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—Es irónico —dijo Jungkook, llevándose una uva a la boca y masticando con lentitud.

—¿Qué cosa? —preguntó Taehyung sin despegar la mirada de la pantalla, los dedos bailando sobre el teclado con rapidez. Tenía la boca medio llena de uvas.

Estaban en la imponente y sofocante oficina de Taehyung, rodeados por muebles oscuros de caoba y una atmósfera silenciosa, rota solo por el sonido constante del teclado y el leve tintinear del hielo en las copas. Jungkook estaba sentado en un sillón cercano, reacio a pasar su día libre en soledad. Aunque Taehyung había intentado echarlo sin rodeos, el castaño se había negado a irse. Después de una pequeña discusión, terminó quedándose, como casi siempre.

—Cuando te conocí, quería enseñarte a ser humilde. Odiaba que restregaras tu dinero y tu poder. Pensé que podría cambiarte… pero al final parece que el que terminó acostumbrándose fui yo —comentó Jungkook con una sonrisa nostálgica, tomando un sorbo de champán antes de comer otra uva.

—El dinero mueve el mundo, bonito. Ya deberías haberlo aprendido —replicó Taehyung con tono arrogante, sin mirarlo.

—Aún quiero enseñarte a tomar el autobús algún día. Créeme, podría salvarte la vida —respondió Jungkook con un tono entre juguetón y desafiante.

—Ni en sueños. Ya jugué a ser pobre contigo en ese puesto de comida ambulante. Casi muero. Aquello parecía comida para perros —espetó Taehyung con una mueca de asco.

Jungkook iba a defender con fervor su amado puesto de empanadas, pero la puerta del despacho se abrió de golpe, interrumpiendo la conversación.

—¡Hasta que te encuentro! —tronó una voz firme y autoritaria. Un hombre de traje negro entró sin pedir permiso, con el rostro endurecido y el ceño fruncido— ¿Quién demonios te permitió faltar al trabajo? Llevo días buscándote.

—Padre —dijo Taehyung con desgano, cruzando los brazos— Es nefasto verte. Y no, no voy a fingir que tu visita me alegra.

—¿Vacaciones? ¿En serio? Toda tu vida te entrené para que hicieras bien tu trabajo, y aún así no sabes hacer nada bien, perro estúpido —escupió Kim Young Hoon, sin molestarse en disimular su desprecio. Luego dirigió la mirada a Jungkook, que observaba en silencio, incómodo— ¿Y este quién es?

—Un amigo —respondió Taehyung, apretando la mandíbula con tensión— Jungkook, vete.

—Pero, Tae… —murmuró Jungkook, confundido por el cambio de tono.

—Dije que te vayas. ¿Qué mierda no entiendes? ¿Te lo explico? —explotó Taehyung, su voz dura como una bofetada.

Jungkook se quedó paralizado unos segundos, pero la mirada de Taehyung era impenetrable. Sin decir nada más, se levantó con el corazón encogido y salió del despacho, tragándose el nudo en la garganta mientras caminaba hacia el ascensor. No miró atrás.

—¿Es sordo ese niño? —preguntó Young Hoon con desprecio, como si no hubiera sido su presencia lo que encendió la mecha.

—¡MALDITO INÚTIL, VETE DE AQUÍ! —gritó Taehyung, aunque Jungkook ya se había ido.

El silencio se instaló por unos segundos. Taehyung respiraba con dificultad, mientras su padre lo observaba con una expresión desdeñosa.

—¿Te enredaste con él? Siempre eliges a las peores zorras. Ese en particular parece difícil de domar, pero debe tener algo que te mantiene interesado —comentó Young Hoon, con voz sarcástica, como si hablara de un objeto y no de una persona.

—No te daré detalles de mi vida personal. Nunca te importó, así que no empieces ahora —espetó Taehyung, recuperando el control de su voz— Ve al punto, no tengo todo el día.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora