10. Tras la corona

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Un fuerte gemido salió de su boca cuando él la comenzó a embestir.

Sonrio con levedad cuando el sonido de sus pieles chocar inundaron sus oídos y de por si, la habitación, era algo que ambos disfrutaban.

- Oh, sí - gimio ella.

Él acomodo sus caderas a una velocidad promedio... y fue hay cuando su juego carnal comenzo en verdad. Los gemidos de ella retumbaban entre las paredes, más fuertes mientras el sonido de la carne chocar con carne, aumentaba cada vez más.

Él río y se inclinó para estar a la altura de su oído - Oh, sí. Todos quieren follar este coño tan dulce - ella gime - Pero solo yo puedo joderlo como a ti te gusta... ninguno se compara conmigo bonita - afirma encertando estocadas duras.

- Mi rey - gime ella y eso fue todo para él.

Salió y entró de golpe de aquella cavidad dulce, mojada y apretada. Arremetiendo con fuerza contra ella, su vista su nublo y solo veía como su polla desaparecía por aquella cavidad.

- Oh. Joder... si, si, si - lo alentó gimiendo deliciosamente.

- ¿A mi puta le gusta que le joda el coño, no? - más como una pregunta, fue una afirmación, sin dejarla contentar arremete con más fuerza.

- ¡Oh si! - grita extasiada.

La cama comenzó a emitir un chirrido, ella gimio en alto su nombre acompañado de más jadeos y gemidos, un golpe de realidad y de consciencia atravesó su mente dejando que la ¿ira? ¿Celos? Se encargarán de la situación.

Dándole lo que ella le pide siempre y deseaba en él.

- Más, más - jadea, unas nalgadas certeras y duras impactaron en ella y sus gruñidos fue lo que llamó su atención.

Sus gemidos se volvieran más altos, más repetidos ante las estocadas con misericordia por la parte de él.

Ella volteó su mirada y su mirada grisácea se posó en aquellos mechones largos, en aquella barba de días, en su fuerte pecho y en su mirada lasciva en ella.

Él se inclino y pegó sus labios con los de ella, el orgasmo estaba hay y grito con fuerza que fue amortiguado por sus labios.

Mojo las sábanas de gran manera y él acabó saliendo de su interior y siguiendo dejando su simiente en sus glúteos y espalda.

Ambos se separaran y sueltan una risita cómplice.

Él se aparta y aún ella de rodillas y abierta para él, mira como parte de su semen sale de su coño y su polla le dio un tirón por aquella acción tan erótica.

La vio sentarse sobre sus jugos y su espalda morena sudada.

- ¿Le ha encantado? - le pregunta mirandolo sobre su hombro y él sonríe satisfecho.

- Por supuesto que sí - se acerca a ella y besa sus labios - Eres mi dulce tentación, hermosa - le murmura y la besa con deseo.

- Solo para mi rey - le murmura y él se separa para vestirse.

Ella toma sus sábanas y se cubre con ellas mientras mira como el gran Hombre en frente de ella se viste con aquellas prendas caras y elegantes.

Lo ve terminando de acomodar su corona en su cabeza y la mira atraves del espejo.

- Aún se me hace extraño que me hallas visitado - le dice ella - ¿Ocurrio algo, su majestad? - le pregunta risueña y él sonríe volteandose.

Abraham Mateo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora