Verónica, una de las Vulturi más peligrosas, temida y maligna. El, Alec Vulturi su compañero inexperto en el amor.
¿Que sucederá cuando estos dos se den cuenta de sus sentimientos?
¿Alec logrará enamorarla?
¿Verónica lo aceptará?
|Espero que disfrut...
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Miré atentamente a las humanas que bailaban, algunas borrachas y otras drogadas sin saberlo. Él autor de esto era bastante rápido para colocar pastillas en las bebidas. Era bonito, de esos chicos hermosos metidos en cosas turbias que atraían a las chicas.
Definitivamente el chico iba a ser drenado esta noche.
Me aproxime a la pista de baile, específicamente al centro, donde él se encontraba. Había estado mirando a muchísimas humanas, así que sabía que movimientos realizaban. Revolví mi cabello y lo miré. Conectamos miradas y me sonrió de lado. Me resultó extremadamente sexy. Observó mi cuerpo, que se encontraba en un corto vestido apretado negro, haciendo que mi cuerpo resaltara más. Sentí muchas miradas sobre mí y no solo de hombres.
En un movimiento inesperado, el chico se dio vuelta y se metió entre las personas.
Seguí bailando, atrayendo a más humanos. Todos me miraban como si fuera su presa, cuando era al revés.
Olí el olor del chico, que se acercaba desde atrás. Se pego a mí, colocando sus manos en mi cintura.
– Vamos arriba– dijo contra mi oreja, para luego suspirar, haciendo que sintiera todo su aliento en mi cuello.
Asentí y me di vuelta, agarrándolo de la mano. Lo guié hacia las escaleras y subimos. Podía ser de otra época y todo, pero sabía muy bien que intenciones tenía el joven.
Entramos a una habitación, cerró la puerta y se abalanzó hacia mí, besándome. Besaba bien para ser humano, además ignoraba mi piel fría. Lo presioné contra la pared, teniendo yo el mando, tapé su boca con mi mano y él frunció el ceño, confundido. Me aproxime hacia su cuello y lo mordí, empezando a succionar su sangre.
Sorprendentemente el chico no gritó, en realidad sonrió y le dio un beso a mi mano. Levanté mi cabeza de su cuello mirándolo fijamente.
– Eres demasiado sexy– habló contra mi mano.
Sonreí con suficiencia.
– Lo sé. Me sonrió, con un brillo extraño en sus ojos.
– Sigue, no me importa morir en manos de una chica con aspecto de ángel.
Alcé mi ceja e ignorando su comentario, volví hacia su cuello absorbiendo su sangre hasta la muerte.
Baje como si nada y salí del boliche, la música ya me estaba aturdiendo. En la calle, me alimenté de una pareja.