Habían pasado apenas dos meses desde que Kim Namjoon dejó de recorrer los pasillos del hospital, pero cada uno de esos días se había sentido como una eternidad. Ahora, con el corazón golpeando con fuerza dentro del pecho, avanzaba a paso rápido por los corredores silenciosos, el eco de sus zapatillas resonando con claridad en el suelo pulido. No vestía su bata blanca de médico ni cargaba el peso de su rutina habitual. En su lugar, llevaba una camiseta gris ajustada, jeans oscuros y una chaqueta ligera que apenas lograba ocultar el temblor de sus manos. Entre sus dedos, aferraba un ramo de orquídeas blancas, delicadas y puras, las favoritas de Seokjin. Cada pétalo, suave y frío al tacto, parecía susurrarle una mezcla de esperanza y temor, como si anticiparan lo mucho que estaba en juego.
Ese día, Namjoon no había regresado como médico. No estaba ahí para revisar expedientes ni para hacer rondas. Su mente era un remolino de emociones encontradas, anhelo, miedo, culpa. En esos dos meses de distancia, había convivido con una soledad insoportable, con noches interminables donde el rostro de Seokjin se colaba en cada rincón de su casa, en cada pensamiento. Había intentado avanzar, convencerse de que podía vivir sin él. Pero cada intento lo hundía más en la certeza de que su corazón seguía perteneciendo al hombre que lo había hecho sentirse completo.
Las palabras de Yoongi, su amigo y confidente, seguían vibrando en su memoria.
“Si lo amas, ve por él. No dejes que el miedo te robe lo que más quieres.”
Esas frases, pronunciadas en una madrugada cualquiera, habían sido el impulso necesario para que hoy estuviera allí, de pie frente a la puerta del consultorio de Seokjin, con el alma completamente expuesta.
Contuvo la respiración. El aire se acumulaba en sus pulmones, denso, inmóvil. Apretó el ramo con fuerza, tanto que los tallos crujieron levemente entre sus dedos. ¿Y si Seokjin lo rechazaba? ¿Y si el amor que una vez los había unido ya no existía, o se había convertido en un eco lejano y doloroso? El miedo lo paralizaba, pero el peso de no intentarlo era aún más insoportable. Cerró los ojos solo un segundo. Imaginó la mirada cálida de Seokjin, su risa tranquila, el tono pausado de su voz. Y eso bastó. Sin permitirse dudar más, giró la perilla y empujó la puerta con una determinación que apenas disimulaba la vulnerabilidad que lo consumía.
Seokjin estaba allí, sentado detrás de su escritorio, concentrado en unos análisis médicos. La luz cálida de la lámpara caía sobre su cabello negro, dándole un brillo suave, casi melancólico. Al escuchar la puerta, alzó la vista, y por un instante, solo un instante, sus ojos se abrieron con sorpresa. En ese breve reflejo se asomó algo más, ¿dolor, nostalgia, deseo? Tal vez una mezcla de todo eso. Pero en cuestión de segundos, su expresión se endureció en una máscara de indiferencia. Esa barrera, tan conocida por Namjoon, fue como un golpe seco en el pecho. Seokjin siempre había sido hábil para ocultar lo que sentía, pero Namjoon sabía leer las grietas, el leve temblor en sus dedos, la tensión en su mandíbula, la forma en que sus labios se cerraban, como si contuviera algo que amenazaba con salir.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Seokjin. Su voz era fría, cortante, aunque un temblor imperceptible en su tono delataba el torbellino que intentaba reprimir.
Namjoon sintió que el suelo bajo sus pies se volvía incierto. Las frases que había repetido una y otra vez en su mente se esfumaron, tragadas por un nudo que se formó en su garganta. Avanzó un paso, torpe, y extendió el ramo con manos temblorosas, como si aquellas flores pudieran hablar por él, como si pudieran traducir el amor, el arrepentimiento y la esperanza que no lograba articular con palabras.
—Quería hablar contigo... —murmuró, con una voz tan suave como vulnerable— Son para ti.
Seokjin apenas dirigió una mirada a las orquídeas. Sus ojos estaban clavados en Namjoon, escrutándolo con una intensidad que lo hacía sentir desnudo, frágil, como si estuviera bajo una luz que lo revelaba todo. El silencio que se instaló entre ellos pesaba más que cualquier reproche. Era un silencio lleno de memorias compartidas, de promesas rotas, de noches en vela preguntándose si el otro también pensaba en lo que habían perdido.
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Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
