Capitulo: 23

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​Cuando terminé la universidad, creí que mi vida comenzaría a mejorar. La empresa donde rendí mi servicio decidió ofrecerme la oportunidad de seguir con ellos; claro que acepté, e incluso me acomodaron en un buen puesto para el nivel de experiencia que tenía. Entonces pensé que me sería más fácil llevar los gastos médicos de mi madre, pero de un momento a otro dio un bajón enorme. Hace casi veinte días que no sale del hospital y, antes de eso, tenía que ir a diario a cierta hora para revisiones, entre otras cosas.

​Mi rutina ha cambiado bastante: ya no tengo que preocuparme por trabajos universitarios, pero ahora tengo que hacer horas extras para poder salir adelante. No tengo horas libres; todo mi tiempo se basa en trabajo, actividades del hogar y visitas a mamá.

​Andrea y Marcos comenzaron una relación más seria e incluso decidieron vivir juntos. Claro que sus padres no estaban del todo a su favor, pero terminaron por apoyarlos. De momento viven en la ciudad vecina, a unos treinta minutos; a veces vienen para visitar a mi madre, lo cual les agradecía enormemente. Gracias a ellos pude graduarme; muchas veces no tuve tiempo de hacer algunas tareas por atender a mamá, y ellos hacían mi parte y me lo explicaban todo. Les debo muchísimo.

​Me recargué en mi asiento; finalmente había terminado con mis pendientes del día. Agarré mi taza con café y le di un gran trago. Observé el reloj: era bastante tarde. Por ahora era mejor ir a descansar a casa; tampoco puedo exigirme tanto, porque si llego a enfermar, nadie ayudará a mi madre.

​En cuanto salí del edificio, ya había un taxi esperándome. Entré y saludé a Tom, quien me respondió el saludo. Le di las indicaciones y, una vez dicho que iría a casa, arrancó el auto. Al llegar le dejé el pago e ingresé. Subí a mi habitación y caí rendido en la cama; un gran suspiro se me escapó. El cansancio me consumía y mi cuerpo no aguantaría así mucho tiempo más; necesitaba que mamá mejorara pronto. Antes de quedarme completamente dormido, me levanté para darme una ducha, sabiendo que en la mañana no me levantaría para ello.

​El agua corría por mi cuerpo. Pensar en soluciones a mi situación actual era el pan de todos los días; si tan solo mi madre no estuviera enferma, la situación sería un poco más fácil, pero no quería echarle la culpa, para nada la tenía. Cerré el grifo, agarré una toalla y, una vez seco, salí del baño. Rápidamente me puse algo cómodo y eventualmente quedé dormido.

​Volví a lo mismo de todos los días, pero esta vez visitaría a mi madre. En cuanto terminé el trabajo, salí del edificio. Tom se estaba volviendo un buen amigo; a veces le contaba sobre mi día, e incluso los pagos me los estaba dejando más baratos. Me contó que su padre murió de cáncer y que entiende lo que se siente pasar parte de tu vida en un hospital, así que solo quería ayudarme un poco. Además, bastaba con mandarle un mensaje confirmando que lo necesitaría y rápidamente acudía a mí.

​-Cada día te ves más cansado -dijo sin despegar la vista del frente.

​-¿De qué hablas? Yo vivo fresco como una lechuga -respondí tratando de sonar relajado.

​-Pase lo que pase, recuerda que debes seguir adelante, por ti y por los que te han apoyado hasta el momento.

​Aquellas palabras calaron en mi mente. Sabía a qué se refería; en cualquier momento podría suceder lo peor y no quería afrontarlo aún, pero ahora, muy a mi pesar, comenzaba a verlo como una opción: al menos así descansaría. No obstante, no sabía qué pasaría conmigo; soy consciente de que mi estabilidad emocional no era la mejor, y un golpe así de duro podría moverme el mundo sin remordimiento.

​Entre a aquel maldito edificio; el personal me saludaba con bastante naturalidad, obviamente ya me conocían, algo que no me alegraba para nada. Entonces yacía parado frente a aquella puerta; cada que venía era más difícil. Giré la perilla lentamente y me adentré en la habitación. Observé a mi madre: cada vez más delgada, pálida, parecía un fantasma. Todos los días se me formaba un nudo en la garganta; odiaba verla así, no quería seguir viéndola. Aquella sonrisa cálida se mostraba apagada, y su mirada igual, sin embargo, se esforzaba en darme un pequeño rayo de luz.

Caminos CruzadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora