Capitulo: 13

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​ Llegó el día de despedir a mi madre, estaba algo triste y nerviosa, pero mis amigos nos acompañaron a la central para decirle adiós. Sam y los demás se han portado tan lindos conmigo que es imposible no estar eternamente agradecida. Regresamos a mi casa, pero no quería entrar, no estaba lista, así que se ofrecieron a hacerme compañía un rato más, pero lo negué; solo estaría retrasando lo inevitable, qué triste es sentir esto en tu propia casa.

​Me despedí de los chicos y entré al que sería mi hogar un tiempo más. Mi padre ya se encontraba de regreso; al verme, sonrió con tristeza. Me acerqué para abrazarlo. Tal vez debería odiarlo, pero no puedo; él también ha sufrido como mamá, y ambos tienen la culpa por dejar que su relación se quebrara tanto. Sentí sus brazos rodearme y cómo su respiración se agitaba; me dejé abrazar y le devolví el gesto. Al fin de cuentas, es mi padre.

​Los días posteriores siguieron con normalidad. La rutina no había cambiado mucho; simplemente pasaba más tiempo sola en casa, lo cual me hacía bien para pensar y acomodar mis ideas. Escuchaba música a todo volumen, retomé la lectura de distintos libros que anteriormente había pausado, también me dedicaba a dibujar; sentía la necesidad de mantener mi mente ocupada, enfocarme en lo que realmente importaba. Incluso me inscribí a un curso de primeros auxilios junto con Alonso; él fue quien me lo sugirió. Tenía ganas de hacerlo, pero no quería ir sola; Melisa y Mariana lo descartaron, no les interesaba. La verdad es que todas las personas deberían tomar un curso así, nunca se sabe cuándo se puede ocupar. Lunes, miércoles y viernes eran los días que lo impartían. Pronto nos acoplamos; a veces, al terminar la clase, íbamos a tomar algún café o simplemente platicábamos. Lo cierto es que Alonso era mi mejor amigo, aunque me parecía gracioso cómo se ponía nervioso en ocasiones. Antes no solíamos pasar tiempo a solas, pero desde este curso nuestra amistad se fue reforzando, y de hecho, hoy viernes me invitó a cenar. Mi padre accedió sin problemas y, por primera vez en mucho tiempo, me prestó su auto —desde que tenía 16 no me lo prestaba, a pesar de que estuvo insistiendo para enseñarme a conducir—. Alonso no tenía auto, así que se sorprendió cuando le dije que pasaría por él para ir al curso ya que íbamos en autobús. Terminando, conduje hasta el lugar que me pidió; me sorprendí al ver que era un sitio algo costoso. No es que no pudiera pagar, pero normalmente era un lugar para citas románticas, y ahí fue cuando mi corazón se aceleró: «Alonso me invitó a una cita». Temía que se me confesara; no podía verlo como algo más que un amigo. Entré dudosa y nerviosa, y parece que se dio cuenta.

​—¿Estás bien? Te noto algo tensa. —Sus ojos me analizaron. Traté de disimular lo mejor posible.

​—No, bueno, es que... Es un lugar algo costoso, ¿estás seguro?

​—Claro, no te preocupes, yo te invité, yo pago.

​—¿Qué? ¡No! Claro que no, no dejaré que pagues por... —Me interrumpió.

​—Antes de continuar, no te hagas una idea equivocada. Te invité a este lugar porque quiero ver qué tal está; quiero traer a una persona aquí y tener una cita. Supongo que te estoy usando como conejillo de indias. Lo siento, por eso voy a pagar todo. —Por unos segundos me quedé en blanco, pero me relajé; no era lo que pensaba.

​—Ya veo... Entonces, ¿quién es tu enamorada? —solté en tono burlón.

​—Aún no te puedo decir.

​—¿Melisa!? —Supe que había acertado cuando sus mejillas se ruborizaron y sus ojos se abrieron mostrando sorpresa.

​—Me conoces tan bien que no puedo ocultártelo...

​No tardaron mucho en atendernos, nos acomodaron en la terraza al aire libre y dejaron el menú. Tragué saliva al ver los precios; definitivamente no iba a dejar que pagara la cuenta solo, así que le advertí que si no me dejaba pagar, me iría antes de pedir o no le hablaría en mucho tiempo, así que terminó accediendo, pero insistió en pagar la mayor parte, solo por esta ocasión se la dejaría pasar. Durante la «velada» me habló sobre muchas cosas; parecía que quería tocar un tema más importante, supuse que sería la razón del porqué estábamos aquí. Lo detuve antes de que siguiera parloteando, me miró extrañado. Le dije que soltara la sopa y que no se avergonzara; en parte sabía que me invitó para pedir consejos. A Melisa le gustaba desde que la vio por primera vez, incluso recordaba la ropa que llevaba puesta. No me sorprendió porque tiene buena memoria, lo que me sorprendió es que me eligiera para aconsejarlo; no soy muy buena en esos temas, aun así intentaría ayudarlo.

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