18. ¿Luna? ¡Nunca más!

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CAPITULO 17
¿Luna? ¡Nunca más!

Rosie:

No iba a permitirme seguir así, no podía simplemente darme el lujo de derrumbarme, dejarme caer como una estúpida por el amor de un hombre. Yo no soy así, no puedo ser así...

Una semana completa había pasado desde el día en que Robert dejó las Vegas, dejando atrás todo lo que vivimos, los lugares a los que fuimos, los besos que nos dimos, la risas que compartimos y todo ese amor que ahora, esta noche, he decidido matar.

Me miré al espejo y por primera vez en toda la semana sonreí ante mi reflejo para luego aplicar enormes capaz de maquillaje para cubrir las secuelas de las absurdas lágrimas nocturnas que no dejaban si quiera que me concentrara al dormir dejando esas horribles bolsas negras debajo de mis ojos azules cristalizados... Pero ya no más.

A partir de ahora... ¡Ya no más! Ni una lágrima más, ni un solo lamento más... ¿En que momento deje de ser Rosie Moore la mujer indestructible? ¿Como es que pude haber sido tan tonta como para darle el placer de destruirme?

Peiné mi cabello negro todo hacia atrás para luego alborotar un poco el flequillo lacio en mi frente y colocar mi potente pinta labios rojo en mis gruesos labios para darle un poco de vida a mi rostro. Me puse de pie para examinar mi figura completa en el espejo, ese vestido rojo ajustado hasta las rodillas con ese escote tentador que dejaba al descubierto la cantidad suficiente de piel como para provocarle un infarto a cualquier mortal.

Respiré profundo antes de ponerme unos de mis mas altos tacones oscuros y me dispuse a salir de la habitación.

—¡Wow! Ross, te ves increíble —exclamó Camil sacándome una sonrisa casi instantánea.

—¡Gracias!

—Me alegra verte bien nuevamente Rosie —dijo Anette y corrió a abrazarme con ternura como si fuera una tierna niña y no esa loca adolescente destructora.

Los iba a extrañar demasiado. Ya mañana, Lunes, se irían de regreso a Nueva York, había logrado comprarles los boletos de viaje a cada uno y había logrado conseguirles un pequeño departamento para que se instalen allá y busquen un trabajo de medio tiempo.

—Y ¿A donde vas? ¿Vas a trabajar nuevamente en el Bar? —espetó Camil y se sentó en el sofá.

—Donde la noche me lleve..., la verdad no tengo idea, solo saldré por ahí, ya no estoy dispuesta a seguir aquí como esas estúpidas de las películas de drama que se quedan llorando toda una vida, ya no soy Luna, ese personaje ficticio capaz de morir por amor... Soy solo Rosie Moore, una mujer fuerte y seductora.

—¡Esa es la actitud! —Sonrió Anette.

Les sonreí para luego salir y bajar con cuidado las escaleras hasta salir del deteriorado edificio. La noche era fresca e iluminada, miré a la Luna y le sonreí sintiendo como su luz iluminaba mi rostro y ese característico olor que solo la noche posee entró por mis fosas nasales haciéndome sentir casi feliz de nuevo... Casi completa, casi normal... Casi.

Me adentré a caminar por las luminosas calles de las Vegas Strip viendo con disimulo las caras de todos esos transeúntes, turistas, y todo tipo de personas, todas esas personas esperando  vivir la locura de sus vidas, el fin de semana de sus vidas, la aventura del año, unas vacaciones inolvidables que luego recordarían con alegría al terminar el mes... O quizás matarían por olvidar cada uno de esos sucesos.

Sentía como si esta semana hubiera pasado en un abrir y cerrar de ojos pero a la vez se sentía como toda una eternidad, seguía costandome el hecho de no tenerlo cerca, había sido demasiado fácil acostumbrarse a su sonrisa y sus labios que por alguna razón sabían dulces cada vez que lo besaba... ¡Ya no pienses más en él!

¿Cómo no hacerlo cuando ahora todo me recuerda a él?

En menos tiempo de lo estimado ya había quedado justo frente a "La salsa" La música se introdujo sin permiso invadiendo así mi sistema auditivo y produciendo una felicidad genuina y un avistamiento de paz. atravecé la entrada del establecimiento y me adentré en el cálido lugar sintiendo como esa sonrisa juguetona se dibujaba en mis labios con el solo hecho de ver a las personas bailar.

—Rosie, cariño, ¿Cómo estás? No habías venido en días, estaba preocupada.

Le sonreí a Martha para luego tomar asiento frente a ella en unos de los taburetes de la barra.

—Han pasado muchas cosas... Más de las que pudiera soportar.

—¿Te parece si te sirvo una copa de tequila y me resumes la historia?

—Fui lo suficientemente estúpida como para tener fe... —dije y me tomé todo el tequila de un trago.

—Siempre se es estúpido al enamorarse... —dijo ella y me sirvió otro trago.

—Me enamoré de él como una idiota, fui débil, creí en él. —Tomé otro trago—. Ahora él se ha ido, y yo he decidido matarlo para siempre, ya no cabe más espacio para él y sus ojos tinieblas en mi corazón.

—Lo lamento mucho Rosie, pero sé que eres fuerte, eres la más admirable chica que conozco, eres de esas que nada las derriba, de las que todo lo soportan, como un roble siempre de pie y sé, estoy segura de que lograras sacarlo para siempre de ti.

Sonreí ante sus palabras para luego tomar otro trago y comenzar a mover la cabeza de un lado a otro al compás de la música estridente que se escuchaba en el fondo, metiendose por mis oídos, llegando hasta mis venas y calentándolo todo, acentuando ese sabor que quedaba en mi boca al tomar un trago de tequila y sentirlo desgarrándome la garganta hasta caer en mi estomago asesinando todo lo que estuviera dentro, si era cierto eso de que cuando te enamoras vuelan mariposas en el estomago, entonces esas mariposas morirían quemadas esta noche, o se mueren o se emborrachan pero no las quiero más aquí.

No puedo arrancarme la piel, no puedo borrar los recuerdos, no puedo pretender que mi lengua se olvide del azúcar de sus labios o que mi cuerpo no recuerde su tibio cuerpo pegado al mío como si fuéramos solo uno, pero sí hay algo que puedo hacer, soy lo suficientemente inteligente como para engañar a mi cerebro y obligarlo a tener amnesia, quizás no pueda solo hacer que los recuerdos desaparezcan pero puedo aparentar ser fuerte, aparentar que lo olvido para sentirme un poco menos miserable.

—¡Un brindis por el difunto! —exclamé levantando mi copa y sonriendo—. Este es el funeral de un amor, el funeral de un hombre que no fue lo suficientemente valiente como para dar al menos una explicación lógica para justificar su partida... Esta noche es el funeral de las malditas mariposas en el estomago, es un funeral rojo, por eso visto así, porque con su muerte esta noche vuelvo a ser nuevamente yo, la misma que fui antes de su llegada a mi tormentosa vida.

Observé con orgullo la marca de labial rojo dejada en la copa y la volví a llenar, para luego ponerme de pie y bailar al compás de la música, celebrando así mi libertad y el regreso a mi vida común, tomando nuevamente el timón de mi vida sin intención de mirar atrás.

El sudor rápidamente se hizo sentir corriendo lentamente por mi espalda y el alcohol llegó hasta mi cerebro debilitando mis sentidos e instalando allí la locura y esa extraña felicidad que te produce la bebida.

Luego de unas horas, varios tequilas y canción tras canción, decidí salir de "La salsa" y simplemente caminar por ahí sintiendo como mis pies se tambaleaban de un lado a otro y mis tacones parecían no llevarse bien con mis pies. Me reía como loca gracias a los recuerdos borrosos que invadían mi memoria y mi vista se veía nublada como si hubieran instalado un manto frente a mis ojos, un manto completamente imaginario.

No sé ni como, pero de un momento a otro estaba ahí, en el bar, mirando a Betty bailar en el tubo mientras los hombres del lugar gritaban con los sentidos erizados, las hormonas alborotadas y la testosterona invadiendo hasta sus cerebros diminutos.

—Rosie, ¿Qué haces aquí? —La voz de Jorge se escuchó a mis espaldas tan presuntuosa como siempre.

—Podrías solo callarte por favor... —Me di la vuelta para verlo a la cara mientras hablaba. Las heridas en su cara ya habían comenzado a cicatrizar haciendo que su cara de "Niño lindo" volviera casi a su estado natural.

—¿Estás borracha? —espetó casi a punto de soltar una sonora carcajada.

—¿Te quitas de mi camino? Hablo en serio, deberías de agradecer que no te golpee, solo déjame en paz, quieres.

—¿Qué? Vas a llamar al tipo ese para que venga a golpearme, ¡No me hagas reír!

—Él murió. —Sonreí para luego tomar de la botella directamente.

—¿Hablas en serio? —Su mirada se tornó fría y casi sentía sus latidos acelerarse

—Murió en mi mente y corazón, ¡Estoy de luto rojo! —exclamé y me di la vuelta para que viera mi vestido desde todos los ángulos.

—Lo que estas es loca —puso los ojos en blanco y se alejó de mi camino como si nada.

Quizás... —Susurré en la boca de la botella.

El show de Betty terminó y la vi bajarse sonriente de la tarima, siendo ese el ultimo show de la noche, era ya muy tarde y las personas comenzaban a  irse para seguir la fiesta en cualquier otro lado.

Me senté en una esquina alejada y me dediqué únicamente a tomar mientras mi mirada borrosa los veía alejarse a todos dejando el lugar vació media hora después.

Vi salir a Betty abrazada de algún tipo y riendo ruidosamente, luego salió Jorge y ni siquiera me notó sentada en aquella esquina. Dirigí mi mirada hasta la barra de bebidas para encontrar allí a Drew recogiendo las cosas y tomando las llaves para salir del lugar como lo hace cada noche. Me puse de pie y caminé hasta llegar a la barra y tomar asiento.

—!Rosie! ¿Cuanto tiempo llevas aquí? —Me examinó de los pies a la cabeza con su linda mirada azul.

—No lo sé, varias horas, creo —Me encogí de hombros—. ¿Me das más? —le señalé las bebidas e hice un puchero.

—Claro que no, ¡Estás borracha! —salió desde atrás de la barra hasta quedar frente a mi y quitarme la botella de las manos.

—Aún soporto un poco más... No he terminado de celebrar su muerte...

—¿Que muerte?

—La de Robert y sus ojos negros que  ya están muertos para mi.

—Odio verte así por un hombre, y me duele más saber que es por él, ese que no fue capaz de amarte como mereces.

—Ya no voy a llorar más por él... No después de esta noche, no más... —Mientras afirmaba que no lloraría más, las lágrimas salían de mis ojos mojando mi cara, llenándola de sal.

—Rosie por favor... No llores, yo te quiero. —Tomó mi rostro entre sus manos y me miró a la cara, yo lo miré a los ojos y sonreí antes sus ojos dulces, su cabello castaño peinado hacia atrás y sus labios rosa se veían tan suaves...

—Eres demasiado apuesto... —Le dije idiotizada—. Demasiado.

Mis ojos parecían dar vueltas dentro de sus cuencas y mi mirada volvía a tornarse nuevamente borrosa. Él abrió la boca para pronunciar algo pero yo me apresuré a callarlo plantando un beso en sus labios suaves y húmedos. Se sentía muy bien besarlo, tocar su cabello con frenesí, sentirlo acercandose con locura hasta mi, besándome con igual fuerza, tocando mi cintura y pasando sus duras manos por toda mi silueta, acelerando su respiración, perdiendo el aliento... Justo como siempre ha sido, yo volvía a tener el control, volvía a ser quien manda, quien enloquece, quien hace que los hombres ya no puedan aguantarse sobre sus propios pies.

Seguí besandolo cada vez con mayor fuerza, apretándome contra su pecho, juntando mi lengua con la suya en busca de lograr quitar de allí el sabor dulce de los besos de Robert llenándome del amargo sabor de la boca de Drew y su leve barba que raspaba mi barbilla.

—Te amo... —susurré inconscientemente. Y para que negarlo, lo amo... Amo a Robert y sé que aunque bese mil bocas su sabor siempre va a estar presente en mi.

Drew siguió besándome bajando ahora hasta mi cuello, era obvio que no me había escuchado susurrar... Era un secreto entre la luna yo.

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PREGUNTA:

COMO YA LES PREGUNTÉ CUAL ERA SU PERSONAJE FAVORITO (TODOS AMAN A LUNA XDD) AHORA LES PREGUNTO.

¿CUAL ES EL PERSONAJE QUE MENOS LES GUSTA Y PORQUÉ?



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