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17 de septiembre de 2019

—Nunca creí que te volvería a ver —dijo el hombre de cabello cenizo, cruzando la puerta del consultorio con paso seguro y una sonrisa torcida que no llegaba a los ojos— Un Min, médico. Vaya sorpresa. No resultaste tan inútil como tu padre, después de todo.

Los ojos de Yoongi no parpadearon, pero sus puños, ocultos bajo el escritorio, se cerraron con fuerza. Sentía cómo la rabia le subía por la espalda como un escalofrío, seco y antiguo. Apretó los dientes, tragándose las palabras que amenazaban con salir como cuchillas.

—Le pido respeto, señor —dijo finalmente, con un tono tan frío como medido— Está en mi lugar de trabajo.

El hombre soltó una risa breve, seca, tan cortante como el aire en invierno.

—¿Respeto? ¿Tú me estás pidiendo respeto? —se burló, inclinándose apenas sobre el escritorio como un buitre al acecho— ¿Sabes quién soy, mocoso insolente? Fui uno de los pilares que levantaron este hospital de juguete. Sin mi dinero, tú ni siquiera estarías sentado ahí. Y no te confundas... también puedo hacer que desaparezcas.

Yoongi lo miró fijamente, conteniendo la tormenta detrás de su mirada. Sabía que con ese tipo de hombres no valía la pena discutir; lo único que reconocían era el poder, y la sumisión les sabía dulce. Pero él no iba a darle ninguna de las dos cosas.

—¿En qué puedo ayudarlo? —preguntó, esta vez con la voz endurecida, conteniendo el asco.

—Así me gusta —respondió el hombre, alisando su saco con arrogancia— Que los muertos de hambre como tú sepan cuál es su lugar.

Yoongi no respondió. Solo volvió a preguntar, con un tono que ya no era cordial, sino firme como una pared.

—¿En qué puedo ayudarlo?

El hombre se acomodó en la silla frente a él, como si la oficina le perteneciera, cruzando las piernas con descaro.

—Quiero una cita —dijo con autosuficiencia— Un chequeo de rutina. Quiero descartar cualquier problema en el corazón.

Yoongi lo miró de reojo, apenas conteniéndose.

—No creo que tenga uno —murmuró para sí, en voz tan baja que parecía más un pensamiento escapando por accidente.

—¿Qué dijiste?

—Que las citas las agenda mi secretaria —respondió Yoongi, volviendo a levantar la vista, esta vez sin emoción— Puede acercarse al mostrador al salir.

—Prefiero tratar contigo —insistió el hombre, con una sonrisa desagradable— No me gusta perder tiempo con brujas viejas y lentas.

Una vena palpitó en la sien de Yoongi. Tomó aire despacio, y lo soltó aún más lento.

—¿Para cuándo necesita la cita?

—Lo antes posible. Mañana por la mañana.

Yoongi abrió su agenda con parsimonia, fingiendo revisar con atención, aunque sabía de memoria que no había hueco. Ni ganas de hacer espacio.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora