En el consultorio de Yoongi, la luz tenue de una lámpara de escritorio arrojaba un resplandor cálido y solitario sobre el espacio, que había dejado de parecer un simple lugar de trabajo. Una maleta abierta descansaba en una esquina de la sala, con ropa doblada de forma desordenada sobre una silla. Junto al respaldo, colgaba una toalla húmeda que comenzaba a secarse lentamente, y en el aire flotaba una mezcla de jabón, café rancio y agotamiento acumulado.
Sobre el sofá, una manta arrugada y un cojín fuera de lugar delataban noches mal dormidas, pasadas en ese rincón improvisado como refugio. El silencio pesaba, solo interrumpido por el suave zumbido del aire acondicionado y el roce apagado de la tela al ser doblada.
La puerta se abrió sin previo aviso. Hoseok entró con paso firme, pero al ver la escena, se detuvo en seco. Observó con atención los detalles, el cepillo de dientes junto al monitor, una botella de champú al borde del escritorio, calcetas en el suelo… y en el centro, Yoongi, doblando una camiseta con movimientos lentos, casi automáticos. Tenía el cabello revuelto, ojeras profundas marcaban su rostro, y sus hombros estaban encorvados por una tensión constante.
—¿Qué es esto, Yoongi? —preguntó Hoseok, cruzando los brazos sobre el pecho, su voz firme, con una mezcla de preocupación y reproche— ¿Estás viviendo aquí?
Yoongi se tensó. Se detuvo a mitad de movimiento, manteniendo la prenda entre las manos. Suspiró, llevándose una mano al cabello con desgano, despeinándolo aún más.
—No es para tanto, Hobi —murmuró— Solo… no he ido a casa en unos días.
—¿Desde cuándo? —insistió Hoseok, avanzando unos pasos más, frunciendo el ceño— ¿Desde que internaron a Jimin?
Yoongi evitó su mirada. Sus dedos apretaron la tela de la camiseta, y el silencio que siguió pareció ahogarlo por dentro.
—No quería dejarlo solo —confesó al fin, su voz apenas audible, quebrada— Aunque no le hable… aunque esté furioso… no podía irme. Si algo le pasa a él… o al bebé… no me lo perdonaría nunca.
Hoseok sintió que algo se le apretaba en el pecho. Esa sola frase, dicha con tanta vulnerabilidad, revelaba lo que Yoongi aún no se atrevía a admitir en voz alta, que seguía amándolo. Que el enojo era apenas un velo sobre el miedo y el amor aún latente. Estaba atrapado, desgarrado entre el resentimiento y el deseo de proteger.
—Yoongi… —dijo con más suavidad, su tono ahora teñido de compasión— No puedes seguir así. Estás dejando que esto te consuma. No es sano. Tienes que enfrentarlo. Hablar con él. Al menos darte la oportunidad de entender qué pasó en realidad.
Yoongi no respondió. Bajó la mirada hacia sus manos, apretando con más fuerza la prenda ya doblada, como si ese gesto inútil pudiera contener todo lo que lo desbordaba por dentro. Hoseok se quedó unos segundos más en la habitación, esperando una reacción, una palabra, algo. Pero al no obtener respuesta, suspiró con resignación y se dio la vuelta.
Antes de salir, dejó caer una última frase, sin dureza, sin juicio, solo con la preocupación de quien no quiere ver a un ser querido hundirse solo.
—No puedes protegerlo si te destruyes en el proceso, Yoongi.
Y luego se fue, cerrando la puerta con cuidado. El consultorio volvió a quedarse en silencio, con Yoongi de pie en medio del desorden, rodeado de todo lo que no se atrevía a soltar.
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Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
