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Kim Taehyung estaba solo, rodeado por un silencio espeso que parecía morderle los talones. La habitación apenas estaba iluminada por la luz cálida de una lámpara de escritorio, que proyectaba sombras alargadas y afiladas sobre su rostro. Sostenía el teléfono contra su oído con firmeza, como si temiera que soltarlo pudiera debilitar su control sobre lo que estaba a punto de escuchar.

—¿Entonces, si el padre del niño muere, me quedaría con la custodia total de ese niño? —preguntó en voz baja, cada palabra pronunciada con una calma inquietante, cargada de cálculo.

La pausa al otro lado de la línea fue breve, solo lo justo para que el abogado revisara sus argumentos.

—Así es, señor Kim —respondió finalmente con tono seco, impecablemente profesional— Usted figura como progenitor legal, y en caso de fallecimiento del otro padre, obtendría la custodia absoluta. También adquiriría, en calidad de tutor, el manejo temporal de todos los bienes del menor. Eso incluye, por supuesto, las empresas Park.

Taehyung se acomodó en el sillón, entrecerrando los ojos. Un destello de ambición cruzó por su mirada, como un relámpago silencioso.

—¿Y en lo referente a las propiedades y activos? ¿Todo eso quedaría bajo mi administración hasta que el niño cumpla la mayoría de edad? —insistió, con la voz envuelta en una falsa neutralidad que no lograba ocultar su hambre por el poder.

—Correcto, señor Kim. Usted tendría la autoridad para tomar decisiones en nombre del niño, siempre que pueda demostrar que actúa en su beneficio. Todo quedaría bajo su tutela legal.

Taehyung dejó escapar una breve exhalación, casi un suspiro. La sonrisa que se formó en sus labios era tenue, pero cargada de una oscuridad reconocible. Su mente, siempre ágil y persuasiva, ya empezaba a trazar los próximos movimientos con precisión quirúrgica.

—Gracias por su tiempo, señor abogado. Fue muy claro —murmuró, y sin esperar respuesta, cortó la llamada con un solo gesto, dejando el teléfono sobre la mesa con un golpe seco.

El silencio volvió a adueñarse de la habitación, pero esta vez no se sentía pacífico. Era un silencio tenso, vibrante, como si la oscuridad misma contuviera la respiración.

—Vamos por buen camino… el camino del éxito —susurró para sí mismo, en un tono casi ritual. Pero apenas las palabras abandonaron sus labios, un leve temblor le cruzó el pecho.

Se quedó quieto por unos segundos, los ojos perdidos en algún punto más allá del muro frente a él. No era común en él dudar. No era parte de su naturaleza. Pero allí estaba, una punzada sorda, mínima, alojada justo debajo de las costillas. Una emoción no identificada que no encajaba en su estrategia.

Se recostó en el respaldo, cruzando los brazos, y por primera vez en mucho tiempo permitió que el silencio no solo lo envolviera, sino que también lo enfrentara. Su ambición seguía intacta, ardiente, pero algo más, algo nuevo, inesperado, comenzaba a sacudir los cimientos de sus planes.

Pensó en Jungkook. En su piel tibia. En su risa tímida. En sus ojos grandes que confiaban sin condiciones.

Y por un instante, solo un instante, sintió que había cavado un pozo del que tal vez ya no podría salir.

Y por un instante, solo un instante, sintió que había cavado un pozo del que tal vez ya no podría salir

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Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora