Capitulo VIII

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Nicole

-No sé cómo haces para ser tan romántico. –lo miro.

-Soy un amante de los libros, por eso sé qué les gusta a las chicas. –sonríe.

-¿Así que lees para deslumbrar a las chicas? –digo burlona.

-No, no. Sabes que amo la lectura, y debo admitir que todo eso, me ha hecho un chico cursi y romántico. –dice un poco sonrojado.

-Y eso es lo más tierno que he oído. –le beso su mejilla.

Ésta noche no puede ir mejor. Christian es el hombre más encantador que puede haber alrededor del mundo. El traerme a la cima de una montaña dónde podíamos observar la ciudad, me dejó en asombro total. Es algo tan sencillo que puede hacerte olvidar todo y atraparte en un momento donde lo único que importe es detallar y valorar. Él sabe que amo estos detalles y no puedo evitar sentirme querida por este regalo.

Luego de haber apreciado el encanto de New York, me hizo sentarme en el césped y esperarlo mientras buscaba algo en el auto. Cuando salió de él, sonreí al verlo venir con una cesta que contenía comida. Él es uno de esos hombres de los cuales quedan muy pocos; detallista y con un gran corazón.

Después de comer nos acostamos sobre la manta donde estábamos sentados mirando el cielo. No puedo decir que observábamos las estrellas porque en el cielo no había ni una sola, de hecho solo había nubes negras que rodeaban la luna, casi tapándola, y amenazando con una pronta lluvia.

-La noche hubiera terminado bien si estuvieran las estrellas presentes. –dice, puedo notar un poco de molestia en su voz.

-¿Quién necesita ver estrellas cuando esta junto a ti? –digo, y  agrego- Eso sonó muy romántico, no quiero que salgas corriendo. –río.

-¿Qué viene luego? ¿Me propondrás matrimonio? –dice burlón y deja un beso en mi cabeza.- Éste momento debe ser capturado. –toma su teléfono y me la da. Lo agarro, lo coloco frente a nosotros y tomo varias fotos.

-Sin duda la que más me gusto fue en la que salimos besándonos. –dice y sonrío.

No sé si esto que está pasando con Christian es una relación, de verdad quiero que lo sea. Siento que el ver a Christian de nuevo es una señal. Por algo nos reencontramos de nuevo, ¿no? A veces quiero preguntarle qué está pasando con nosotros, pero no quiero que me mire desesperada, a lo mejor lo está tomando con calma.

En mi vida no he tenido amores de los que me gustase recordar, cuando terminé con Christian empecé a salir a fiestas tratando de no recordarlo. Una vez estuve con un chico y a los siguientes días me sentía acosada; me llamaba, me enviaba regalos e incluso llegaba a mi trabajo a celarme con cada chico que trabajaba allí. Desde esa vez supe que no era buena idea tener una noche con un desconocido, pues podría ser muy peligroso.

Tuve un novio con el que duré 3 meses, y resultó ser un patán que se acostaba con su madrastra. Después se preguntan por qué las mujeres desconfiamos tanto de los hombres.

Sin embargo Christian rompe todas esas barreras, es como si él nunca se hubiera ido. Siento la curiosidad de saber más sobre lo que ha hecho pero prefiero darle tiempo al tiempo. Solo espero que no se haga demasiado tarde.

De vuelta al apartamento vamos cantando cada canción que suena en la emisora, y bailando en nuestros asientos. Él ha sonreído tanto que siento ganas de saltar al saber que yo soy la causante de esa sonrisa.

Caminando por el pasillo a mi puerta; nos detenemos.

-Gracias por esta noche, Chris. –lo miro- La he pasado de lo mejor, hace mucho no la pasaba tan bien.

-No tienes nada que agradecer bebé –me sonrojo y lo beso.

-¿Quieres pasar?

Barreras de lo ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora