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Jimin se movía con cuidado entre los pequeños arbustos del jardín, revisando una y otra vez que todo estuviera en su lugar. El mantel a cuadros color marfil, los cojines mullidos cuidadosamente acomodados sobre el césped, los cubiertos alineados con perfección casi obsesiva, y por supuesto, el pastel de chocolate que con tanto esmero había preparado la noche anterior. Revisaba cada detalle con las manos temblorosas y el corazón palpitante, anticipando la llegada de su pareja con una mezcla de ilusión y ansiedad.

El sol de la mañana se filtraba entre las hojas de los árboles, arrojando sombras suaves sobre el mantel, mientras una brisa ligera acariciaba el cabello del rubio. Se acomodó los mechones que el viento desordenaba, y suspiró. Todo tenía que salir bien. Era un día importante. Tal vez el más importante de su vida.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos.

—Jimin, cariño, ya estoy aquí —la voz grave y familiar de Taehyung resonó desde el interior de la casa. Su tono, aunque aparentemente calmado, cargaba cierta molestia— ¿Para qué me citaste tan temprano? Sabes que tengo mucho trabajo. No quiero perder el tiempo.

Jimin tragó saliva. Intentó sonreír. Recibió esas palabras como una bofetada disimulada, pero no dijo nada. Ya estaba acostumbrado a que el trabajo fuera más importante que él.

—Quería invitarte a almorzar —dijo, forzando una sonrisa mientras caminaba hacia él— Incluso preparé tu postre favorito… pastel de chocolate. Ven, vamos al jardín, organicé un picnic. Quería que tuvieras un momento de descanso.

—¿Tus padres están en casa? —preguntó el castaño, alzando una ceja, y en su mirada se encendió una chispa que Jimin ya conocía demasiado bien. No era precisamente ternura.

—No, pero…

—Entonces vamos a tu habitación —interrumpió él, acercándose sin disimulo y tomándolo del brazo, comenzando a jalarlo hacia las escaleras.

Jimin se detuvo en seco. Su cuerpo tensó como un hilo.

—Pero necesitamos hablar —insistió, mirando a Taehyung con seriedad. Sus ojos buscaban ser comprendidos.

—Podemos hablar después —replicó el otro sin mirarlo siquiera.

—Tae, de verdad necesito hablar contigo. Es importante —su voz tembló, entre suplica y miedo. Sentía cómo las palabras se le atoraban en la garganta, como si cada una pesara toneladas.

Taehyung soltó un suspiro exagerado, visiblemente irritado. Luego, ladeó la cabeza, lo miró con falsa paciencia y dijo.

—También lo mío es importante. Estoy estresado por el trabajo, ¿sabes? Manejar una empresa no es fácil. Y qué mejor manera de relajarme que con el hermoso cuerpo de mi novio —murmuró antes de dejar un beso superficial en los labios del rubio.

Jimin retrocedió levemente, inseguro. Ese gesto que en otro momento lo habría hecho sonreír, ahora le parecía hueco, fuera de lugar. Reunió valor y habló con firmeza.

—Amor, esto es muy importante. No puede esperar.

Taehyung rodó los ojos, como si lidiara con un niño caprichoso. Se cruzó de brazos y alzó una ceja.

—Está bien, te escucharé. Pero tendrás que recompensarme por esto. Sabes a qué me refiero —agregó con una sonrisa torcida que no alcanzó a tocarle los ojos.

Jimin asintió en silencio. Dio un paso atrás, tomó aire como si se preparara para un salto al vacío, y sacó una pequeña caja de su bolsillo. Sus manos temblaban.

—Yo… tengo esto —dijo, extendiéndola con dedos inseguros.

Taehyung arqueó una ceja y la tomó con desinterés, examinándola como si no esperara nada fuera de lo común.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora