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¿Muerto?
¿Podía ser eso posible?

—¿No hay un error en el sistema? —preguntó Yoongi, con la mirada fija en la pantalla como si al hacerlo pudiera obligarla a cambiar de opinión.

Los fríos datos en el monitor permanecían inmóviles, crueles en su indiferencia, y parecían burlarse de su intento por encontrar una explicación lógica.

Seokjin suspiró con pesadez, su rostro reflejaba más preocupación que sorpresa.

—Podría ser —admitió— pero sabes tan bien como yo que nuestro sistema casi nunca falla. Las muertes no se registran a la ligera. Alguien tuvo que reportarlo... y alguien validó esa información.

Yoongi pasó una mano por su rostro, inquieto.

—El único que puede tener más detalles es Namjoon —dijo después de un silencio cargado— Como director, tiene acceso a los archivos restringidos. Podría averiguar si fue un error, un reporte falso o algo más.

Seokjin alzó una ceja, sin perder la compostura.

—Sabes que no puedo ir a Namjoon sin un motivo de peso. Él no es precisamente flexible... y menos si no hay razones claras.

—Convéncelo, Jin. Usa tus encantos —insistió Yoongi, con una mezcla de súplica y una sonrisa forzada que apenas disimulaba la ansiedad en su voz— No puedo quedarme con esta duda. Necesito saber qué pasó. Necesito saber quién es realmente Jimin.

Seokjin rodó los ojos con suavidad, aunque en su expresión apareció una chispa de resignación divertida.

—Haré lo que pueda. Hablaré con él... pero no prometo milagros.

—Eso basta —asintió Yoongi, visiblemente aliviado— Gracias, hermano. De verdad.

—Me debes varias —añadió Seokjin con una risita, relajando un poco el ambiente.

Yoongi sacó la cartera con un suspiro dramático.

—Está bien. Hablando de deudas... ¿cuánto te debo por la consulta de hoy?

Seokjin negó con la cabeza.

—Nada. Esta va por cuenta de la casa. Me agrada Jimin... y quiero ayudar. Cuenten conmigo para lo que necesiten, en serio.

—Eres un buen tipo, Jin. El mejor —agradeció Yoongi, con genuino afecto— Llámame si Namjoon dice algo. O mejor, reunámonos. Prefiero hablarlo en persona.

Se detuvo un instante en la puerta, volviendo la vista hacia su amigo.

—Gracias de verdad.

Seokjin le devolvió una sonrisa cálida, la misma que ofrecía a sus pacientes más asustados, aunque en su interior seguía dándole vueltas a la información que acababan de descubrir.

Conocía a Yoongi desde hacía años, desde sus días de internos cuando ambos vivían con más café en la sangre que horas de sueño. Lo había visto agotado, frustrado, molesto, incluso devastado… pero nunca tan involucrado emocionalmente. Había una intensidad nueva en él. No era simple compasión. Había algo más, algo profundo, como si el lazo con Jimin fuera creciendo con cada segundo, aunque él mismo aún no se diera cuenta.

Mientras meditaba, Yoongi abandonó el consultorio y caminó hacia la sala de espera. Ahí encontró a Jimin sentado en una de las sillas, junto al mostrador de recepción. Frente a él, Jungkook hablaba animadamente, gesticulando con las manos y moviéndose con esa energía inagotable que lo caracterizaba.

Yoongi aminoró el paso, deteniéndose por un segundo. No quería interrumpir de inmediato. Desde la distancia, observó cómo Jimin sonreía, apenas, como si no supiera muy bien cómo hacerlo, pero al menos lo intentaba. Eso, para Yoongi, ya era un pequeño milagro.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora