R

584 32 144
                                        


¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

-          Vander hace frío y

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

- Vander hace frío y...

- ¿Cómo? -V me miró con los ojos como platos.

Maldita sea, había fastidiado el momento mencionando un fantasma de mi pasado en mitad de un acto tan íntimo. Pero, en mi defensa diré que mi caótica mente relacionaba la aldea con Vander, por ese motivo, mi subconsciente me había traicionado de una forma muy vergonzosa.

- Uff... -instintivamente se alejó dos pasos atrás. - ¿Podrías dejar de recordarme que te follas a otro? -dijo prácticamente escupiendo cada palabra.

Como la situación se había tornado un tanto incómoda me vestí. V imitó mi reacción y se puso la camiseta de forma brusca. Se notaba que no le había hecho ninguna gracia escuchar el nombre de Vander, cosa que comprendía perfectamente porque en su lugar habría reaccionado de la misma manera o incluso peor. En otras circunstancias le habría pedido perdón por mi torpeza, pero no parecía la solución más acertada porque una disculpa no era suficiente.

La niebla del placer se evaporó de la cueva. El calor que emanaba el cuerpo de V se había apagado por un barniz de hielo. La oscuridad que nos rodeaba ya no creaba un ambiente pasional o romántico, sino más bien tétrico y amenazante. Afortunadamente, el sonido de la luvia aumentó su intensidad, provocando que el silencio que nos envolvía se manchase de sonoros ecos.

No sabía qué decirle.

- Me iré a mi casa. -su rostro se ensombreció.

La ira le había consumido por dentro, impregnando sus oceánicas aguas con una capa de chapopote. Su cuerpo estaba tan lleno de cólera que su entrecejo no conseguía expresar por completo su furia. No me miraba, pero se notaba que luchaba con toda su alma contra un pensamiento que le perturbaba. Tal vez, combatía en su interior esa batalla para no soltarme todas las blasfemias que se le estaban cruzando por la mente.

Era evidente, que se arrepentía de lo que había pasado en la cueva. Sin embargo, jamás compartiría sus pensamientos conmigo porque V siempre se guardaba todos los conflictos para él mismo. Realmente, tampoco tenía mucho sentido que me explicase lo que pasaba por su cabeza porque tanto su cara como su decisión de marcharse de la aldea probaban su descontento.

Guardaré tu saborDonde viven las historias. Descúbrelo ahora