Capítulo III

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✨ CAPÍTULO 3

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CAPÍTULO 3. Fábrica Nacional de Moneda y Timbre

Hablar de futuro no era algo que le gustase. El futuro es incierto, y está lejos de su control.

Tirana consideraba que el futuro no era más que el resultado de las decisiones que tomas a lo largo de tu vida, combinadas con un poco de suerte, claro está. Y ella había tomado muchas decisiones. Algunas buenas, y otras catastróficas, pero no se arrepentía de ninguna de ellas.

Rodó sobre la cama para encontrarse con el rostro de Berlín a escasos centímetros del suyo. Frunció el ceño. ¿Reconciliarse con él había sido una buena o una mala decisión? Se encogió de hombros. Tal vez en un futuro lo supiera.

Se levantó de la cama con cuidado de no despertarle, y se vistió con rapidez. Esa noche habían dormido juntos. No era la primera, y tampoco sería la última. Desde hacía casi un mes, esa escena se repetía una noche si, y otra también.

Tirana mentiría si dijera que no le gustaba despertar entre los brazos del hombre. Antes de caminar hacia la puerta se giró para mirarlo una última vez. Podía sentir como algo entre los dos había cambiado. El deseo que los había impulsado a juntarse, había sido sustituido, poco a poco, por algo más. Y ese algo no era más que un sentimiento que oprimía el pecho de la pelirroja cada vez que lo miraba.

Con esos pensamientos rondando su mente cerró la puerta sin mirar atrás y recorrió el pasillo con sigilo, para encerrarse de nuevo en la seguridad de su habitación. Se dejó caer sobre la cama con un suspiro.

Sabía que esa relación con Berlín en algún momento tendría que llegar a su fin. Ninguno de los dos pretendía entrar en la Fábrica con mochilas emocionales a sus espaldas, pues eso lo único que les traería serían problemas y preocupaciones innecesarias.

Sin embargo, disfrutaría de esos encuentros hasta que estos llegaran a su fin. Porque si, lo bueno siempre tiene un final, como todo en esta vida.

Fue capaz de descansar un par de horas más, hasta que unos toques en su puerta le hicieron abrir los ojos de golpe. Vio por el reloj que tenía sobre la mesilla, que no eran ni las 8 de la mañana. Soltó un quejido antes de caminar hacia la puerta.

Cuando la abrió se encontró frente al hombre de gafas.

- Buenos días, Profesor – saludó con una leve inclinación de cabeza.

- Buenos días, señorita Tirana.

La pelirroja sonrió levemente. Le hacía gracia que se dirigiera a ella como "señorita", pues ella de señorita no tenía ni la primera de las letras.

- ¿A qué debo su visita? – preguntó, al ver que el hombre se mantenía en silencio.

- He estado pensando que hoy puede dar usted la clase de tiro.

- ¿Yo? – encarnó una ceja.

- Si le apetece, claro – se rascó la nuca con cierto nerviosismo – Helsinki y Oslo enseñarán a manjera distintos tipos de armas, pero usted es buena con la puntería. Tal vez le pueda dar a sus compañeros algún consejo.

TIRANA {Berlín-Palermo} - LCDPHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora