Desperté un sábado por la mañana. Observé el reloj y solté un suspiro: apenas eran las 6:00 a. m. Quería dormir un par de horas más, pero sabía que no me dejarían en paz. Me vestí lo más rápido que pude y llegué hasta el umbral de la entrada. Abrí la puerta y los tres entraron. Los observé en silencio mientras Antonio y David servían un poco de cereal argumentando que se morían de hambre, aunque no me molestaba en lo absoluto. Por otro lado, Liz entró directamente al baño; quería saber el motivo de su visita a tan temprana hora. Leyeron mi mente porque al instante David habló.
—Liz quiere que vayamos a la laguna, lo planeamos hace unas horas. No hemos dormido nada, llegamos a nuestras casas por algo de ropa, en el camino compraremos algunos alimentos y te tocará conducir; nosotros queremos dormir un poco, espero lo entiendas —sonrió como si lo que pidió fuera nada.
En ese mismo instante, Antonio le dio un pequeño golpe en la cabeza.
—No se piden así las cosas. Disculpa, Sam, iremos a la laguna, pero no hemos podido dormir nada ya que estábamos bebiendo; sería una pésima idea que uno de nosotros conduzca. ¿Nos harías el favor de conducir?
No pude evitar reír, aún no había aceptado y ya insinuaban que lo haría, aunque, siendo sincero, obtuvieron mi atención, así que acepté su petición.
—Podrás verme en traje de baño, ese será tu premio —Liz apareció en la cocina.
Sentí la mirada de mis amigos; al verlos, sus sonrisas mostraban picardía.
—Lo considero más un castigo, pero está bien, acepto.
Se escuchó un "uhh" alargado por parte de los chicos.
—Vaya... Así que tienes un lado burlón. Está bien, me agrada.
Supuse que querrían desayunar —o mejor dicho, ya lo estaban haciendo—, por lo que decidí dejarlos en paz y subí a mi habitación para guardar lo necesario. No demoré más de diez minutos; al bajar estaban por terminar, así que solo me serví un plato de cereal y un poco de jugo, solo para calmar el hambre. Una hora después estábamos en camino. Los chicos venían dormidos y la música era lo único que me hacía compañía; O Children de Nick Cave era lo que iba escuchando en ese momento. El ritmo y la letra me hacían sentir extraño, pero me gustaba. Normalmente no haríamos tanto tiempo si fuésemos por la carretera principal, pero se querían ahorrar las casetas, así que tomé la libre sabiendo que eran más curvas y más tedioso.
Finalmente llegamos. El lugar era perfecto para pasar los últimos días de calor; pronto llegará el invierno, la mejor época del año. Los chicos seguían dormidos, así que decidí dejarlos una hora más, después los despertaría; aun era muy temprano y estaban muy desvelados. Por mi parte, comencé a preparar el área limpiando un poco, tratando de hacer el menor ruido posible.
Me quedé observando el paisaje sentado en un tronco caído, saqué un cigarrillo y, al encenderlo, sentí una sensación extraña de paz y, al mismo tiempo, tristeza. Me hubiera encantado que mi madre disfrutara más de paisajes así; los últimos años de su vida se los pasó enferma, sin disfrutar de la vida que tan complicada se la puso. A veces las personas buenas se marchan antes, y no entiendo por qué es así; las personas malas son las que deberían irse primero. Era muy injusto, pero había que aceptarlo, nada se podía hacer.
Los chicos bajaron con semblantes cansinos, no pude evitar reír ante tremenda desvelada que se pegaron. Cogieron unas bebidas energéticas que compré para ellos, no quería tenerlos como zombis sin disfrutar del paseo.
—¿Cómo se encuentran? —pregunté una vez que se sentaron alrededor mío.
—Quiero matar al que tuvo esta idea, estoy muy cansado y tengo sueño —David dio un trago a su bebida soltando pequeñas maldiciones.
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
