¿Por qué todos tienen una fecha de vencimiento?
Las despedidas dolían como si desgarraran el alma con las manos desnudas. Algunas eran inevitables, tan crueles como necesarias, dejando tras de sí un silencio que pesaba más que cualquier palabra. Solo quedaba aprender a convivir con el vacío, con ese hueco profundo que se forma en el pecho cuando alguien se va para siempre.
Había pasado una semana desde la muerte de la señora Min.
Siete días eternos para Min Yoongi, que caminaba por el mundo como si arrastrara su cuerpo vacío, como si su alma se hubiera quedado atrapada junto a la de su madre, en algún rincón de esa sala fría del hospital donde la vio por última vez.
Era un cuerpo sin alma, un hombre hecho de rutinas automáticas, atrapado en la negación de una realidad que aún se negaba a aceptar.
El dolor lo consumía en silencio.
Había perdido a su padre siendo apenas un joven, y desde entonces su madre se convirtió en su ancla, su refugio, su cable a tierra. Incluso a la distancia, en cada llamada, en cada mensaje de texto, en cada voz dulce deseándole buenas noches, ella seguía siendo una de las personas más importantes de su vida.
Ahora ya no estaba.
Y ni siquiera Jimin, que era su refugio más cálido, podía sacarlo de esa tristeza espesa.
—Vamos, prueba un poco de pastel —dijo Jimin con suavidad, acercándole un plato pequeño con una rebanada de pastel de chocolate— Yo mismo lo hice.
Su tono era ligero, casi juguetón, pero debajo de esa dulzura se percibía una preocupación honda.
Yoongi apenas lo miró. Se levantó del sofá con lentitud, como si el peso del mundo colgara de sus hombros.
—Tengo que ir a trabajar. Ya se me hace tarde —murmuró, su voz apagada, evitando cualquier contacto visual.
Jimin suspiró y, en un intento desesperado por romper la barrera, adoptó un tono infantil.
—No puedes salir sin desayunar, Yoongi… El desayuno es importante —dijo Jimin con suavidad, intentando sonar animado mientras le acercaba el plato— Y bueno… un poco de pastel de chocolate siempre ayuda, ¿no?
Hizo una pequeña pausa, buscando su mirada, luego forzó una sonrisa más alegre.
—Bieeen… tú lo pediste. Aquí viene el tren, ¡chuchú! —canturreó con ternura, acercando la cuchara— ¡Hace su parada en la boca de Yoonie!
Acercó una cuchara con un pequeño trozo de pastel hacia él, haciendo un ruidito con los labios como si intentara alimentar a un niño pequeño.
Pero Yoongi ni siquiera parpadeó. Su rostro era una máscara sin expresión.
—Yoongi… sé que estás triste. Pero últimamente no te veo en casa. Duermes en el hospital, haces turnos dobles. Sé que estás intentando lidiar con el dolor a tu manera… pero te estás haciendo daño —dijo Jimin con un hilo de voz, acercándose más— No comes, no duermes, no hablas con nadie. Me preocupas, de verdad. Por favor… déjame ayudarte.
Yoongi tomó su abrigo del perchero. No miró atrás.
—Tengo que ir a trabajar. Llegaré tarde —repitió, como una máquina que solo sabe una frase.
Jimin respiró hondo. Dio un paso más, deteniéndose a escasos centímetros de él.
—Yoongi… déjame estar contigo. Puedes hablar conmigo. De verdad quiero entenderte.
ESTÁS LEYENDO
Rockabye | Yoonmin |
FanficPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
