Finalmente llegó la hora de tomar un descanso. El lugar yacía prácticamente solo; era de esos días en los cuales los clientes eran escasos, inclusive nulos a ciertas horas, por lo que los empleados aprovechaban para limpiar y ordenar sus puestos de trabajo, además de charlar un poco o simplemente sentarse a descansar.
Sam salió a la parte trasera para fumar un cigarrillo; la situación volvía a estar en calma. Lamentablemente, en el transcurso de los días terminaron por despedir a su madre. Evidentemente, el lugar de trabajo no iba a estar costeando el sueldo de un personal que ya no podía contribuir, a pesar de la delicada situación a la que se enfrentaban. Aquello estresaba al castaño, pero era su deber mantener la calma. Sarah apareció a su costado; este la observó de reojo, pero continuó mirando el cielo mientras llevaba el cigarro a su boca.
-No deberías fumar tanto, te volverás adicto. -Se paró a su par, y por unos segundos no recibió respuesta de su compañero.
-Lo sé. -respondió a secas.
-Encontré un pequeño departamento; esta semana comenzaré a llevar mis cosas. No es muy grande, pero cuenta con lo básico y la renta es muy barata. -Extendió la mano, y Sam entendió al instante.
-Me dices que no debería fumar tanto y me pides un cigarro. -Ambos sonrieron.
-No dije que yo no lo iba a hacer. -Fumó y soltó el humo casi al instante.
-Finalmente despidieron a mi madre. No ha podido ir a trabajar, así que el día tenía que llegar.
-No te llenaré la cabeza con palabras bonitas. Será difícil, la pasarás mal, más de lo que ya la estás pasando. Tal vez con esforzarte no logres nada, así es la vida, pero tienes que seguir, ser fuerte por tu madre, que es cuando más necesitará de ti. Quisiera decir que puedo ayudarte, pero estoy en la mierda igual. -Soltó una risa sarcástica para después fumar nuevamente.
-Lo sé. Tendré que buscar un trabajo con mejor paga... Tal vez deje la escuela un tiempo. -Suspiró con pesadez y agitó su cabello. Quería aparentar calma, pero era todo lo que no tenía-. Ambos la estamos pasando mal.
-Y ambos nos ayudaremos en lo que podamos. No podemos rendirnos tan pronto.
Terminaron el cigarrillo y contemplaron el cielo un par de minutos más, después regresaron a sus puestos. El resto del día asistieron un par de personas y ya; las ventas estuvieron bastante tranquilas. Salieron del establecimiento en silencio, con los ánimos algo decaídos, y avanzaron por las calles solitarias charlando sobre cualquier tontería, tratando de evadir un poco la realidad. Sarah invitó al castaño a cenar con ella; este se negó creyendo que irían a algún lugar, pero no era el caso. La joven había hecho una de sus jugadas y robó algo de comida; Sam no pudo evitar reír -no se dio cuenta en qué momento había empezado a hacerlo, pero se lo agradecía-.
Minutos después llegaron al departamento de Sarah, que por cierto quedaba un poco más cerca de la casa de Sam. Entraron al lugar; Sarah no tenía gran cosa, tan solo un pequeño colchón y un par de sillas que podían acomodarse cerca de una ventana, donde podían dejar la comida y disfrutarla.
-Te dije que no era gran cosa. -sonrió algo avergonzada.
-No me importa el lugar, además estás iniciando sola, es algo que no debe avergonzarte. Lo que debería avergonzarte es robar comida. -Ambos rieron.
-Si te indigna, no sé qué haces aquí, deberías reportarme. -encaró a su amigo con una sonrisa retadora.
-Recuerda que soy tu cómplice; no lo hago porque podría meterme en problemas. -expresó en tono sarcástico.
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
