—Joven, ya le dije que no puede pasar —repitió el guardia, cruzando los brazos con una mezcla de firmeza y una tenue compasión que apenas se notaba en sus ojos.
—Vamos, por favor... solo necesito cinco minutos —suplicó Jimin, su voz quebrada por la desesperación, sus labios temblando al igual que sus manos, que se aferraban con impotencia a las rejas.
—Son órdenes de su padre. No puedo hacer excepciones —insistió el guardia, evitando su mirada como si el peso de la culpa fuera demasiado para sostenerlo.
—Cinco minutos, se lo juro. Hablaré con él, me escuchará, me perdonará... y todo volverá a ser como antes. Lo prometo —las palabras de Jimin eran un eco tembloroso de esperanza, una esperanza rota, aferrada con uñas débiles a una fantasía imposible.
El guardia lo observó en silencio por un instante que pareció eterno. Era evidente que conocía a Jimin desde hacía muchos años; seguramente lo había visto crecer, correr por los jardines, esconderse detrás de las columnas de mármol jugando a ser invisible. Pero ahora, ese mismo niño estaba frente a él, suplicando como un extraño.
No podía hacer nada. Tenía una familia que alimentar, y desobedecer las órdenes del señor Park significaría perderlo todo. Se quedó firme, su rostro endurecido por la obligación, aunque sus ojos vacilaron por un instante.
Y ese instante bastó para que Jimin entendiera. No lo dejarían entrar. No hoy. Quizás no mañana. Tal vez... nunca.
Sus hombros se hundieron con resignación, sus piernas temblorosas apenas le respondían. Dio un paso atrás, sintiendo como si sus pies pesaran toneladas. Una parte de él quería seguir gritando, implorar de rodillas, agarrarse al portón como un niño perdido, pero algo en su interior se rompió definitivamente. Lo mejor sería marcharse definitivamente… aunque no supiera a dónde ir. No tenía amigos, no tenía familiares cercanos. Todo lo que conocía estaba tras esas rejas, tras esas paredes frías que habían sido su mundo entero.
Había nacido en esa casa. Vivido en ella cada día de su vida. Allí había aprendido a caminar, había dado sus primeras palabras, había reído y también llorado. Cada rincón tenía un pedazo suyo. Allí estaban los ecos de su infancia, las fotografías que ahora seguramente serían retiradas, las risas que habían quedado atrapadas en los pasillos. Y sin embargo, ahora lo miraba todo desde afuera, como un extraño, como alguien que nunca perteneció.
Dio un último vistazo a la mansión. Desde esa distancia, seguía luciendo imponente, elegante, luminosa… pero ya no era un hogar. Ahora era solo una jaula dorada que lo había expulsado sin mirar atrás.
Se secó las lágrimas con torpeza, aunque brotaban sin cesar. Su respiración era entrecortada, y un nudo doloroso le oprimía la garganta.
Tal vez mañana... o en unos días, cuando el enojo de su padre bajara, podría volver. Tal vez, con la cabeza fría, él lo escucharía. Podrían hablar. Todo esto era un malentendido. Tenía que serlo. Pero… ¿cuál había sido su error?
¿Qué fue lo que hizo tan mal?
¿Amar?
¿Amar a quien no debía?
¿Esperar un bebé?
La pregunta lo desarmó. No encontraba sentido. Apretó los puños con fuerza, conteniendo un nuevo llanto, y comenzó a caminar, alejándose paso a paso de todo lo que había conocido.
—Mis pies... duelen —susurró en voz baja, sin rumbo, sin destino— He caminado tanto... ¿Cuánto tiempo ha pasado?
El cielo ya estaba cubierto por un azul profundo, apenas salpicado por las primeras estrellas de la noche. Las farolas encendidas lanzaban destellos anaranjados sobre el pavimento frío. El aire era cada vez más cortante, y Jimin sentía cómo el frío comenzaba a colarse por su ropa ligera. Tiritaba, pero siguió caminando.
ESTÁS LEYENDO
Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
