54. Indicias devastadoras

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El Rey del mal se encontraba en la comodidad de su usurpado trono, conteniendo la ira de destrozar su oráculo con sus propias manos debido a la imagen que este le había mostrado; la nefasta derrota de uno de sus más fuertes servidores, pensando que por esta vez sus planes iban a salir a la perfección.

- ¡Maldita sea! ¿¡Cómo no pude haber calculado algo como eso!? ¡Ese bastardo terminó encontrando el punto débil de su sombra! – exclamó enfurecido.

Ganondorf creyó manipular a Link por medio de sus malas emociones, las que solo salían a flote cuando pensaba en su contraparte, pues el saber que este quería apoderarse de la mujer que más amaba, era algo que lo descontrolaba por completo, hasta el punto de olvidarse de su verdadera misión.

- No me importa que toda esta caterva de inútiles me haya fallado, pues aunque ese maldito mocoso le haya ganado a su sombra, ha quedado vulnerable emocionalmente... al parecer tú no vas a ser la única arma que voy a tener que usar, preciosa.

Inmediatamente, el villano puso la mirada en su víctima, quien se encontraba ajena a todas las cosas que estaba planificando, las que derrumbarían la voluntad del héroe.

...

Poniendo todo su empeño para levantarse de su derrota, mientras el dolor de cuerpo la mortificaba terriblemente, se encontraba la líder de los sheikahs, aún arrimada en los muros de la entrada del palacio.

Aparte de dolor físico, la frustración de haber fallado en su más importante misión la había devastado, pues justo en el momento en el que había encontrado a la princesa, quien estaba acompañada por aquellas extrañas criaturas que vio el día que conoció al héroe en persona, el Rey del Mal llegó hacia ella con todas las intenciones de llevársela, notando como, sin dejar que las acompañantes reaccionen, les lanzó un oscuro rayo de energía para hacerlas desaparecer del sitio, sin dejar ningún rastro.

Fue en ese momento, que sin dudarlo, la guerrera desenvainó su gran espada para enfrentarse al villano, teniendo en su conciencia que este la superaba en tamaño y fuerza. Sin embargo, no le importaba perder la vida con tal de salvar a su pupila, quien parecía sumamente consternada por todas las cosas que sucedían a su alrededor, como la dura pelea que su amado estaba teniendo con su contraparte; sumado a eso la desaparición de sus compañeras, pues no sabía a dónde habían ido a parar gracias al ataque del Rey del Mal.

Decidida a rescatar a la princesa, Impa elevó su arma a la cabeza de su adversario para noquearlo. Sin embargo, el villano creó una enorme esfera de energía en sus manos, la que lanzó a su pecho y causó que vaya a parar a uno de los muros.

Impactada, sin siquiera poder moverse, escuchó como la princesa luchaba por zafarse de los brazos del villano para ir a salvarla. Sin embargo, este provocó que la joven se desvaneciera en sus brazos, para luego lanzar una sonora carcajada al haber salido triunfante en sus fatales objetivos. Finalmente, se retiró a la protección de su palacio.

Al rememorar aquellos hechos, la furia de la sheikah llegó al límite, hasta el punto que lágrimas de impotencia y frustración resbalaban por sus mejillas, pues no pudo hacer nada por salvar a su amiga, poniendo todas sus esperanzas en el príncipe, el que se había llevado un arma que podría servirle para cualquier macabro plan que el Rey del Mal tuviera planeado en su contra.

Después de unos minutos de lamentarse en su derrota física y moral, frente a ella apareció su leal compañero, quien se alarmó al verla en ese estado, haciendo que en ese momento la tome de los brazos para darle soporte.

- ¡Impa! ¿Qué te ocurrió? – preguntó Azael, preocupado de ver su compañera lastimada.

- ¡Fue ese maldito de Ganondorf! ¡Traté de impedir que se lleve a la princesa, pero no pude hacer nada! – exclamó enfurecida.

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