21. Psicópata

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Debía estar loca, si definitivamente estaba loca.

Caminar a altas horas de la noche no era una buena idea, pero que más da. Me importaba una mierda ahora.

Mi mañana había sido muy agitada, primero me había despertado con unas putadas de mi madre, luego de mi tía y de sus hijos buenos para nada.

Mi padre nos había abandonado en una situación no muy buena, habían muchas deudas y para alivianar la tensión, mi madre había invitado a su hermana solterona a nuestra casa.

La cual había dicho que no se quedaría más de dos semanas, ya que se le había presentado un importante trabajo en el centro, ahora tenía más de cinco años viviendo con ellas junto con su hijo de dieciocho años y una de catorce.

Su madre no trabajaba, mientras que ella misma se encargaba de mantener su casa a flote con lo que podía.

Según había escuchado una conversación de su tía con su madre, donde ella le recomendaba no trabajar y dejar que Alexandra tomará las riendas de la casa.

Claro, estaba pasando por una etapa de depresión, por lo que siempre se tragaba las putadas de su madre cuando no llevaba el dinero suficiente para darse sus lujos para ella, su hermana y sus sobrinos. Mientras ella trabajaba hasta muy tarde en un supermercado veinticuatro por siete.

La única cómplice que tenía para darle consuelo de su vida era su abuela, quien vivía unas cuadras las abajo de donde vivía.

- Tú tía siempre fue una zorra, nunca término sus estudios ya que la expulsaban de todas por querer follarse a los docentes cada vez que baja sus notas - recordó las palabras de su abuela - Esos niños que dice ser su orgullo, fueron su pecado más horrible, Derek es hijo de un idiota que le dio dinero a tú madre para costearse unas joyas que tú madrina le regaló a tú madre y Jessica es hija de un hijo de puta que solo la quería follar y regar el chisme por todo el pueblo - se encoge de hombros al anciana - Tú tía siempre fue una fresca, la follaban para un rato y ella pedía dinero para ella misma, creía que el dinero llovía de los árboles y que toda su vida se la pasaría mantenida por un idiota con dinero - dice la anciana a su nieta.

Había sido algo ciega, no había creído en esos cuentos, su madre siempre fue independiente y trabajadora, pensó que era normal el hecho de que el hombre de su vida la halla abandonado y halla caído en depresión así, sin más. Que se recuperaría y todo estaría bien.

Pero fue lo opuesto, se cansó de esperar tanto el hecho de que siempre faltaba la comida y el dinero en su casa, de ir casi todos los días a la casa de su abuela en busca de comida.

No, no le gustaba esa vida y se enojaba con su madre por el hecho de caer en las redes de su hermana, en ser como ella, como Débora.

Suspiró y cruzó una esquina entrando a su vecindario, estaba por llegar a su hogar cuando algo la detuvo, volteo y vio un enorme camión frunció el ceño y se quedó hay.

Unos coches entraron igual paseándose en frente de la casa continua de la suya.

Nuevos vecinos, pensó Alexa.

Se quedó hay un rato hasta que desde los coches comenzó a salir gente, se dió la vuelta y caminó a su hogar.

(...)

A la mañana siguiente, Alexa terminaba de hacer el desayuno, el timbre de la puerta sonó y decidió no atender, Jessica estaba en la puer...

- Ale abre la puerta por favor - dice su madre entrando con sus manos sobre su cabeza.

- Pero Jessi... -

- No me repliques niña - le reprocha la mujer sentándose en una de las sillas del comedor - Joder, que jaqueca - murmura y Alexa suspira.

Abraham Mateo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora