37. Sorpresivos encuentros

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Lo desmedida furia del Tirano de las Sombras se aplacó debido al joven que le presentó el consejero del palacio. Analizó detenidamente sus características y pudo descubrir uno de sus azulados ojos, pues el otro estaba cubierto por un largo mechón cobrizo; su contextura era delgada, aunque con cuerpo bien trabajado, y su estatura casi como la de su persona, superior a la de la mayoría de los twili.

El joven, notando que Zant no le quitaba la mirada de encima, se hincó ante él en señal de respeto.

- Mi nombre es Nadir, es un honor estar ante la presencia de usted, mi venerable señor.

- Mi rey, él es el joven del que le hablé hace un momento. Está completamente capacitado para cumplir con su requerimiento. – mencionó el consejero.

- Así es, majestad. Cumpliré cualquiera de sus deseos sin importar que sea.

Zant quedó enmudecido ante la presencia del recién llegado. Por alguna extraña razón no le daba buena espina, sin embargo, decidió restarle importancia a sus pensamientos y dirigirse a él.

- ¿De dónde saliste? ¿Cómo es que conoces a Yair? – preguntó serio.

- Digamos que... es un familiar muy lejano. Me conoció de niño, pero tomé mi propio camino y encontré mi vocación.

- ¿Vocación?

- Soy un mercenario, mi señor.

- Eso quiere decir que...

- Por dinero soy capaz de cualquier cosa. – añadió el joven.

- Ah...

Justamente lo que Zant necesitaba se encontraba a su merced; un hombre decidido y sin sangre en las venas, capaz de vender su alma por unas cuantas rupias.

- ¿Así que eres capaz de lo que sea?

- Lo que sea, mi rey. No hay limitaciones en mis servicios.

- Entonces, ¿no te tocas el corazón con tus víctimas?

- ¿Corazón? ¿Yo? Desconozco ese significado desde hace tiempo. Yo no discrimino en nada, fulmino lo que tengo que fulminar. – respondió con sorna.

- ¡Perfecto! Entonces quiero que busques al pequeño hijo de la desterrada princesa Midna y lo mates. ¡Tráeme una prueba de su muerte!

El joven se quedó en silencio analizando la petición de su amo. Después, con una maliciosa sonrisa, respondió.

- ¿Un niño? ¿En serio? Es la tarea más fácil que se me ha encomendado. Tenga por seguro que le traeré al mocoso muerto en el menor tiempo posible.

La euforia de Zant se hizo presente ante la afirmación del mercenario, y comenzó a correr por todos lados al saberse complacido en lo pedido. Fue tanta la alegría que lo invadía que se le ocurrió una brillante idea para "celebrarlo".

- Tus palabras me alegran enormemente, es tanta la emoción que me embarga que creo que le enviaré un pequeño regalo a Midna.

- ¿Regalo? ¿Qué planea hacer, señor? – preguntó Nadir, serio.

- Creo que unos olvidados seres podrían ir a hacerle compañía ahora que se encuentra camino a la tercera llama sagrada. Como le prometí a mi dios, lo ayudaría con las criaturas de mi mundo... así que ha llegado el momento de hacerle el favor.

- Ya veo, muy bien... – comentó el mercenario.

- Por lo pronto vete con Yair para que te muestre la que será tu habitación, mientras tanto yo acumularé todas las energías posibles para lograr invocar a mis leales criaturas.

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