Oscuras nubes empezaron a cubrir las verdes praderas de la tierra de Hyrule, las que fueron las causantes de una inesperada y torrencial lluvia, mientras que
La princesa se encontraba con su amado en brazos, incrédula a lo que había ocurrido en tan solo segundos de su esperada reunión, pues como último golpe, dispuesto a culminar con su venganza, el Rey del Mal lo había embestido con la más letal y profunda de las agresiones, donde toda la oscuridad y maldad escondida dentro de su alma podía percibirse cual destructoras dagas clavándose en el corazón.
Sin poder evitar que las lágrimas resbalen por sus mejillas, la joven tomó el rostro de su amado y empezó a retirar la sangre que lo manchaba, para observar su semblante sin signos de vida. Comenzó a desesperarse y clamó a su llamado para despertarlo, incrédula de que este ya no se encontrara a su lado.
- Link... despierta, por favor. Ya todo terminó. – pidió la joven, suplicando con consternación.
No recibió respuesta alguna más que el petrificante silencio, el que solo había escuchado en la peor de sus pesadillas, donde lloró amargamente la más terrible de sus pérdidas. Sin embargo, dispuesta no aceptar la lejanía de su ser amado, entrelazó sus labios con los de él, tratando de que la calidez de sus besos causara algún efecto, y lo único con lo que se encontró fue con la frialdad de su boca, la que no reaccionó a ninguno de sus tratos. La dama se desconsoló más y siguió clamando el nombre del guerrero con dolor y reproche.
- ¡Basta, Link! ¡Ya despierta de una vez, por favor! No es necesario que hagas esto, ya todo lo malo que nos rodeaba ha terminado. Abre los ojos, necesito que me mires y que acabes con el dolor que me está consumiendo. – suplicó la joven, desgarrada hasta más no poder.
Siguió clamando con histeria y desesperación el nombre de su esposo, mientras acariciaba sus labios; hasta el punto de golpear su pecho con sus finas y temblorosas manos al no encontrar ningún signo de movimiento en él, las que mostraban la impotencia que se había formado en su corazón al inconcebible hecho de que el gran amor hubiera muerto. No podía aceptarlo, no después de todas las pruebas que tuvieron que pasar para poder estar juntos, no ahora que habían ganado la batalla más terrible y devastadora de todas, pero sobre todo, por el hermoso futuro que les esperaba juntos, donde una inocente criatura estaba esperándolos para recibir todo su amor.
- ¡Tú no puedes hacerme esto! ¡Tú me prometiste que saldrías con vida de esta batalla, que no me dejarías sola! ¡Tienes que cumplir con tu juramento, no seas un mentiroso!
Siguió llorando desconsolada con su amado en brazos, escondiendo sus labios en su cuello, mientras las lágrimas de sus ojos lo humedecían. No podía creer lo que estaba ocurriendo, toda su esperanza se había desvanecido de manera abrupta por culpa de aquel rufián, quien aún seguía deambulando bajo la esencia de su maldad con tal de martirizarla, su último recurso para culminar su venganza. La tormentosa lluvia se camuflaba entre el cristalino llanto de la princesa, quien aún seguía llamado a gritos a su héroe.
- Te lo suplico... no me dejes, hazlo por mí y por nuestro bebé. No nos abandones.
Colocó una temblorosa mano en la mejilla del fallecido héroe, sin poder detener el sollozo que salían de sus labios de manera descontrolada. Observó y palpó cada una de sus varoniles y finas facciones, deleitándose con aquella imagen que desde el inicio le había encantado, y la que nunca se cansaría de admirar.
En ese momento, la joven sintió un extraño peso sobre su hombro, pues la noble yegua había colocado su hocico encima de ella, mientras producía dolorosos bufidos, demostrándole que estaba sintiendo el mismo dolor que ella, pues había perdido a su fiel amo, a su mejor amigo, quien la había rescatado de una posible vida de esclavitud cuando la había defendido en la ciudadela, y con quien desde hace muchos siglos se había relacionado en un amistoso y cálido lazo.
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Almas unidas
FanfictionDesde tiempos inmemoriales, las almas de la Princesa del Destino y del Héroe Elegido por las Diosas han estado unidas. No sólo han renacido varias veces para acabar con el mal que amenaza al mundo, sino también para amarse el uno al otro. Por eso, c...
