la universidad para seguir estudiando diseño gráfico. Dudé mucho tiempo en regresar, no quería ser la burla de nadie, pero luego comprendí que no tenía amigos, que esas personas solo estaban conmigo por lo que les podía dar y que quizás no era de su agrado por mi manera de tratar a las personas.

Confirmo que las personas pueden ser tan lentas y descuidadas que pueden estresar; una chica terminó por tirarme su malteada encima y como si fuera poco es la misma chica que me iba a dar la rehabilitación en el centro, y creo que para ninguno de los dos fue la gran idea. No nos llevamos nada bien después de aquel accidente donde me dejó vuelto un asco y luego me tiró encima todo lo que le quedaba de la malteada porque la traté mal. No puedo negar que es hermosa, pero tiene una manera de ser tan estresante que sentí odiarla.

Me pasé con ella exigiéndole que me pidiera una disculpa, y me terminó por poner en mi lugar, y aunque estaba decidido hacer que la corrieran del trabajo porque casi me deja ahogar, no pude hacerlo. Solo en un día me enseñó que sí puedo lograrlo y que puedo volver a caminar para tener una vida mejor que antes. Cuando la fui a buscar me di cuenta de que no vive con todas las comodidades que yo tengo, pero veo en su mirada que es feliz y quizás no tener nada es tenerlo todo.

Cuando la vi hablando con un chico supuse que era su novio, él le dio un casto beso. Su rostro me parecía muy familiar y fue cuando me di cuenta de que ese chico es el novio de mi prima Sofía, y como si fuera poco, son oficiales y ya llevan más de un año. Mi prima se había ido para Colombia por un tiempo y ya regresó. Quería contarle a Kiara que «su novio» la tiene de cornuda, pero luego decidí que quiero que se dé cuenta por sí sola que su vida amorosa es una farsa.

-¿Listo para irnos? -Diego aparece en mi campo de visión-. Las chicas nos esperan.

-Te estarán esperando a ti. ¿Dónde está mi hermano? No lo he visto desde que me levanté.

-Ya sabes cómo es tu hermano cuando se trata de trabajos, y como sabe que tus papás irán con sus amigos a lo del paseo quiere dejar todo listo. ¿Vendrás con nosotros?

-Me toca ir, mi madre no quiere que me quede solo -le cuento, mientras me ayuda a salir de la casa para montarme en el auto.

-¡Qué ternura, no quieren dejar al bebé solito! -hace cara de bebé, y lo acabo con la mirada.

-No seas imbécil, Diego -se pone en marcha con rumbo a la universidad.

Tardamos varios minutos en llegar y cuando Diego me ayuda a bajar del auto para ponerme en mi silla de ruedas todos me miran como si fuera un marciano o algo por el estilo. Con el tiempo he aprendido a ignorar esas miradas que antes me hacían mucho daño. Mi amigo camina a mi lado, mientras yo ruedo las llantas de mi silla de ruedas para ir a su lado, y así llegamos al salón donde nadie me mira extraño porque creo que están acostumbrados a verme así, y a veces suelo ser muy odioso. Prefieren tenerme de amigo que de enemigo. «Ya lo sé, son unos hipócritas».

Un amor disparejo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora