/... Apartado sin una línea de tiempo.../
- ¡...eres un idiota! - Abraham apenas abre la puerta y escucha ese grito seguido de algo romperse.
- Pero...
- ¡Nada, lárgate! - grita una voz femenina y Abraham suspira, abre más la puerta y un chico pelinegro con ropas caras aparece en su campo de visión.
- Abraham - dice el pelinegro pasando por su lado, Abraham no le contesta nada, solo le da una mirada fulminante y cuando este pasa por el umbral la cierra de golpe.
Camina a zancadas hasta la sala de estar y su rostro enfurecido se relaja al ver a su mejor amiga sollozando en el suelo.
- Mía...
- Tú también lárgate - le dice Mía sollozando.
- Mía no se porque habéis peleado - le dice Abraham acercándose - Anda di... - trata de poner una mano sobre su hombro pero la chica le da un manotazo.
- ¿Qué no sabes? - le pregunta en carandolo con su rostro con el rímel corrido y lágrimas en los ojos - ¿Entonces lo que dijo Mario es verdad? - le pregunta incredula.
- Mía no se de lo que...
- Tú lo sabías - dice dolida, se levanta y se aleja de él, Abraham se tensa pero igual se levanta y la sigue.
- Mía ¿qué te dijo...?
- ¡Tú sabías que me engañaba con la zorra de Madison! - le grita y Abraham se queda tieso en su lugar - ¡Anda niegalo! ¡se hombre y mienteme! - le grita.
- Tranquilízate, sí - le pide tenso.
- Tú lo sabías - murmura dolida, le da la espalda y lleva una mano a su cabello.
- Te lo iba a decir - dice culpable y dolido - Pero... - se detiene.
- ¿Qué? - le pregunta Mía dura, se voltea y lo mira mal - ¿Pero qué? - le pregunta. Abraham toma aire y cierra sus ojos tratando de aliviar los temblores en su cuerpo.
- No quería que esto pasara - le sincera, Mía niega con su cabeza - No quería verte mal yo... yo... - una lagrima escapa de su ojo - No, querida verte así ¡me importas joder! - le exclama.
- Si en verdad te importara me hubieras ahorrado 'esto' - enfatiza con ironía, le da la espalda - Quiero estar sola - le pide.
- Mía yo nunca...
- Dije que quiero estar sola - le repite.
- Mía...
- ¡¡Qué te largues!! - se voltea molesta, Abraham se sorprendió por ese arranque - ¡¡¿qué no escuchas?!! ¡¡¿eres sordo?!! ¡¡lárgate!! - le grita con furia y enojo.
Abraham traga duramente y no se mueve.
- Abraham Mateo no me obligues a echarte yo misma - le advierte y Abraham no hace nada - Dije que te largues ¡joder! - se acerca a él y lo empieza a empujar.
Pero no puede ni siquiera moverlo.
Empuja, empuja y empuja, y nada, no se movía, esa era la desventaja de tener a un amigo de 1.80 con mucha masa muscular debido al ejercicio.
De repente Abraham siente unos golpes en su pecho, cada vez los golpes se hacían más fuerte y maniobró sus manos para tomar las de Mía.
Sus sollozos se oigan, la impotencia y la rabia se estaban acumulando en ella y eso era algo que Abraham no quería.
Sus manos ejercían fuerza para separarse de Abraham y tratar de que se fuera, pero todo era en vano, cansada, con rabia y con el sentimiento de que todo se le venía encima. Dejo de luchar y se dejo caer al suelo... pero no toco el suelo.
Abraham la sostenía rodeando rápidamente sus brazos a sus cuerpo pequeño con fuerza mientras escuchaba en su oído los sollozos de su mejor amiga.
Poco a poco fue bajando hasta estar ambos arrodillados con cuidado de que Mía no se lastimara.
La recuesta en su pecho y ella queda de lado, su mejilla toca su pecho y sus lágrimas mojan la camiseta del castaño.
- ¿Porqué me hiciste esto? - le pregunta Mía dolida, suelta un sollozo y el corazón de Abraham se rompe más poco a poco.
- En serio no quería esto - le dice Abraham - Tú vales y eres mucho más que ella, no te mereces a un idiota como él a tú lado - le dice Abraham.
- ¿Pero porqué mentirme, porqué ahora? - le pregunta Mía.
- Porque no quería ser quien te rompa - le revela - Me importas mucho, de verdad lo eres. Y no me perdonaría ser quién te rompa el corazón, y me dio miedo - le dice y Mía lo mira - Te quiero, y no me perdonaría ser quien te de las malas noticias, fui un idiota al no decirlo si. Pero no daban las fuerzas de decírtelo - suspira y Mía suspira igual.
- Eres la única persona en la que confío - murmura - Ya ni se si confiar en ti o... -
- Siempre podrás confiar en mi - la interrumpe - Solo quiero lo mejor para ti, eso hacen los amigos - le dice y Mía asiente limpiando sus lágrimas - ¿me perdonas? - me pregunta y Mía niega.
- No están fácil y lo sabes - le dice Mía, se separa y se sienta al frente de él - Me mentiste, en mi cara - le dice dolida, Abraham baja la cabeza - Cuando te preguntaba donde estaba Marcos tú me mentías, para que él estuviera...
- No - la detiene - Yo jamás te mentiría con eso - se defiende.
- Ya ni se si creerte en verdad - lo mira dolida, Abraham la mira triste - Por favor - le pedí sin aire y él suspira.
- Vale - asiente - Te dejaré tú espacio, pero no me iré - le aclara - Iré a mi habitación y cuando vea que es necesario vendré, no te dejare sola. Porque no lo estás - le dice Abraham severo.
Se levanta de su lugar y la mira por última vez, suspira y camina por el pasillo que lo lleva hasta su habitación.
Se encierra en él y mira la hora en su celular, lo tira encima de la cama y se acuesta en el, cierra sus ojos y decide descansar un rato, solo un rato.
Mía lo necesitaba.
(...)
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