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La tarde caía lentamente sobre Busan, tiñendo el cielo de tonos dorados que se colaban por los amplios ventanales de una elegante oficina ubicada en el último piso de un edificio empresarial. Las sombras alargadas de los rascacielos se proyectaban sobre las paredes de madera oscura, mientras el aroma a cuero y tabaco impregnaba el ambiente. En medio de aquella atmósfera sofisticada y pesada, dos hombres jugaban una silenciosa partida de ajedrez sobre un tablero de mármol blanco y negro.

Taehyung, con una camisa negra perfectamente ajustada y pantalones de vestir a juego, mantenía la postura erguida, la expresión serena y los ojos afilados como cuchillas. Movió un alfil con la precisión de quien no tolera el error, sus pupilas fijas en su oponente, Park Seung, un hombre mayor, de traje gris oscuro y semblante endurecido por los años, el poder y la desconfianza.

—Piénselo bien —dijo Taehyung, su tono suave, casi educado, pero impregnado de veneno— Mataría dos pájaros de un solo tiro. Usted obtiene el poder que desea… y yo finalmente me deshago de mi padre.

Hablaba con la calma de quien ya tenía la victoria asegurada.

Desde pequeño, Taehyung fue entrenado para ganar. Ya no veía el ajedrez como un juego, sino como una metáfora de la vida, estudiar cada movimiento, anticipar debilidades, manipular el tablero a su favor. Esta partida, como tantas otras, la tenía completamente bajo control.

Park Seung respondió, moviendo su caballo con brusquedad.

—Si muero antes, tu padre se adueñará de todo. —Su tono era áspero, irritado— Expandir mis acciones como propones es una estupidez. Young Hoon seguirá siendo el más poderoso y lo recuperará todo apenas cierre mis ojos.

Taehyung apretó la mandíbula, apenas perceptible, antes de sonreír con frialdad.

—Ya ha cometido errores estúpidos antes —dijo con veneno— Como dejar que Jimin me traicionara sin consecuencias. Esa debilidad le costó influencia... y dinero. Pero aún hay forma de recuperar lo perdido, si sabe jugar bien.

Park Seung entrecerró los ojos, sospechando.

—¿A qué te refieres?

Taehyung se inclinó ligeramente hacia adelante, con calma calculada.

—Usted necesita asegurar su legado. El poder que tanto ansía no será suyo por siempre, a menos que deje un heredero.

—¿Herederos? —bufó Park Seung con una risa hueca— ¿Y de dónde saco uno ahora?

—Si muere, como tanto afirma, el poder pasará a otro Park, ¿no es así? —continuó Taehyung, con falsa inocencia— Tal vez no todo esté perdido… Jimin espera un varón.

Park Seung entrecerró los ojos, sus dedos tamborileando el brazo del sillón.

—Sigo sin creer que ese bastardo siga con vida —masculló, levantando un vaso de ron con furia contenida— Esperaba que muriera la primera semana. Si le quitamos al bebé, aseguramos al único heredero. Nadie me arrebatará el poder. Ni siquiera un feto malparido.

Taehyung se inclinó hacia adelante, la mirada encendida por un brillo oscuro.

—Nunca confíe en nadie, señor Park. Tal vez Jimin planeó ese embarazo desde el principio. No olvide que él creció en este mismo mundo. Sabe cómo funciona. Tal vez… solo tal vez, también sabe jugar.

—Cría cuervos y te sacarán los ojos —espetó Park Seung, con el rostro torcido.

—No se preocupe por mí —dijo Taehyung, recuperando la calma— Planeo retirarme cuando usted obtenga el poder. No le causaré problemas. Solo quiero… cerrar capítulos.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora