Sabía que haría frío por la zona en la que nos encontrábamos, pero no esperaba que hiciera tanto. Rápidamente metí mis pies entre la camisa y la espalda de Sam; lo sentí retorcerse, pero yo estaba disfrutando de su calor corporal. Además, parece que no le importó, porque siguió en la misma posición. Unos minutos después se volteó para estar frente a frente; sus ojos no dejaban de observarme. Una sonrisa se me escapó: fácilmente podría perderme en sus ojos. Acarició mi mejilla y rápidamente le di un beso, el cual devolvió. No necesitábamos hablar para expresar lo que sentíamos en ese momento; la forma en la que me veía lo decía todo.
Me oculté en su pecho y me abrazó. No quería que me soltara nunca; quisiera poder estar en esa posición toda mi vida. Nuestros pies jugueteaban y, con su mano libre, acariciaba mi espalda en pequeños círculos. Era de madrugada, pero quería comérmelo, así que no me iba a quedar con las ganas. Me importó poco si nos escuchaban: llevé mi mano hasta cierta zona de su pantalón. Al sentir el tacto, Sam soltó un suspiro, me miró sorprendido y después sus ojos se movieron como si tratara de encontrar una respuesta lógica a lo que sea que estuviese pasando por su mente. Decidí tranquilizarlo metiendo mi mano completamente, lo que provocó que soltara un gemido de placer, el cual ahogó tapándose la boca.
—¡Rocío, aquí no! —me susurró al oído, pero fingí no escucharlo.
Jugué unos segundos con su miembro hasta que se montó sobre mí. Sonreí tan descaradamente que lo tomó como un reto, ya que me quitó la blusa al instante. Me enamoré del Sam tímido, pero también me gustaba este Sam; sus ojos no se despegaron ni un solo segundo de mis pechos. Si quería besarlos, eran suyos; no le pondría ningún alto. Y, como si hubiera leído mi mente, lo hizo.
Me acosté en su pecho, entrelacé mis piernas con las de él y acariciaba su piel desnuda. Apoyé mi mano a un costado; nuestras respiraciones se habían sincronizado. A veces no podía creer que pudiera estar completamente desnuda frente a él, pero me sentía tan segura que ya no me importaba, y me alegraba de que él tampoco se avergonzara.
—Tendremos que cambiar las sábanas —era lindo que eso le preocupara en este momento.
— podríamos usar las de la otra cama para que valga la pena la limpiada.
—Mejor volvemos a usar esta, nos duchamos juntos y la otra la usamos para dormir en lo limpio —no me dejó hablar: volvió a atacar mis labios. Esa noche fue fascinante en muchos sentidos.
A la mañana siguiente comenzaron a tocar la puerta. Quería seguir durmiendo, pero Sam se levantó para ver qué es lo que querían; entonces regresó y me obligó a despertar por completo. Estaba enojada hasta que miré la hora: eran casi las 11:30 a. m. Era de esperar que vinieran a buscarnos, pues era algo tarde. Casi no dormimos, y no me arrepentía de ello; haber despertado en la madrugada fue genial.
No tardamos mucho en bajar a la sala. Nuestros amigos nos observaron curiosos y preguntaron el porqué despertamos tan tarde. Sam mintió diciendo que había tenido una pesadilla y no pudo volver a dormir, y que yo pasé parte de la noche calmándolo. Obviamente no era lo que pasó, y mucho menos lo creyeron; pude notarlo por la forma en que nos sonrieron. En lo que Sam y yo desayunábamos algo, Andrea y Marcos salieron a terminar de limpiar los restos de la fogata y lo que dejamos anoche.
—No nos creyeron, ¿verdad?
—Claro que no; la forma en que sonrieron lo dijo todo.
—Bueno, qué más da —dio un trago a su bebida.
—Por cierto, más tarde, ¿podemos dar una vuelta? Tengo curiosidad de explorar.
—Claro, le diré a Marcos que me diga lugares bonitos cercanos.
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Caminos Cruzados
RomanceSam y Rocío son dos jóvenes que estudian en la misma universidad, pero nunca han cruzado palabra alguna, soló miradas, hasta que llega el día en el que cruzan sus caminos finalmente, ambos tienen sus problemas, y ambos buscaran la manera de ayudarse.
