Capitulo: 11

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-¿Rocío? ¿Estás bien? -Di un pequeño brinco por la impresión; Lily me observaba con un claro gesto de preocupación.

​-Hola, Lily, no te vi llegar. ¿Cómo estás? -expresé con la mejor de mis sonrisas, evadiendo su pregunta. Obviamente, sabía que algo me pasaba.

​-Te vi aquí sentada mirando a la nada. Te grité y no diste ninguna señal, así que me acerqué, volví a hablarte por segunda ocasión y nada; hasta la tercera reaccionaste. ¿Qué te pasa? ¿En qué piensas? -Se sentó a mi lado; me miraba con aquellos ojos a los cuales no les podía ocultar nada.

​-No lo sé, supongo que solo estoy cansada, eso es todo. Hace unos días salí con Sam, y aunque la cita no fue la mejor, no estuvo mal, pasamos un rato juntos. Mamá se mudará pronto, papá regresará a la casa, todo sigue avanzando, pero yo siento que todo está mal; no sé cómo explicarlo. -Solté un suspiro, llevé mis manos a las sienes y me di un pequeño masaje, tratando de calmar el estrés.

​-¿Qué piensas hacer? -Pasó su mano detrás de mis hombros y acarició mi brazo, mostrándome su preocupación y apoyo con ese simple gesto.

​-Debería terminar mi carrera aquí, pero no quiero dejar sola a mamá. Sé que eventualmente tendré que hacer mi vida lejos de mis padres, pero no dejaré a mi madre hacer esto sola. Quiero que mis padres vuelvan a sonreír; no recuerdo la última vez que lo hicieron de verdad. Quiero pasar más tiempo con mis amigos, quiero salir a beber un café, distraerme, quiero por una vez en mi vida dejar de pensar que las cosas están mal, quiero hablar más con Sam, pero no puedo... Me siento estancada. -Mis manos comenzaron a temblar; me sentía tan desesperada.

​-Estás teniendo muchos cambios en poco tiempo, es normal que te sientas abrumada. Debes abordar problema por problema o, de lo contrario, vas a bloquearte y seguirás sintiéndote así. Sé que no es fácil, pero la vida no es fácil; no puedes esperar que todo sea miel sobre hojuelas. Aprovecha los buenos momentos; sabes bien que tus amigos te apoyamos.

​-Eso lo sé, Lily, también sé que hay personas con problemas más grandes e importantes que los míos y los toman con mejor cara, pero yo no soy esas personas y no todas tenemos la capacidad para afrontarlas con calma. No tengo la estabilidad emocional para ello; aun así, no puedo dejarme vencer, solo quiero que las cosas salgan bien.

​-Si quieres estar triste, puedes estarlo; si quieres enojarte, puedes hacerlo; si quieres llorar, hazlo; si quieres reír, igual. No te guardes nada; todos tenemos una forma de sacar lo que tenemos adentro, y nadie debe juzgarte por ello.

​-Ese es el problema, me cansé de estar triste. Cuando estoy con ustedes o en el trabajo puedo olvidarme de todo, al menos por un rato, pero cuando llego a casa no puedo dejar de pensar en ello. Mamá cada día se ve más apagada, eso me deprime; mi padre no me mira a los ojos, supongo que le sigue dando vergüenza lo sucedido, pero yo no lo odio, tampoco lo culpo. En algún momento me hice a la idea de que podía pasar, incluso mi madre podía hacerlo. Crecer con unos padres que no se aman puede ser complicado; crecí con sus peleas, de alguna forma eso me ha marcado.

​-Vuelvo a preguntar: ¿qué piensas hacer? -Sus ojos no dejaban de mirarme; sentía que estaban tratando de ver en mi interior.

​-Supongo que lo de siempre: moverme en automático, seguir mis horarios hasta mudarme y tratar de iniciar desde cero. -Sonreí con melancolía.

​-¿Te ha resultado?

​-Un poco.

​-Habla con tu padre, arregla tus sentimientos con él; habla con tu madre y hazla sentir apoyada; arregla tus diferencias con tus amigos, aprovecha el tiempo. Respecto a Sam, aclaren lo que sienten; por lo que sé, están estancados, su relación no avanza.

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