La luz del sol comenzó a colarse por mi habitación, llegó hasta mi rostro provocando que perdiera el sueño por la incomodidad. Me senté en la orilla de la cama; mi concentración se centró en mis zapatos. Una vez más analicé la conversación de anoche con Rocío: no podía creer que después de haber declarado nuestros sentimientos decidiéramos ser simplemente amigos. Parecía la estupidez más grande del mundo, no había coherencia en aquello, pero ambos sentíamos que así sería mejor.
Entré a la ducha y tardé bastante; necesitaba aclarar mi mente y el agua recorriendo mi cuerpo ayudaba. Cuando estuve listo para salir, entré a la habitación de mi madre, quien se encontraba dormida, y salí casi de inmediato, no quería molestarla. Por otro lado, tenía pensado hacer el aseo, pero la casa se veía bastante bien; tal vez lavar algunos platos, pero era lo único, así que rápidamente lo hice. Al terminar, decidí relajarme: no había clases, así que podía terminar mis deberes antes de irme a trabajar, pero antes desayunaría algo. No tenía ganas de cocinarme algo, ni siquiera había algo para recalentar; necesitaba hacer las compras de la semana pronto. Mientras tanto, pediría un desayuno de cualquier restaurante que ofreciera este tipo de menú. Justo estaba por hacer la llamada cuando alguien llamó a mi puerta. Abrí para ver de quién se trataba, entonces caí al suelo: algo, o mejor dicho alguien, me había empujado. Estaba por reclamar, pero al ver de quién se trataba simplemente opté por preguntar el motivo de su visita. No obstante, solo observé cómo avanzaba por mi casa como si fuese de ella; no la interrumpí, quería ver qué hacía. Sacó algunas cosas de su mochila y las dejó en el refrigerador, después buscó utensilios de cocina. Ahora sí estaba intrigado, aun así no hablé para nada; se veía tan concentrada que simplemente me recargué en la puerta de la entrada a la cocina, observándola en completo silencio. Cortó unas pechugas de pollo y comenzó a sazonar, además cortó algunas verduras y chile en rajas, las mezcló con el pollo y tapó el sartén. Avanzó hasta mí y pasó por un lado sin dirigirme la palabra ni una sonrisa. La seguí con la mirada: entró a mi habitación sin pedirme permiso, unos minutos después salió con una de mis camisas y la blusa que traía puesta en la mano izquierda, regresó a la cocina y guardó la blusa en su mochila. Entonces siguió con lo suyo hasta que decidí hablarle.
—¿Me puedes explicar qué haces? —Me observó de reojo y siguió fingiendo que no estaba—. Sarah, responde.
—No me gusta que me interrumpan mientras cocino, y en el trabajo es completamente diferente, así que guarda silencio.
No volví a interrumpirla, dejé que se concentrara y fui directo al comedor para limpiarlo si era necesario. Acomodé algunos platos y vasos, también saqué servilletas; parece que íbamos a desayunar juntos. Terminé de acomodar y regresé al mismo lugar; finalmente volteó a verme y sonrió, entendí que ya estaba por terminar. Entonces mamá apareció en la cocina, observó a Sarah y alzó una ceja al ver una de mis camisas puesta en ella, pero no dijo nada, simplemente la saludó. En cuestión de minutos sentí que mi presencia era innecesaria en el lugar, porque ninguna de las dos parecía prestarme atención. Solté un suspiro y caminé hasta la sala de estar, encendí el televisor, ningún canal llamaba mi atención, entonces lo apagué. Revisé mi móvil, tampoco había algo de interés. Las risas se escucharon y mi madre gritó mi nombre; rápidamente me acerqué a ella, tenía un plato con la comida, me indicó que todo estaba listo y se marchó para dejarnos solos. Confundido, observé a Sarah, quien sonrió como si no hubiese pasado nada raro.
—Tu mamá me agrada. —Acomodó nuestros platos; debía admitir que la comida se veía deliciosa.
—Ya lo noté.
—En el refrigerador hay jugo de naranja natural, la metí para que estuviera más fresca, ¿puedes traerla? —Hice lo que me pidió.
—Ahora sí, ¿me explicas lo sucedido? —Esta vez tenía que responder.
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Caminos Cruzados
RomantikSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
