CAPÍTULO CUATRO

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Sostengo por el cuello de la remera a un niño y hago una mueca de aversión ante la suciedad que parece abrazarse a él con fuerza.

Soldat ―es lo único que digo.

El niño me observa asustado y aunque quiero darle una sonrisa para que se tranquilice no lo hago.

Un soldado aparece en mi campo de visión desde atrás de un automóvil volcado y se acerca trotando.

Nosotros estábamos en todos lados. Dándole protección a los más débiles a cambio de información de otras Congregaciones o Clanes que querían imitar lo que hacíamos. En el Ahora nada se entregaba sin esperar algo a cambio. Ya sea información, municiones, comida, agua o cualquier cosa que pudiera ser útil. Nosotros lo aceptábamos, pero no tolerábamos ni la traición ni a los aprovechadores.

Entrenamos a todas las personas que protegemos para que cuando llegue el momento, puedan defenderse. Pero había otra razón con más peso para hacerlo. Solo yo y dos de mis soldados inmediatos tenemos conocimiento del plan que se esconde detrás de todo ese entrenamiento.

Necesitábamos un ejército.

Es por eso que cuando encontraba a un niño vagando solo me aterraba. Eran los únicos que no podían defenderse. El hecho de que en su momento yo también pasé por ello y sufrí tratando de mantenerme a salvo, no me dejaba pensar con claridad. Quería salvarlos a todos.

Ningún niño merecía ser abandonado a su suerte en un mundo donde lo único que reinaba era la oscuridad eterna.

Me agacho frente al niño y lo tomo de los hombros para mirarlo directamente a los ojos.

― Estás a salvo.

Vuelvo a ponerme de pie sin esperar una respuesta y levanto mi dedo meñique hacia el soldado. Asiente y toma la mano del niño espantado.

Lo más difícil de querer salvar a un niño era que ellos no podían ocultar su miedo. No podían ocultarse de las Sombras.

SURVIVOR: El Mundo de las SombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora