CAPITULO 16
Cenicienta
Robert:
El vacío se sentía demasiado latente, mi cuerpo sabía que ella ya no estaba a mi lado, mi cerebro trataba de asimilar el hecho de no volver a besarla jamás, no volver a tocarla nunca, no poder ahogarme en sus ojos tormenta nunca más... era demasiado duro.
—Robert... Necesito que hablemos. —Se escuchó la voz de mi madre golpeando fuertemente en mi cabeza.
—Estoy muy cansado mamá. —Le contesté.
Había llegado hace unas horas desde las Vegas hasta Nueva york, solo había podido dormir un rato, o bueno más bien pretender que dormía. En cuanto llegué subí directo hasta mi habitación ignorando a todos en la casa, realmente lo único que quería era llorar en la intimidad de mi habitación.
—Obedece Robert... Te espero abajo en diez minutos, no más, no menos.
La puerta se cerró detrás de ella creando un ruido que caló en mis entrañas haciendo que mi migraña fuera en ascenso.
—Hogar... dulce hogar —susurré para luego ponerme de pie y desplazarme hasta el baño para ducharme.
Eran las dos de la tarde y mi estomago rugía con hambre mientras que mis ojos se veían cansados y un tanto enrojecidos por las lágrimas y el poco descanso que siempre deja un viaje en avión. Me vestí rápidamente y bajé las escaleras para encontrarme con mi madre en el estudio.
—Buenos días mamá... —pronuncié con timidez y me senté lentamente en la silla frente a ella.
—Hasta que te dignaste a bajar... —dijo y se reclinó en su sillón para luego darme aquella típica mirada con sus ojos verde musgo que me miraban y me recriminaban sin siquiera decir nada.
—No tardé tanto...
—¿Me puedes explicar que es esto? —dijo y se agachó para buscar algo debajo de escritorio.
—¿Qué cosa? —espeté curioso.
—Esto... —Sostenía entre sus delgadas manos un zapato de tacón... Era el zapato de Luna, ni idea de como había ido a parar en mi casa.
—¿De donde sacaste eso? —pregunté para luego arrebatar de sus manos el zapato.
—Estaba entre tus maletas, Yadhira lo encontró mientras limpiaba tu habitación y arreglaba tus maletas, pensó que eran de Nahomy, pero es obvio que no son de ella, ella nunca usaría algo así de.. corriente —pronunció con desden haciendo que la bilis subiera por mi garganta formando así un nudo que no me podía tragar.
—Yo...
—Sabes, mejor ya ni expliques nada, es obvio que estuviste con una mujer en el tiempo en que estuviste en Las Vegas, y no, no te culpo, las Vegas es la ciudad del pecado, nadie puede salir ileso de allí, solo te pido, te ruego... más bien te exijo que te olvides de ella y de lo que sea que haya pasado allá, y reza para que eso no te traiga problemas en el futuro, no soportaría que nuestro negocio con los Hall se vaya abajo solo por tu inmadurez, ¿Te queda claro?
—Es obvio que me queda claro mamá... Me queda más que claro el hecho de que yo solo soy "Un negocio", y no te preocupes las cosas que viví en las Vegas no van a hacer que tu mundo de mentiras y palacios de cristal se derrumbe, te lo puedo asegurar.
La dejé en el estudio y salí de ahí con el zapato de Luna entre las manos... Era como esa historia de la cenicienta, solo que este príncipe no puede darse el lujo de salir por todo el reino en busca de la princesa dueña de los más perfectos pies... No podía, porque este príncipe, lamentablemente ya tiene "Una princesa".
Dejé el zapato escondido en uno de los cajones de mi closet y me tiré sobre la cama de cara al techo pensando solamente en ella... Debía de estar tan triste y destrozada, le había hecho una promesa que sabía que no podía cumplir por más que lo deseara; junto a ella había vivido la locura más grande, el amor, aunque haya sido solo por unos días.
—¡Hasta que al fin volviste Rob! —La voz saltarina de mi hermana menor me sacó de mis pensamientos evitando así que me sumiera en la tristeza y me limitara a llorar por horas como tenia ganas de hacerlo.
—¡Alisson! —exclamé y me senté de golpe sobre la cama para poder recibir el abrazo que mi hermana de dieciocho años me daba.
—Ya hacía falta alguien sensato en esta casa, no te imaginas el caos que ha habido.
—¿Te parece si me pones al día?
Alisson es mi favorita, creo que es a la única de mis hermanas a la que realmente le caigo bien, los demás solo me buscan por algún beneficio, los demás solo van por la vida creyéndose un cuento totalmente ficticio y no caen en la cuenta de que estamos total y absolutamente quebrados.
—Pues... —Alisson se acomodó en la cama y recogía un poco su cabello castaño claro con algunas mechas de color rosa en las puntas y luego me miró con sus ojos verdes, casi una replica exactas de los ojos de mi mamá—. Casper tiene una nueva novia, supuestamente está tan enamorado que sería capaz de durar con ella más de un mes.
—¡Wow! eso es mucho tiempo. —Casper es uno de mis hermanos menores, tiene apenas Veinte años.
—Ciertamente lo es. —Hizo una pausa para luego continuar hablado—. Brent chocó como tres veces en su nuevo auto, y adivina quien tuvo que pagar para que lo arreglen... —Brent es mi hermano mayor, tiene treinta años pero sinceramente actúa como si tuviera quince.
—Um.. ¡Que difícil! —hice una pausa dramática— ¡Los Hall!
—¿Cómo lo supiste? —Se rió ruidosamente—. Dinah Hall se pasó todos los días de esta semana metida en esta casa con mamá, ¡No paran de hablar de tu boda! Que si esto le quedaría bien a Nahomy, que que tintes no le producen alergia, que si las flores combinan con sus ojos, en fin hablaban de todo lo que tenga que ver con esa asquerosa boda que será nuestra salvación económica.
Alisson nunca había estado de acuerdo con que yo me case con Nahomy pero si yo no podía evitarlo... Ella menos.
—Abbie, se pasó toda la semana de compras, como para variar y bueno, Amber simplemente se dedicó a hacer lo que mejor se le da... ¡Hacer nada! Esa mujer tiene que buscarse una vida con urgencia.
—Gracias por tenerme al tanto de todo pequeña detective.
Me puse de pie para caminar rumbo a la puerta y salir de mi habitación.
—¿A donde vas? —Preguntó Alisson desde la cama.
—Iré a visitar a Julia y a la abuela un momento.
—¿No me contaras que hiciste en Las Vegas?
—Quizás después...
Bajé nuevamente a la sala con las llaves de mi auto apretadas entre mis puños; el panorama en la casa era el mismo de siempre, personas corriendo de aquí para allá, limpiando, cocinando, haciendo realidad los caprichos de mis hermanos... etc, En la casa hay tantas personas trabajando que me cuesta aprenderme sus nombres o llegar a conocer al menos algo sobre sus vidas.
—¡Robert! —Me llamó mi padre evitando así que siguiera con mi camino rumbo a la puerta de la casa.
—Hola papá.
—Ya me puso tu madre al tanto de todo, confío en que eres lo suficientemente maduro como para no cometer alguna estupidez y menos por alguna mujer ¿De acuerdo?
—Sabes que no lo haré ¿Cuando he hecho algo que no sea lo que tu me ordenas?
Lo dejé con la palabra en la boca y salí huyendo para evitar tener que escuchar nuevamente su voz o tener que aguantar su mirada y cabello casi tan negros como los míos, odiaba parecerme tanto a él.
Fuera el sol era agradable, no era ni tan insoportable como para hacerme sudar ni tan ligero como para no hacerse sentir, estaba en la medida exacta y normal, era un domingo en la tarde y era normal ver el cielo dibujado en diferentes tonalidades de anaranjado.
Caminé hacia mi auto descapotable de color negro elegante y lo abordé para conducir hasta el asilo de ancianos que quedaba a una hora desde mi casa.
Moría de ganas por ver a Julia, abrazarla y desahogarme un poco con ella, o quizás solo bailar alguna de esas canciones que a ella tanto le gustan.
El camino se me hizo eterno pero finalmente había llegado y estaba a punto de entrar en su habitación.
Ella estaba sentada de espaldas a la puerta mirando por la ventana, no podía ver más que su oscuro cabello recogido en una trenza larga cayendo por su espalda con algunas escasas canas grisáceas por aquí y por allá.
—Julia... —susurré para luego adentrarme por completo en la habitación cubierta por la tenue luz del la tarde que cubría cada espacio de la misma llenándolo todo de tonos cálidos de amarillo y naranja. Era una habitación pequeña que si no fuera por la enorme sonrisa que Julia siempre trae consigo, luciera triste y apagada.
—Robert... —Ella me sonrió y yo me agaché frente a ella para luego tomar su arrugada mano entre la mía y acariciar con ternura cada una de sus arrugas y esa piel tan frágil pegada a sus débiles huesos que se podrían romper en cualquier momento.
Parecía como si hubieran pasado años desde la ultima vez que la vi aunque apenas fueron unos días; ella se veía mucho más delgada, la piel de su cuello caía ahora un poco más luciendo como si fuera de goma. Me dolía tanto verla así, era tan triste que nadie se acordara de ella, que nadie la visitara que nadie si quiera pensara en ella, claro, nadie además de mi.
Parecía casi un chiste la forma en que su demacrado cuerpo y débil sonrisa se combinaban a la perfección, no importaba lo deteriorada que los años y las enfermedades la volvieran, ella seguía luciendo radiante al mirarme, seguía luciendo viva y feliz.
—Te extrañé mucho —susurré para luego aclararme la garganta y evitar que la voz se me quebrara.
—Yo te extrañé mucho más mi pequeño.
—¿Me llamaras siempre así?
—Eres mi pequeño.
—Adoro ser tu pequeño... —me abracé a su regazo sintiendo como un lugar seguro, como un lugar dulce, como debe de sentirse el amor de una madre.
—¿Cómo te fue en Canadá? —preguntó mientras acariciaba mi cabello con sus débiles manos arraigadas por el tiempo.
—Yo... —no pude seguir escondiendo la tristeza en mi voz y comencé a llorar en silencio esperando a que ella no me escuchara.
—¿Por qué lloras? —pero ella siempre escuchaba mis lamentos incluso cuando yo no quería que lo hiciera...
—No es nada...
—¿Lloras por mi? ¿Por mi enfermedad?
—No, no eso... —O al menos no era solo eso.
—¿Entonces qué?
Yo no podía mentirle, y esconderle mis verdades era lo mismo que mentirle, no podía solo ocultarle los sucesos vividos en la semana más loca de mi vida.
—Me enamoré de la mejor mujer del mundo.
—¡¿Y eso te hace llorar?! ¡No hay cosa más bella que el amor!
—No entiendes... —me separé de ella rompiendo el abrazo y mirándola ahora a los ojos, no quería preocuparla, no quería que supiera lo mal que estaba mi familia y las cosas que tendría que hacer.
—Cuéntame...
—No puedo amarla, es imposible, ella está lejos, yo estoy aquí, y eso duele demasiado.
—La distancia no debería de ser obstáculo para el amor, eso es lo que siempre dicen y yo lo creo fervientemente.
—No es solo la distancia, los obstáculos que nos separan van mucho más allá. Ella es la mujer más hermosa de este mundo, es tan perfecta dentro de toda su imperfección, está tan loca, tan viva... No puedo dejar de pensar en ella, es demasiado duro para mi no tenerla a mi lado.
—¿Que lo impide?
—Julia... —La tomé de la mano y la apreté con fuerza—. No es necesario que lo sepas, solo, confórmate con saber que si soy capaz de amar a alguien.
—Yo tengo constancia de que eres capaz de amar, a mi me lo demuestras siempre, ojalá puedas amar a esa chica sin ningún tipo de trabas.
—Ojalá y la luna te escuche... —me reí nervioso—. Ya tengo que irme, comienza a caer la noche y tengo que dormir muy bien esta noche, mañana tengo que trabajar de nuevo.
—Cuídate, pequeño.
Le sonreí antes de salir de la habitación, ya comenzaba a oscurecer y tornarse de tonalidades violeta y azul oscuro.
—¡Joven Steef! —Me di la vuelta al escuchar mi apellido salir de los labios de una de las enfermeras que cuidan a Julia.
—Dígame. —Le contesté y me detuve frente a ella sonriendo.
—Es sobre la señora Julia... —Mi sonrisa decayó al ver la expresión de tristeza y preocupación en su rostro.
—¿Qué pasa con ella?
—No se ha sentido muy bien estos últimos días, cada día los dolores en su pecho son más fuertes, las pastillas y aspirinas casi no son sufrientes, le dan mareos muy seguido y tememos que se vuelva a caer y se lastime nuevamente.
—¿Están diciéndome que se va a... morir? —Sentí como el peso del mundo amenazaba con engullirme entero.
—Digamos que es muy probable que no duré mucho tiempo más, lo siento mucho.
¿Sentirlo mucho? ¿Que piensa la gente cuando dice esa estupidez? ¿Creen que con sentirlo mucho van a hacer que el dolor se vaya? Sentirlo mucho no hace ninguna diferencia, pero sin embargo es lo que todos hacemos en el inútil intento por compadecernos por los demás y aligerar su tristeza.
Me limité a asentir ante la enfermera que me miraba con tristeza y salí hasta el estacionamiento para tomar mi auto. Tenia ganas de simplemente conducir sin rumbo o meterme en algún bar para así ahogar un tanto el dolor y su ausencia, pero no podía seguir flagelándome más, tenia que volver a casa y comenzar nuevamente a llevar mi vida normal, tanta locura podría terminar conmigo si no lo controlaba un poco.
Me detuve en el estacionamiento de mi hogar y vi allí su brillante auto del año de color azul marino avisándome que la insípida de Nahomy ya estaba en casa.
—¡Robert! Cariño, ya has llegado, no sabes de todo lo que te perdiste. —La madre de Nahomy, Dinah se apresuró a abrazarme haciéndome sentir incomodo.
Le sonreír en forma de saludo y les di una mirada a todos los demás en la sala, el padre de Nahomy, mi madre y Nahomy rodeaban la mesa de café repleta de revistas sobre vestidos de novia, menús y papeles de colores que me hicieron sentir un peso tremendo y destructivo dentro de mi estomago.
—Hola. —Les dije y los saludé con la mano derecha.
—Te extrañé mucho amor, ¿Porqué no te unes y vemos las cosas para la boda? —Nahomy sonreía mientras hablaba y sus ojos de un extraño color entre miel y gris me miraron de pies a cabeza.
—Bajo en un segundo, estoy terriblemente cansado. —me zafé de la situación y subí hasta mi habitación dejándolos allí decidiendo sobre mi futuro.
Eran las ocho de la noche y yo solo quería relajarme un rato, me di un baño rápido para luego quedarme en bóxer recostado sobre mi cama con los ojos cerrados pensando en sus movimientos en el tubo, su sonrisa y sus ojos azules.
—¿Es que no me extrañaste como yo a ti? —Abrí los ojos de golpe para chocar con la mirada de Nahomy y su sonrisa ladeada que pretendía ser sexy, su cabello rubio parecía espuma alrededor de su cara peinado así de ondulado.
—Claro. —Le mentí—. Moría por verte.
—Pues no se nota. —Se acercó a mi para luego tumbarse encima mío y comenzar a besar mis labios y acariciar mi cabello.
—No es correcto que hagas esto Nahomy... —Traté de zafarme del agarré de sus brazos y sus besos en mi boca que luego comenzaron a desplazarse hasta mi cuello enviando sensaciones cálidas por todo mi cuerpo.
—¿Porqué? Ya casi seremos esposos, ¿Que tiene de malo? ¡Como si no lo hubiéramos hecho antes!
—Pero tus padres están allá abajo, no es muy correcto esto.
—Solo bésame ¿Sí? Te extrañé demasiado, te amo demasiado y solo quiero amarte y besarte...
Ella siguió besándome cada vez con más intensidad, no era sencillo resistirse a su legua tibia mojando mi clávicula, puede que odie a las rubias, pero como amo los besos...
—Te amo... —susurré enloqueciendo—. Te amo Luna.
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¡HABLE AHORA! O Calle para siempre.(Terminada)
Chick-Lit"El novio no siempre se casa con la novia"
