30. Sorprendeme Londres.

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CAPITULO 30

Sorprendeme Londres...

*ººSEGUNDA PARTEºº*

ROBERT:

"Hasta que el destino quiera, Robert Steef..."

Esas palabras taladrando mi cerebro, repitiéndose dentro de mi cabeza una y otra vez... sin parar, mortificándome, destruyendo la poca fé que me quedaba, pero es que para ser realistas, ¿En que estaba yo pensando? ¿Cómo se me ocurre aparecer en su puerta con mis maletas en manos? No sé ni  como se me puso haber ocurrido eso.

Me senté en la acera de alguna calle desconocida con mis maletas tiradas a mi lado, corriendo el riesgo de que me robaran, con los ojos llorosos y el alma hecha trizas, llevaba horas caminando y la noche ya comenzaba a cubrirme, antes de conocer a Rosie, la noche no significaba nada para mi, pero ahora al ver la luna, no puedo evitar pensar en sus electrificantes ojos, esos que aveces me miran tan fríos como hielo, y aveces me queman como volcanes conteniendo toda su pasión.

Las estrellas eran escasas, si me pasaba mas tiempo rodando por ahí estoy seguro de que la lluvia me atraparía en plena calle así que me sequé las lágrimas y me puse de pie... en algún lugar tendría que pasar la noche. Me paré en una esquina hasta abordar un taxi que me llevó hasta la puerta del edifico en donde reside mi amigo Jules... la única persona que ahora me queda, el único refugio con el que cuento.

Tomé mis maletas e ingresé en el ascensor a toda prisa y me sorprendí al ver mi reflejo en el espejo, mi nariz se veía horrible y mis ojos extremadamente rojos e hinchados parecía que había estado involucrado en alguna pelea callejera o algo parecido.

—¿Es nuevo en el edificio o viene a visitar a alguien? —Una voz femenina me sorprendió y me di la vuelta hasta encontrarme con una mujer joven de rizado cabello castaño con mechas rubias y sonrisa cálida... ni siquiera me había percatado de su presencia por estar mirando mi reflejo.

—Ah... estoy de visita en casa de un amigo. —Contesté cabizbajo.

—¿Te sientes bien? ¡Oh por Dios! ¿Qué te pasó en la cara? ¿Te trataron de asaltar?

—No..., estoy bien no se preocupe.

La puerta del ascensor se abrió en su piso y la joven comenzó a salir pero se detuvo y se dio la vuelta para mirarme una vez más.

—Tu nariz luce muy mal, deberías dejar que te cure, hice un curso de enfermera y tengo todo lo necesario en mi departamento.

—De verdad... no hace falta.

—Por favor, déjame ayudarte, no seas tímido. —La joven volvió a sonreír efusivamente, tenía los dientes de en medio con una chistosa separación entre ellos que por algún motivo me hizo sonreír dentro de tanto dolor.

—Está bien... —contesté y salí del ascensor para seguirla.

Dimos unos cuantos pasos hasta quedar justo en frente a su puerta, esta abrió y me hizo pasar, me paralicé un segundo sin saber que hacer... solo unos segundos allí en su puerta, entonces entré arrastrando mis maletas. El departamento estaba muy bien decorado, de una forma muy femenina, tan distinto al de Jules, en una mesita de caoba habían fotos de la joven sonriendo junto a otras jóvenes de su edad aparentemente, también llegué a notar algunos instrumentos musicales en una esquina que llamaron mi atención.

—¡Siéntate! —exclamó con apuro mientras entraba en su habitación dejándome solo en la sala, obedecí y tomé asiento en el cálido sofá.— ¿Cómo te llamas? —cuestionó mientras llenaba de alcohol una gaza.

¡HABLE AHORA! O Calle para siempre.(Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora