Un sonido comenzó a molestarme. Abrí los ojos y busqué mi teléfono; aún me sentía soñolienta, miré la hora y después dejé el móvil a un lado. Rápidamente volví a tomarlo: ¡iba tarde a mis asesorías! Me maldije por quedarme dormida, busqué algo que ponerme —no me importaba lo que fuera mientras no se viera ridículo—, al diablo con mi cabello, simplemente lo agarré con una liga, me lavé los dientes y salí del departamento.
Corrí por la avenida hasta que visualicé un taxi; agradecí que estuviera vacío, llamé su atención y, una vez arriba del auto, di la dirección pidiendo por favor que fuera lo más rápido posible. El conductor asintió.
Llegué 20 minutos tarde, pero al menos llegué. Al conductor le di una buena propina por arriesgarse al traerme tan rápido. Nuevamente corrí hacia la entrada; el guardia sonrió al verme. En anteriores ocasiones lo había saludado, a veces conversaba con él, etc., y eso me sirvió mucho desde el bachillerato: si te vuelves amigo de los guardias, muchas veces se hacen de la vista gorda con ciertas reglas al dejarte pasar.
—Señorita, ¿se le pegó la almohada? —dijo en tono burlón mientras me abría el portón.
—No se burle, Don Maximiliano, que no le vuelvo a traer nada del minisúper —dije mientras entraba al instituto.
—¡Solo no se tropiece o arruinará su peinado con la agitación! —alzó la voz para que pudiera escucharlo mientras me adentraba cada vez más.
Solté una carcajada bastante exagerada.
—¡Muy gracioso!
A veces odiaba tener que ir a un segundo piso. Llegué al aula 25 minutos tarde; muy apenada llamé a la puerta. El asesor me miró de forma despectiva para después sonreír. ¿Tan mal me veía? No dijo ni una sola palabra, simplemente me permitió entrar. Algunos colegas me vieron y de igual forma sonrieron. Katherine solo me miraba, Nathalia quería reírse pero se estaba aguantando; era más que evidente. Saqué mi móvil, puse la cámara frontal y lo entendí todo: mi cabello estaba alborotado, la niña del aro tenía mejor peinado que el mío, y además, ahora que prestaba atención, mi ropa parecía más una pijama. Apoyé mis manos sobre mi rostro y solté un gran suspiro. Ni modo, la vida sigue.
Las horas pasaron lentas, muy lentas. No quería pasar al frente, pero tenía que mostrar mis avances al asesor, y así fue. Cuando dijo mi nombre, todos voltearon; cerré los ojos esperando desaparecer. Nuevamente escuché mi nombre y, muy a regañadientes, avancé hasta el escritorio. Tenía una apariencia un poco más decente gracias a las chicas, pero seguía pareciendo que me acababa de pegar a la cama.
—Ahora entiendo por qué andas así.
Levanté la ceja izquierda mirando a mi asesor; él me devolvió la mirada y sonrió.
—¿Va a criticar mi apariencia? —Lo que me faltaba...
—No, al contrario, significa que pasaste toda la noche trabajando. Vas muy bien, sé que puedes hacerlo mejor, pero esta vez intenta dormir más... y arréglate un poco —devolvió mi laptop.
Terminó la clase y salí del instituto no sin antes despedirme de Don Chino. Mis amigas iban parloteando sabe Dios qué cosa; yo solo quería llegar a dormir antes de ir al trabajo. Nath me trajo a casa, pero ahí mi plan se arruinó: mis acompañantes descendieron del vehículo, no quería echarlas así que las dejé entrar. A veces me daba risa cómo se movían por el lugar como si vivieran aquí de toda la vida. Yo les informé que iba a dormir un poco y que podían quedarse el tiempo que quisieran; aceptaron tan descaradamente que solo me limité a ir a la habitación y tirarme a la cama.
Sentía cómo agitaban mi hombro con delicadeza y susurraban mi nombre. Abrí un ojo: era Kath tratando de despertarme, diciendo que ya casi era hora de mi turno. Gruñí entre la almohada, me levanté de mala gana pero agradecí el gesto. Mi cara cambió cuando vi la comida en la mesa; les agradecí nuevamente a las chicas por tomarse la molestia, a lo que respondieron: «No es nada, prácticamente nos dejas estar aquí todo el día».
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
