—Muy bien, ¿qué te parece este? —No sé cómo terminé en un probador de ropa femenina ayudando a Liz a escoger ropa nueva, principalmente porque no estaba ayudándole en nada; ella misma respondía a sus propias dudas—. No, supongo que me quedaré con el conjunto anterior... Ay, no sé, me seguiré probando cosas.
—Liz, todo te queda muy bien, ¿puedo irme? —sentía las miradas rodeándome, no es común ver a un hombre cerca del vestidor de mujeres.
—¿¡Qué!? ¡No! ¿Por qué? —prácticamente gritó, haciendo que las presentes le escucharan.
—Es que... soy un hombre en un probador de mujeres, ¿tú qué crees?
—Ay, ignóralas, no las estás viendo, me estás viendo a mí, así que mientras no me quites la vista de encima, no pasa nada... Vale, eso sonó mal, pero tú me entiendes. Además, dices eso para que escoja algo y nos marchemos ya.
—Claro que no, todo te queda muy bien, eres tan bonita que los conjuntos te lucen, pero si me lo preguntas a mí, me gusta más el pantalón negro con la blusa blanca y chamarra negra con el gorro.
—¿Soy muy bonita? —salió sonriendo.
—Ehhh... ¿Sí?
—Vale, me llevo este —escogió el conjunto que le dije, bastante simple pero lindo.
Pagó la cuenta y salimos de la tienda, avanzamos por los pasillos de la plaza y en todo el trayecto no dejó de molestarme por decirle «bonita». Solo me limitaba a avanzar lo más rápido posible; quería verme sonrojar y no le daría ese gusto. Nos encontramos con los chicos unos cuantos metros más allá; seguían en el puesto de videojuegos donde los dejamos y al vernos salieron a nuestro encuentro. Traían un par de bolsas con algunos videojuegos y figuritas.
—¿Cómo te fue? Una tortura, ¿verdad? —David recibió un golpe en la cabeza.
—Tortura convivir contigo, viejo mugroso —Antonio y yo nos reímos.
—A veces no mides tus golpes, pudiste haberme causado una contusión —se sobó la nuca.
—Tal vez así se te quite lo tonto, deja te acomodo esas neuronas a golpes.
—Ya, me rindo, no más golpes contra David y menos en el rostro, que de eso vive —lo miramos alzando una ceja.
—Bueno, dejemos los juegos a un lado. Se supone que veníamos a ver una película cuya función terminó hace dos horas, ¿ahora qué haremos? —Antonio tenía razón; se supone que íbamos a distraernos hasta que diera la hora, pero perdimos la noción del tiempo.
—Vamos a cenar y después nos marchamos a casa, no tiene caso esperar la siguiente función, saldremos muy tarde y debemos madrugar para ir al trabajo —asintieron ante mis palabras.
Nos marchamos de la plaza un poco decepcionados por no ver la película, pero ni modo.
Terminamos ordenando comida a domicilio; últimamente mi casa era el punto de reunión, lo que no me molestaba en lo absoluto. Me gusta ver cómo conversan entre ellos, ya no se molestan en incluirme porque lo hago yo mismo. Comienzo a sentirme parte de su grupo y su amistad se volvió importante; hace unos días me comuniqué con Andrea y Marcos, el siguiente fin de semana vendrán de visita. Hay tantas cosas que quiero decirles; desde que Rocío estuvo aquí, verla avanzar me motivó. Tengo que hacerlo yo mismo o de lo contrario seré el único estancado; mi madre seguro estaría decepcionada.
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
