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Jimin estaba frente al espejo, con las manos temblorosas sobre el vientre abultado.
Lo observaba en silencio, con los labios apretados.
Había crecido mucho. Sus muslos también, sus brazos… y las estrías comenzaban a dibujarse en su piel, finas pero imposibles de ignorar.
Ese cuerpo, que antes le parecía delicado, casi frágil, ahora era otro.
Su reflejo se sentía extraño. Ajeno.
Y dolía.

“He perdido lo único que me hacía bonito”, pensó con amargura, tragando el nudo en su garganta.
Nunca recuperaré mi cuerpo.
Nunca volveré a gustarle a nadie.

—¿Jimin? ¿Puedo pasar? —la voz de Yoongi sonó suave, del otro lado de la puerta.

—Sí… claro, adelante —respondió, intentando sonar tranquilo, aunque su estómago estuviera revuelto.

Yoongi entró con una sonrisa cálida. Su mirada se detuvo en él con ternura inmediata.

—¿Listo? Se nos hace tarde para la cena con Jungkook —comentó, relajado.

—Todavía no… —murmuró Jimin, ajustándose un suéter color arena sobre el vientre— No encuentro nada que me haga ver bien.

Yoongi lo miró con atención. El suéter, junto con los pantalones negros, le daba un aire acogedor. A sus ojos, seguía siendo hermoso, pero entendía que Jimin no podía verlo así todavía.

—Te ves precioso —dijo, con sinceridad absoluta— De verdad.

—Creo que se nota demasiado mi estómago… me hace ver… raro.

Yoongi se acercó, frunciendo ligeramente el ceño, pero con cuidado de no parecer brusco.

—No hay nada de raro en ti —afirmó— Estás embarazado, Jimin. Tu cuerpo está haciendo algo increíble. Y sigues siendo igual de lindo.

Jimin bajó la mirada. Jugaba con sus dedos, nervioso, vulnerable.

—¿En serio lo crees?

—Lo creo completamente —respondió Yoongi, convencido— Te vas a robar todas las miradas esta noche, créeme.

Jimin alzó la vista y notó la camisa lila que Yoongi llevaba puesta. Era la misma que le había regalado en su cumpleaños.

—Tú también te ves guapo —dijo, con una sonrisa tímida— Me gusta cómo te queda.

—Me la dio alguien con muy buen gusto —bromeó Yoongi, guiñándole un ojo— ¿Cómo no me iba a quedar bien?

Jimin respiró hondo. Aún sentía inseguridad, pero no iba a dejar que eso lo detuviera. Al menos no esta noche.

—Estoy listo —dijo al fin, dándose un último vistazo— Vamos.

El restaurante era un lugar elegante frente al mar, bañado por los reflejos anaranjados del atardecer.
Los grandes ventanales dejaban ver las olas rompiendo en la orilla, y una música suave llenaba el ambiente sin imponerse.
Todo parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.

Pero Jimin no podía relajarse.

Ese tipo de lugares siempre le provocaban incomodidad. Le recordaban escenas que prefería no revivir.
Había algo en el lujo controlado, en la perfección fría, en los detalles impecables… que le revolvía el estómago.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora