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El aroma a jabón y hierbas envolvía la cocina, un refugio de calma aparente en el departamento. Jimin estaba ahí, frotando con insistencia las cazuelas usadas para la cena, bulgogi, banchan y sopa de algas. La luz tenue de la lámpara colgante dibujaba sombras suaves en las paredes, pero la atmósfera estaba cargada, como si el aire mismo contuviera una tormenta latente.

Vestía una camisa de algodón verde claro, y jeans gastados. Sus manos se movían con fuerza excesiva sobre el metal de la cazuela, como si el roce pudiera borrar lo que había dentro de su cabeza. Una y otra vez, su mente regresaba a aquella nota cruel, clavada como un puñal invisible en su pecho.

“¿Yoongi te querrá aún a su lado después de ver la clase de zorra que eres?”

El peso de esas palabras era insoportable, resonando sin cesar, hundiendo a Jimin en un silencio que grita.

La puerta se abrió y Yoongi entró, con una camiseta negra y jeans. Su rostro estaba marcado por la preocupación, esa expresión densa que había adquirido tras la conversación con Hoseok en el hospital. Sus ojos buscaron a Jimin con una mezcla de ternura y urgencia.

—Jimin, ¿puedes parar un momento? —pidió con voz suave, apoyándose en la encimera, tratando de mantener la calma.

Jimin se volvió lentamente, secándose las manos en un trapo que apenas absorbía la humedad. Su camisa estaba húmeda por las salpicaduras, y su mirada, vidriosa, reflejaba la lucha interna que lo consumía.

—¿Pasa algo? —preguntó, con la garganta cerrada y un nudo apretando su estómago.

Con cuidado, tomó un vaso con agua para beber, tratando de calmarse, pero sus manos temblaban más de lo que esperaba.

—Quería hablar contigo de algo importante. —empezó Yoongi, acercándose con cautela— Creo que sería bueno que visitaras a un psicólogo. Hoseok mencionó que…

No pudo terminar la frase. En ese instante, un vaso de cristal resbaló de las manos de Jimin, cayendo al suelo y estrellándose con un estallido que retumbó en su cabeza como un disparo. Los fragmentos brillaron bajo la luz, y Jimin se quedó paralizado, con la respiración agitada.

"Lo rompí. Yoongi se enojará. Me castigará".

El eco de los gritos de su padre, las manos que golpeaban, las quemaduras, todo regresó con una fuerza insoportable. Su cuerpo se tensó, el pánico lo atrapó en una red invisible.

—L-lo siento, Yoongi… —balbuceó con voz quebrada— No quise… —Y antes de poder pensar, sus piernas cedieron y cayó de rodillas, sus manos temblorosas intentaban recoger los pedazos— Lo limpio, te lo prometo, por favor, no me castigues.

—Jimin, tranquilo. No pasa nada. —dijo Yoongi con urgencia, agachándose junto a él— No es un problema, solo un vaso. No estoy enojado.

Pero Jimin ya no escuchaba. En su desesperación, sus dedos tocaron uno de los cristales afilados. Un corte leve apareció en la palma, y una gota de sangre empezó a deslizarse por su piel.

—No soy malo. —susurró, rascándose los brazos con ansiedad, dejando marcas rojas que se volvían rojas— No quise romperlo… No me castigues… He sido bueno.

—Jimin, mírame. —rogó Yoongi, tomando suavemente sus manos entre las suyas— Aquí no hay castigos. Estás a salvo.

Pero la crisis lo dominaba. El pánico creció hasta llenarlo por completo. Sus ojos se inundaron de lágrimas y su respiración se volvió agitada, profunda y rápida, como si no pudiera llenar sus pulmones. Finalmente, su cuerpo cedió, y se desplomó inconsciente en los brazos de Yoongi.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora