Capítulo V

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✨ CAPÍTULO

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CAPÍTULO. Un secreto desvelado y una decepción

Berlín le lanzó una mirada nerviosa al tiempo que ocultaba ambas manos bajo la mesa. Tirana lo miró con sospecha mientras cerraba la puerta a sus espaldas.

- ¿Qué tienes ahí escondido? – preguntó sin rodeos.

- Nada – respondió el hombre con seguridad, aunque sus ojos lo delataron.

- Mientes – sonrió.

- ¿Acaso te importa?

- Por supuesto que me importa – avanzó en su dirección con lentitud – Si no no te lo preguntaría. ¿Qué es, Berlín? – repitió.

- ¿Eres siempre tan insistente? – el tono del hombre fue ganando seguridad, aunque eso no hizo que la pelirroja cesara en su intento por saber.

- No paro hasta conseguir lo que quiero. Ya deberías saberlo – añadió con una pequeña sonrisa.

A esas alturas de la conversación, Tirana ya había llegado a la mesa. Berlín la observó durante unos segundos antes de encogerse de hombros. Sacó las manos de debajo de la mesa para poner una caja justo encima. La pelirroja miró una de las manos de Berlín y vio que tenía un jeringuilla entre sus dedos.

Se mantuvo en silencio mientras veía como el hombre introducía el instrumente en uno de los botes que había en el interior de la caja para, posteriormente, inyectárselo. Sin preguntar, la pelirroja extendió la mano para coger uno de los botes y leer lo que ponía. Tras unos segundos lo volvió a dejar en su sitio con una sonrisa.

Berlín la observó mientras lo volví a guardar todo de nuevo.

- Es...

- Sé lo que es, Berlín – le interrumpió.

La sorpresa se reflejó en el rostro del hombre, que frunció el ceño ante esa confesión.

- ¿Cómo lo sabes?

- Lo he visto antes – respondió escueta, mientras rodeaba la mesa para, posteriormente, sentarse sobre ella frente a él - ¿Cuánto te queda? – le preguntó.

- Unas semanas. Como mucho dos meses – cubrió su brazo mientras acercaba la silla para ponerse entre sus piernas - ¿Cómo sabes lo ques?

- ¿Quieres que te cuente una historia triste, Berlín? – preguntó entonces la pelirroja, inclinándose sobre él - ¿Eso es lo que quieres?

- Quiero que me cuentes la verdad.

- Ah, la verdad, muy interesante concepto – se inclinó hacia atrás, mientras deslizaba la mirada por el despacho – La verdad es muy abstracta – continuó entonces, clavando sus ojos en él – Varía en función de quien la cuenta.

- Pues cuéntame tú verdad – le pidió, haciéndola sonreír.

Apoyó su mano sobre sus piernas, y las deslizó por ellas, convirtiendo el roce en pequeñas caricias.

TIRANA {Berlín-Palermo} - LCDPHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora