El funeral fue un murmullo apagado bajo el cielo encapotado de Busan. Un viento helado arrastraba consigo el olor húmedo de la tierra recién removida, mientras un puñado de asistentes, en su mayoría trabajadores del hospital, se mantenían reunidos en un silencio respetuoso. Enfermeras con los ojos enrojecidos secaban discretas lágrimas con pañuelos arrugados, mientras algunos médicos murmuraban recuerdos en voz baja, apenas audibles entre el crujido de las hojas secas y el vaivén de las ramas desnudas. La señora Choi había sido mucho más que una paciente para muchos de ellos, era una presencia constante, una figura cálida que humanizaba los fríos pasillos del hospital. Su partida dejaba un vacío imposible de ignorar, un hueco que el clima de febrero parecía acentuar con cruel insistencia.
El aroma penetrante de los crisantemos flotaba denso en el aire, envolviendo a los presentes en una tristeza silenciosa y compartida. Cada flor era una despedida sin palabras.
Jimin permanecía inmóvil junto a la urna, con los labios sellados por la pena. El corazón le latía apretado, como si algo invisible lo estuviera oprimiendo desde dentro. Llevaba puesto un traje oscuro que Yoongi le había prestado, el pantalón le quedaba largo, la camisa le colgaba de los hombros, y el abrigo, demasiado grande, caía como una manta sobre su cuerpo delgado. La ropa escondía el vientre, haciéndolo parecer simplemente un joven frágil atrapado en medio del duelo.
Quería derrumbarse, dejarse caer y llorar hasta vaciarse, pero se mantuvo de pie, con las manos apretadas frente a él, resistiendo. A su lado, Yoongi no se apartaba ni un instante, convertido en una sombra silenciosa que compartía su dolor sin emitir palabra. A pesar de la distancia emocional que aún existía entre ellos, Jimin sentía la pena del doctor como un eco de la suya. En el fondo, deseaba poder consolarlo también, tal vez con un abrazo... pero no lo hizo. No se atrevió. Seguían siendo casi desconocidos, unidos por una promesa rota y por la ausencia de una mujer que había significado demasiado para ambos.
—Yoongi, ¿puedes venir un segundo? —La voz de Jungkook rompió el silencio como una ráfaga suave, aunque su tono tenía una urgencia que hizo que Jimin levantara la cabeza apenas— Necesito hablar contigo antes de que regreses a casa.
—Dame un momento —respondió Yoongi con calma, posando una mano ligera sobre el hombro de Jimin, en un gesto breve, pero significativo. Luego se alejó con Jungkook, caminando hacia un pasillo del crematorio.
Jimin los observó perderse entre las sombras, sintiendo cómo el frío volvía a colarse por las mangas del abrigo ajeno, como si le atravesara la piel. Estaba solo, de nuevo. El murmullo de las condolencias comenzaba a desvanecerse en sus oídos, volviéndose un zumbido lejano e irrelevante. La señora Choi se había ido... y con ella, se había apagado la única chispa de hogar que había conocido en meses. Sin ella, el mundo volvía a sentirse hostil, inmenso, inabarcable.
Mientras tanto, en un rincón apartado del lugar, Yoongi caminaba con pasos pesados tras Jungkook.
—¿A dónde vamos, Jeon? —preguntó, con una exhalación que arrastraba todo su cansancio.
Jungkook se detuvo de golpe y se giró para enfrentarlo. Había una mezcla de incredulidad y rabia en su mirada.
—¿Te volviste loco? —espetó en voz baja, casi con un susurro furioso— ¿Cómo se te ocurre meter a un extraño en tu casa?
—¿Qué? Oye, ten respeto. Soy tu—
—No puedo creer lo que estás haciendo —interrumpió Jungkook, alzando una mano para detenerlo— Ayudamos al chico, cumplimos con lo que pidió la señora Choi. Pero esto termina aquí, Yoongi. No puedes llevarlo contigo como si fuera un proyecto de caridad.
Yoongi desvió la mirada por un instante y se frotó la nuca con resignación.
—No lo conozco, lo sé. Pero está solo. Y sé lo que es sentirse así, abandonado... roto. No puedo ignorarlo, Jungkook. Simplemente no puedo.
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Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
